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La venganza de “la Charitrini”

Por MJLetrada 2 meses hace

Me despertaron los gritos ahogados de los médicos de la uci, o quizás aquellos sobresaltos que estaba dando a cuenta del desfibrilador.

Era una sensación muy desagradable, como cuando me quedé pegada a aquella clavija mal enchufada de mi habitación y noté una corriente continua y caliente en mi cuerpo. Pero esta vez era a alternancias… 1, 2, 3 yaaaaaa!

Un bip continuo sonaba en la estancia. Alguien gritó: -“La estamos perdiendo, la perdemos. Migueeeeeeeel, ¿donde cojones está Diazolam (@MDiazFuentes) !!!?

Una voz que no identifiqué, con evidente mala leche, contestó q poniendo un tuit.

Para qué querrían a Miguel? No creo que fuese para dormirme, era evidente que según esta gente ya lo estaba.

De repente sentí un pinchazo agudo, supongo que sería adrenalina.  Inferí tal extremo por la serie urgencias, a todo el que venía a caballo entre dos dimensiones le metían en vena adrenalina, así que aquello no podía ser otra cosa.

El bip sonaba esta vez a intervalos, y quien parecía sostener la aguja volvió a chillar, esta vez con entusiasmo, “Vaaaaaamos”…

De modo inesperado y abrupto entró en la sala una mujer oronda vestida de un níveo impecable que dañaba mis pupilas. El grosor de sus labios, pintados de rojo “vibrator” destacaban sobremanera, parecían dos chorizos cantimpalo. Se acercó a mi y me arreó una sonora bofetada que me descolocó. Me levantó de la camilla a empujones y me condujo al pasillo. Nadie en la sala parecía inmutarse.

Dejé allí el sonido del bip intermitente y mi cuerpo inerme e inerte, sin entender un pimiento.

La cara de aquella desabrida mujer me sonaba, guardaba cierto parecido con la camarera que nos había servido la cena. Me volví para verla…

⁃Coño!! (Exclamé en voz alta), tú eres la Charitrini., la del revuelto de setas!!!

La tipa me volvió a abofetear, a la par que soltó una risa sardónica que me heló la sangre. Parecía disfrutar con aquello.

Maldije la manía que tengo de pensar en voz alta; Gallego Rey (@mareaxenaterra) me decía que eso era de personas inteligentes. En ese preciso instante se equivocaba, fue de imprudente y necia.

Tras la puerta de la uci se agolpaban, @ladycrocs, @kinotofukusaka y @M_Isabel2018. Pensé que con una que levantara mi cadáver bastaba. Quise avisar a @M_Isabel2018 de que la bruja vestida de blanco, mezcla de Carmen de Mairena y Lola, la de las velas negras, era Charitrini, pero no me veía, ni ella ni las demás… No podían, yo era un espectro.

Agradecí que Charitrini no se percatara de la presencia de Mª Isabel, ya que ella y yo acostumbrábamos a hacer chanzas sobre aquella mujer con tan poco sentido del humor, como deduje.

Cruzamos el pasillo que abarcaba la uci hasta la sala de espera donde se encontraban Manu (@Maqnuelperezpi,  Carmen (@_CCarbonell) y Patri (@pdediost).

Manu les decía que los médicos eran unos inútiles, que solo había que ponerme un par de morcillas y verían como volvía como el señor don gato, al olor de los ozelitos. Patricia y Carmen reprimieron entre lágrimas las risas, arguyendo al unísono que no era momento de chanzas. A Manu se le escaparon las lagrimas a borbotones. Comprendieron entonces que eran sus infinitas ganas de hacerme volver lo que hizo que soltara aquello que a mi me pareció muy tierno.

“Ojalá hubiese pedido el revuelto de morcilla”, pensé, para mi.

En ese momento, Carmen lo dijo en voz alta.

Ni muerta iba a dejar de estar en mi mente…

Charitrini, con evidente inquina me hizo saber que no me podían ver, pero no se percató de que Carmen había expresado en voz alta lo que yo previamente había pensado…

Justo al lado de la sala de espera había una especie de antesala, parecía una pequeña capilla. La puerta estaba abierta y se podía apreciar a simple vista aquel crucifijo que ocupaba toda la parte frontal, situado en el altar. Sentado en uno de los bancos pude distinguir a Pedro Tejeda (@tejeda_pedro). ¿Pedro!!!?

De repente, puse toda mi energía en aquel grito gutural, ni Penélope en los Óscar.

-PEEEEEEEEEEEEEEEDRO!!!!!!!!

Fue inútil, no se volvió, no solo nadie podía verme, tampoco oírme.

Pensé, que triste ironía, si Pedro es ateo, ¡¡gracias a Dios!!  Y ahí está el tío, hablando con él.

Charitrini me soltó un puntapié en el culo, a la par que me exhortaba:

-Te he dicho que camines, no me líes jaleos que te ahostio hasta que sientas dolor.

-Si no es molestia, tendría usted la amabilidad de explicarme que está pasando. Me siento como el protagonista de una novela de kafka, entre el proceso y metamorfosis, señora-, la increpé yo, envalentonándome.

-Estás muerta, abogá, muerta. De tu habilidad y lo que decida el tribunal popular de twitter, dependerá tu existencia. Si por mi fuera, te quedabas en el limbo por graciosilla, so ialagranputa. Estás en una dimensión virtual.

-Oiga, oiga, sin ofender. Que si esto va para rato, vamos a llevarnos bien-. Esta vez, mi voz no sonaba con dureza, sino temerosamente.

Soltó una mueca grotesca, acompañada de un “quia”.

Mientras aquella basta mujer me arrastraba por el hospital yo iba barruntando que tendría que ver el revuelto de setas con mi muerte clínica, con esa especie de viaje astral, con el desdoblamiento de mi cuerpo y con ese peculiar juicio al que me tenía que someter en twitter. Todo era muy tipo “fringe”.

Nos adentramos en el ascensor, que estaba situado justo al final de aquel pasillo, pasada la sala de espera, capilla y el control de enfermeras y auxiliares clínicos, no sin antes percatarme de la presentecia de Jorge G. Herrero (@jgarciaherrero) y de Borja Adsuara (@adsuara), discutían con quien parecía ser la auxiliar de guardia, argumentando tener interés legítimo en conocer el lugar donde me encontraba. Era en vano, por mucho que insistían en su condición de familia, en su cuarta acepción, aquella les soltó toda una perorata acerca de la intimidad y la protección de datos de carácter personal.

Jorge tomó la voz cantante e hizo un guiño de complicidad a Borja que le entendió a la perfección:

-Srta… mariahezú, (así rezaba en su placa, estratégicamente colocada en el lado izquierdo de su batín, azul celeste que logró ver finalmente Jorge) ¿sabe usted lo que es una brecha de seguridad? Las córneas de aquella mujer reflejaban en ese preciso instante el azul de la pantalla.

Borja, recogiendo el estoque, incidió aún más. -¿Sabe usted las sanciones a las que se enfrenta? Porque aquí mi compañero ha tomado nota de al menos siete, siete brechas tan grandes como las maravillas del mundo…

La auxiliar entendió a la perfección y cantó, con más miedo que yo ante una actualización de Java, hasta el gordo de la lotería del año 1992.

Les dejé allí, obteniendo todos los datos acerca de mi maltrecha situación y el box de uci donde mi cuerpo se encontraba. No me molesté en llamar la atención, estaba claro que pasaba inadvertida.

Bajamos una planta y las puertas del ascensor se abrieron, adentrando en el mismo Luquitas (@Lucas_DSE), Hidalgo (@mjhidalgoconde), Manuel Zamora (@Publidiex) y Josán (@lokopeda). Discutían sobre setas. Hidalgo y Josán sobre sus efectos alucinógenos y Lucas en que era mejor ir a por rólex. Publidiex, que en su librería tenía puesta a la venta ciertos ejemplares sobre las setas y sobre lo peligroso que era ingerirlas sin conocer sus efectos secundarios. Lucas volvió a insistir en que lo mejor era ir a por rólex. Hidalgo le echó una mirada de reprobación, no era momento de hacer guasa entre setas y rólex.

Al llegar al S-1, Charitrini me espetó: “sircula”. Mientras ella atravesaba el cuerpo de Josán, yo evité a los demás, sin querer ser consciente aún de que era un simple espectro.

Al salir del ascensor, a mano izquierda había una oficina de registro administrativa, donde quedaban inscritos pacientes ingresados en planta, uci y consultas clínicas. En una de las mesas, pude apreciar a Osti (@ostinus77), su cara era un poema, uno de esos de Bukowski, mezcla de dolor y desolación, supuse que mi nombre había sido registrado por él.

Seguimos hacia la derecha, donde caminamos por otro pasillo, está vez angosto y más largo que el primero, parecía interminable. Ahora era yo quien iba a la zaga de Charitrini que me llevaba al retortero.

A pesar de la lobreguez del pasillo, la luz que desprendía aquélla, iluminaba todo el recorrido.

Nos topamos al final del mismo con una puerta blindada metálica que impedía el paso a personal no autorizado. Estaba conectada a un interruptor electromagnético, con una célula fotoeléctrica. Se encendía al apreciar una presencia física, pero eso no sucedió.

Claro, éramos seres etéreos, deduje yo para mis adentros, evitando volver a hablar en voz alta.

Para continuar el recorrido, tras la misma, era preciso disponer de una tarjeta criptográfica. Bastaba con introducirla en la ranura y activar el código pin tres veces seguidas. Como negar a Dios.

Seguro que esa idea había partido de algún iluminado como Catalá, con lo sencillo y práctico que habría resultado asegurar una puerta con cadena y candado, pensé yo.

Como seres vaporosos y sutiles que éramos, atravesamos aquélla sin problemas.

Se oyeron voces tras la puerta. No me volví por instinto sino más bien por curiosidad; asomé la cabeza para percatarme de quiénes eran. Allí estaban, Trevijano (@MGTrevijano) y Carmen Rodríguez (@grarmen), discutían sobre la desconfiguración de sus tarjetas. No podían acceder.

Charitrini me pilló in fraganti y su censura la materializó en un tirón de orejas.

-Camina, coño, que llegamos tarde-, me gritó de forma desabrida y abiertamente hostil mientras no me soltaba la oreja.

Balbuceé un “pero a donde me lleva?” que no obtuvo más respuesta que un gfgdgdgdgrgrgr.

Aquel pasillo parecía no acabarse..

De modo inopinado sentí otra leve descarga en mi cuerpo, supuse que algo no iba bien en la uci, que definitivamente me perdían.

Lloré como cuando pierde una final mi Atleti, con auténtica desolación y desasosiego, ya no por mi muerte en sí, sino por los amigos que dejaba atrás. El sonido de los primeros acordes del canon de Pachelbel me hacían presagiar lo peor: por su delicadeza y dulzura siempre lo asocié a una misa de difuntos, lenta, apacible, como el salmo 23.

Charitrini me sacó de mis tribulaciones.

-Ea, abogá, ya hemos llegao. A ver si se te quitan las ganas de guasa y cachondeo. Estate a liquindoi, porque un pazo en farzo y serás historia.

Mi congoja y angustia desviaron durante parte del trayecto mi atención y no me percaté que, tras aquel prolongado pasillo había dado a una sala de vistas.

Presidiendo la sala, en estrados, estaba Angryjuez (@AngryJuez). Nadie podía recusarle, pues aun habiendo interactuado con él, nunca mostró hacia mi ni una pizca de amistad o enemistad manifiesta. Siempre fue correcto, educado y distante en cuanto filias y fobias. Imparcial, en una palabra.

Eso lejos de angustiarme, me tranquilizó. De haber sido @ladycrocs, @kinotofukusaka, Randy (@EstadoCharnego), Oliver Holmes (@OliverHolmes_jr) o más aún, Mª Isabel, el fallo,  cualquiera que hubiese sido podrían anularlo. No por su falta de objetividad, sino por el estigma de su más que evidente cariño hacia mi perfil.

Al lado izquierdo de Angry se encontraba Ana (@anvaltej) , para dar fe y testimonio de cuanto allí ocurriera. Quise apreciar en ella un gesto de complicidad, pero me abstuve de corresponderle, no fuera a perjudicarla. Sí me fijé en sus gafas, que aumentaban, si aún cabía,  ese aire de intelectualidad.

Al otro lado de la mesa, más a la izquierda, otra estaba ocupada por quien parecía ser el fiscal y acusaciones.

Tampoco me pareció extraña la ausencia de Nando (@nandogerman) en el lugar del Fiscal. No se habría prestado a ello, pensé.

Frente por frente al Fiscal y acusaciones, ejercían mi defensa, Guillermo Jiménez (@GullerJimenez), Cubillas (@JManuelCubillas), Ángel Méndez (@AMendezBer), Matimari y Antonio Navarro (@ANavarroSelfa). Mati parecía orquestar la defensa, haciendo un esfuerzo denodado por no dejarse vencer por la situación de verme en aquella delicada circunstancia.

Fuera de estrados, pero cerca del mismo, en primera fila y como apuntadores, pude apreciar a Ana Ponce (@anaponcedelatorre), Mª Ángeles Jiménez (@MAJ2320) y a Ilde (@IldefonsoSeller). Pensé, “el batallón extremeño”.

Una voz estentórea salió de la boca de Angryjuez.

-“Procedimiento Abreviado, Juicio Oral número 140, barra 2018. Se declara abierta la sesión. Por  la Letrada de la Administración de Justicia se va a dar lectura a los escritos de acusación y defensa…”.

Ana tomó la palabra con solemnidad…

El día 8 de febrero de 2018 fue publicado por la acusada en su cuenta de twitter una chanza relativa a Charitrini. En ella se afirmaba que ésta, tras la confesión de su marido in artículo mortis sobre sus devaneos amorosos con tres vecinas del inmueble, había mantenido relaciones de índole sexual con todo el cuerpo de bomberos, policía y guardia civil, dando a entender que la información recibida la había obtenido de propia mano, con visos de validez y credibilidad, siendo, en cambio absolutamente falsas y, por tanto, calumniosas y gravemente lesivas al honor de la querellante.

La revelación de esos hechos en una red social de difusión tan extensa como twitter llegó a conocimiento del marido de Charitrini, lo que acrecentó un dolor innecesario a consecuencia del cual entró en parada cardiorrespiratoria, con convulsiones epilépticas prolongadas, parada súbita de presión arterial, que le llevaron a una muerte agónica…

Meses después, en julio de 2018, la querellada volvió a difundir en esa misma red social con evidente chanza, que Charitrini  había comentado con una vecina que su marido había fallecido tras ser atropellado por un camión mientras iba al supermercado a por patatas. Ante la sorpresa y lo inesperado de la noticia y cómo quiera que la vecina se preocupó por su futuro inmediato, la querellada manifestó en dicha red que la querellante argumentó, ante tal imprevisto suceso, que cambiaría el menú por unos macarrones, dando así a entender de manera falsaria que a Charitrini le importaba muy poco el fallecimiento de su marido, hechos todos ellos carentes de verdad alguna y, por tanto, calumniosos y gravemente lesivos al honor de la querellante.

Los hechos han sido calificados por el Mº Fiscal tal y como consta en su escrito de acusación, negando la defensa los mismos…

Angryjuez volvió a tomar la palabra.

-¡Póngase en pie la acusada!. Se le informa de su derecho a no declarar contra sí misma, a no confesarse culpable…

Si va usted a declarar, responda a las preguntas del Ministerio Fiscal.

No daba crédito, después de la vida de Bryan, esto era lo más surrealista que había vivido, en sentido figurado, claro, porque estaba claro que yo era un fantasma y aquella realidad no era más que una simple visión quimérica.

Por aquella Sala pasaron testigos de cargo. La estelar, Charitrini, que adoptó una pose histriónica y plañidera, victimista en una palabra. Su imagen, según refirió a todos, había sido vilipendiada a niveles exponenciales difícil de calibrar, causando además un daño innecesario a su difunto esposo.

Por eso solicitaba, entre otras medidas, no solo la prohibición de acercamiento y comunicación, sino el destierro de twitter.

Los testigos de cargo siguieron desfilando bajo la categoría de protegidos, simples trolls con perfiles ocultos que no pude identificar. La mayoría coincidía en que mi número de seguidores me hacía ser una persona peligrosa con facilidad para la transmisión de cualquier mensaje, por falaz que fuese. Añadiendo con evidente saña que nunca aportaba nada, tan sólo majaderías. Estaba claro que el número de seguidores en mi caso no guardaba relación alguna con mi perfil.

Los de la defensa se afanaron en hacer ver a Angryjuez que era persona afable y que no se cumplían los elementos subjetivos de lo injusto, pues nunca hacía chanza de nadie con intención de vituperar o causar molestia o aflicción alguna. Que era una malabarista del sobrevivir a la par que disfrutona, que siempre veía la belleza en lo simple y me reía de mí misma. Y que si bien era cierto lo de los chistes de Charitrini, aquellos no eran más que el resultado de una información veraz y contrastada, con ausencia de maldad alguna, como tantos otros tuits que lanzaba.

De manera inesperada, sorpresiva y disruptiva, se introdujo en la Sala la ujier, interrumpiendo de forma brusca la declaración de uno de los testigos, manifestándole a S.Sª que un grupo de personas que no habían sido citadas estaban montando gresca porque querían declarar, pese a que no habían sido propuestos ni por defensa ni por acusación.

Se trataba de Paco Rosales (@rosalesnotario), @justitonotario y Carmelo Llopis (@josecarmelollb). Querían dar fe y testimonio de la poca repercusión que habían tenido los tuits sobre Charitrini, aportando al unísono el Acta notarial que habían levantado cada uno de ellos.

Argumentaron (y en eso coincidían como una trinidad) que tanto la impresión total de los mismos (personas q lo vieron), así como su interacción, había sido muy baja, hasta el punto de que pasaron desapercibidos.

Angryjuez miró a fiscal y defensa con reprobación mientras se dispuso a hojear las tres Actas notariales.

El silencio en la sala de podía cortar…

Un dolor agudo me sacudió, esta vez si cabía con más fuerza. De repente, me convertí en aire, me empezaba a desinflar como un globo de feria, saliendo a toda pastilla de aquel desagradable lugar.

Charitrini demudó, quedándose clavada como un estafermo, lo que aproveché para hacerle cortes de manga mientras me hacía vapor.

Recorrí el camino en sentido inverso como en un review de un vídeo, viéndome de nuevo en esa cama incómoda llena de cables y aparatos conectados. Oí que alguien comentaba mis constantes, tensión arterial, pulso, respiración, temperatura, previsión venosa central, saturación venosa, dextrostix…

Seguía retrocediendo sin parar, me vi salir de la uci, entrando, más bien, la ambulancia, el shock anafiláctico hasta justo el momento en que se acercó la camarera para tomar la comanda.

⁃Tengo un revuerrrrto de zetash que quitan el zentío…

Me acordé de Manu y su célebre ectp, en las acedías y en toda la corte celestial de aquella mujer, esbelta y morenaza, por cierto, nada que ver con la oronda y detestable Charitrini de mi experiencia virtual.

Tenía una segunda oportunidad y no la iba a desperdiciar así que en voz queda le dije;

-Pensándolo bien, Chari -se extrañó de que conociera su nombre- tráigame un Aquarius de limón de lata, que las setas no traen nada bueno…

Quiso replicarme pero zanjé la cuestión con un “bah, Chari, eso es otra historia”.

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