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	<title>derecho civil Archivos - MJLetrada</title>
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	<description>MJLetrada, abogada experta en Derecho Penal, Civil y Consumo con valores definidos.</description>
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	<title>derecho civil Archivos - MJLetrada</title>
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		<title>Un hombre gris</title>
		<link>https://mjletrada.es/2021/04/23/un-hombre-gris/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Apr 2021 13:03:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[]]></description>
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				<div class="et_pb_text_inner"><p style="text-align: justify">Él era un hombre gris, como la canción de Sabina. En los pocos meses que duró el proceso jamás le vi reír, ni siquiera un amago de sonrisa.</p>
<p style="text-align: justify">Su aspecto, su pose, su manera de hablar eran graves, incluso me atrevería a decir que aquel hombre carecía de gracia o donosura.</p>
<p style="text-align: justify">Era correcto, exacto, pero parco en demostrar afecto o agradecimiento.</p>
<p style="text-align: justify">Apareció en el despacho con una abultada carpeta azul que asía bajo la axila como si fuese un apéndice más de su cuerpo.</p>
<p style="text-align: justify">Le invité a tomar asiento y así lo hizo, no despojándose de la carpeta, hasta que se percató de que aún la llevaba bajo la axila en una postura ridícula.</p>
<p style="text-align: justify">Comenzó a hablar con una voz gutural, espectral incluso…</p>
<p style="text-align: justify">-Mi mujer me ha abandonado -dijo mientras posaba con delicadeza la carpeta en mi mesa, como si el contenido de la misma estuviese repleto de fragilidad-.</p>
<p style="text-align: justify">-¿Qué quiere usted decir concretamente? ¿Ha dejado la vivienda sin conocer su domicilio actual?</p>
<p style="text-align: justify">-No, no -creo que se sintió ridículo y el uso de aquel término no era más que la proyección de lo que él sentía, abandono-. Quiero decir que mi mujer me pide el divorcio; según lo que he leído, quiere quedarse en mi vivienda y con nuestros hijos. También una pensión de alimentos para éstos. Aquí tengo la documentación -dijo dirigiendo su mirada y su dedo índice de la mano derecha a la carpeta-.</p>
<p style="text-align: justify">La demanda no tenía desperdicio alguno por los epítetos encadenados acerca de las cualidades de mi cliente. Parecía que los veinte años de matrimonio habían sido una acumulación de ausencias, hasta que leí “mancillar”. Desde luego no se me antojaba que aquel hombre pudiera, con su conducta, deslucir, afear o ajar a nadie, pues francamente pasaba desapercibido. A lo más, sí que daba credibilidad a que era un mueble más de aquella vivienda que había adquirido mucho antes de contraer matrimonio y que había pagado íntegramente merced a la herencia de sus padres.</p>
<p style="text-align: justify">Creí innecesario entrar en el fondo de la ruptura, como se había hecho de contrario, pues a raíz de la reforma del código civil, en el que desparecieron las causas para disolver el vínculo, bastaba como requisito que hubieran transcurrido tres meses desde el momento del matrimonio, salvo, claro que hubiesen existido malos tratos. A eso muchos rábulas, para dar una publicidad tan mezquina como falaz, la llamaban “divorcio exprés”.</p>
<p style="text-align: justify">Ni yo tenía ganas de escuchar las razones de la ruptura ni pensé que él querría entrar al trapo para desmentirlas, pero pese a mis deseos y mi intuición, tuve que oírlas como un mantra del que quiere exorcizarse.</p>
<p style="text-align: justify">-Verá usted, yo entré a trabajar en un hotel de la costa, el Bali, allí trabajaba ella de “gobernanta”. Yo era el conserje. Nos conocimos, nos tratamos y decidimos formalizar nuestra relación. Yo tenía ya mi casa y ella vivía de alquiler. Ni era gran cosa yo entonces, ni tampoco lo soy ahora, pero me sentí feliz de que ella se fijase en mí y paliar mi soledad. Con los años vinieron mis hijos, ella dejó de trabajar y yo continué en el hotel, hasta prácticamente un año en el que hicieron una regulación de empleo y me jubilé anticipadamente.</p>
<p style="text-align: justify">Es cierto que nunca tuve un carácter alegre, pero hice todo lo posible para que ni a ella ni a mis hijos les faltase de nada. Lamentablemente, mi hijo sufrió una grave enfermedad, a resultas de la cual está imposibilitado para prácticamente las tareas más elementales de la vida.</p>
<p style="text-align: justify">Creo que todo ello ha influido de forma muy negativa en mi personalidad y, finalmente en mi matrimonio.</p>
<p style="text-align: justify">-Observo que sus hijos son adolescentes y que ella pide su custodia en exclusiva. ¿Cuál ha sido la relación de usted con ellos durante el matrimonio?</p>
<p style="text-align: justify">-Pues verá usted. Teníamos los roles muy definidos. Yo trabajaba y ella cuidaba de ellos. Se encargaba de las tareas escolares, de las extraordinarias, de los médicos, de las tutorías…, pero porque así lo decidimos los dos, no queríamos que se criaran con extraños. Ni ella ni yo tenemos a nuestros padres y nuestros hermanos pues… cada uno tiene su vida.</p>
<p style="text-align: justify">-Entiendo que usted está de acuerdo con que continúe así…</p>
<p style="text-align: justify">-Sí, sí. Yo estoy de acuerdo en todo, pero no entiendo por qué en lugar de hablarlo conmigo ha tenido que exponerme así ante un Juzgado y ante mis hijos. Yo no soy gran cosa, como usted puede ver, pero no he mancillado en mi vida a nadie, me he limitado a ir del trabajo a mi casa y de mi casa al trabajo… No me gusta salir, soy poco dado a relacionarme, tengo un carácter apocado, pero no soy la persona que ella ha descrito con tanta dureza.</p>
<p style="text-align: justify">Me sentí abrumada por el modo en el sin afección alguna relataba su vida, por cómo se veía ante sí mismo y ante los demás, la carencia de vitalidad alguna en su voz, en su mirada y en su manera de proceder. Qué forma de malgastar la vida, pensé.</p>
<p style="text-align: justify">Si hubiera que haber puesto banda sonora a su vida, sin duda alguna habría sido una marcha fúnebre. Ese pensamiento casi me arranca una carcajada, que contuve inmediatamente porque observé las pupilas marrones de ese hombre clavadas fijamente en mí, como adivinando mi discurrir.</p>
<p style="text-align: justify">Convine con él, a la vista de su conformidad con los términos de lo solicitado, alcanzar un acuerdo que, finalmente llevamos a término.</p>
<p style="text-align: justify">Firmó el convenio como quien firma su sentencia de muerte, que hizo solemne tras la ratificación del mismo.</p>
<p style="text-align: justify">Me dejó tal amargor de boca que, tras el acto y café de por medio le hablé de Küppers y también de Louis L. Hay, y de la manera en que podía cambiar la visión de las cosas. No se trataba de que un pensamiento mágico pendejo -como oí en cierto video de youtube- le quitara de un bofetón la tristeza o la apatía, pero sí de ver el vaso, de cuando en cuando, un poquito medio lleno.</p>
<p style="text-align: justify">No sé por qué, pero me dio la sensación de que me tomó por una chiflada o poco profesional, pese a las referencias de persona solvente que me dijo al principio tener de mí.</p>
<p style="text-align: justify">No supe nada más de aquel hombre gris, triste y solemne, hasta el punto de que llegué al convencimiento de que, tras terminar así el libro de su vida, se la quitaría.</p>
<p style="text-align: justify">Sin embargo, hace poco, desde Costa Rica, recibí un paquete de café con una nota que rezaba así:</p>
<p style="text-align: justify"><em>“Esta es mi manera de devolverle ese café, pues no hay mayor regalo que el de dar tiempo y energía para ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.</em></p>
<p style="text-align: justify"><em>He cambiado la banda sonora de mi vida y quiero vivir, quiero gritar, quiero sentir el universo sobre mí. Me quedaba, como dice esa canción, una vela encendida en medio de una tarta que se consumía. No es que me costara sonreír, es que no había aprendido a hacerlo.</em></p>
<p style="text-align: justify"><em>He dejado de ser ese hombre gris…”</em></p>
<p>La fotografía que ilustra la entrada es de Gabriel, vía unplash, a quien agradezco su trabajo.</div>
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		<title>Lolo que estás en los cielos</title>
		<link>https://mjletrada.es/2020/12/05/lolo-que-estas-en-los-cielos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Dec 2020 12:09:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
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					<description><![CDATA[Hace poco alguien preguntó acerca de la especialización en nuestro trabajo. Me acordé de un argumento, atribuido en mi subconsciente a una gran fenicia a la que admiro de manera superlativa (Carmen Carbonell): “hay que poner huevos en muchas cestas”, o algo parecido. También de aquello que nos decían nuestros maestros, “cuando terminéis la carrera [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Hace poco alguien preguntó acerca de la especialización en nuestro trabajo. Me acordé de un argumento, atribuido en mi subconsciente a una gran fenicia a la que admiro de manera superlativa (Carmen Carbonell): “hay que poner huevos en muchas cestas”, o algo parecido. También de aquello que nos decían nuestros maestros, “cuando terminéis la carrera no penséis que ahí acaba vuestro esfuerzo y estudio, pues nunca dejaréis de estudiar y, sobre todo, de aprender”.</p>
<p style="text-align: justify;">Estoy a favor de aprender, de seguir aprendiendo, porque como dijo Forrest “uno nunca sabe lo que puede pasar…”.</p>
<p style="text-align: justify;">Especializarse es bueno, pero todo depende de dónde estés y del mercado que tengas. Lo digo porque yo soy abogada de pueblo y mi clientela me exige saber casi de todo. A veces me siento el típico practicante de los 60.</p>
<p style="text-align: justify;">Por aquellas fechas yo ya llevaba unos cuantos años ejerciendo y había tocado todos los palos, bueno, todos excepto el derecho laboral y el administrativo que fue odio a primer renglón. Aún no sé cómo logré aprobar ambas asignaturas, supongo que porque Dios se apiada de los seres simples&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Recibí la llamada de un señor en apuros, con un acento andaluz muy pronunciado y un deje de desesperación que pude apreciar enseguida.</p>
<p style="text-align: justify;">-Es usté la abogá? Mire usté, yo tengo un poblema mu grande. A mi Lolo me lan matao… (sollozos entrecortados), me lan mataaaaaao. El mu sinvergüenza, lo ha sisinao.</p>
<p style="text-align: justify;">En ese instante demudé. No pude articular palabra. Habían asesinado a un tal Lolo y ese pobre hombre a quien llamaba era a mí!!!?</p>
<p style="text-align: justify;">-Cálmese, ¿señor…?</p>
<p style="text-align: justify;">-Evaristo, Evaristo Gómeh, pa servirle.</p>
<p style="text-align: justify;">-Evaristo, dice usted que han asesinado a Lolo. ¿Ha puesto usted denuncia por los hechos? ¿Qué relación tenía usted con Lolo? ¿Quién le ha asesinado? Todo en plan muy dramático, no sabéis lo que se ha perdido el teatro con una servidora.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Denunssia? No, no. Yo no he puesto denunsia. El Lolo es mi loro, que el de la tienda de aniamleh se lo ha cargao Y yo quiero sabé si puedo reclamarle por los daños y perjuisio. Que el mu sinvergüenza dice que el Lolo estaba retotollúo (excesivamente gordo) y que por eso se ha muerto.</p>
<p style="text-align: justify;">Me sentí aliviada, pero también con una inmensas ganas de soltar una carcajada que tuve que ahogar por temor a dañar los sentimientos de Evaristo, que seguía en la letanía maldiciendo los ascendientes y descendientes del de la tienda de animales, incluyendo los colaterales hasta el cuarto grado.</p>
<p style="text-align: justify;">-Evaristo, vamos a tranquilizarnos, le voy a dar cita esta tarde y ya me cuenta usted con tranquilidad y con datos qué ha pasado y yo le diré qué se puede hacer.</p>
<p style="text-align: justify;">Esa misma tarde, a la hora pactada se plantó en mi despacho Evaristo, pero no venía solo. (He decir en este punto del relato que el hombre, aparte de compungido vestía de un modo impecable, poco acorde a la imagen que me había hecho de él, con un traje de corte Hugo Boss y unos zapatos italianos cuya marca no pude apreciar porque tomó asiento de un modo inmediato, dejándose caer en el confidente y soltando con un lamento a Lolo encima de la mesa de mi despacho).</p>
<p style="text-align: justify;">No venía solo, ¡¡maldita sea mi estampa!! Al loro lo había colocado en una especie de caja-féretro y más que loro, parecía un jabalí con plumas de lo gordo e inmenso que estaba. Me llamaron la atención su plumaje, tonos azulado-verdoso, un rojo intenso y la curvatura de su pico. De manera extraña pensé en aquello de la muerte del loro con el pico en el abdomen y no, éste estaba tieso como el mástil de una bandera.</p>
<p style="text-align: justify;">Me dio un poco de grima acercarme al animal, pero Evaristo insistía, porque según me argumentó después, sólo así podría apreciar la causa de su muerte.</p>
<p style="text-align: justify;">Y yo, por más que miraba, sólo podía pensar que el culpable era él, que lo había engordado hasta matarlo, como a los patos a los que se les da comida y hacen paté. ¡Qué asco!, Dije para mí. Menos mal, que el tufillo de la muerte se solapaba con mi ambientador y la colonia de Evaristo.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Se da cuenta, usté de por qué se ha muerto? Inquirió Evaristo más que para hallar una respuesta, para confirmar su hipótesis.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Por el pienso? -dije en voz trémula.</p>
<p style="text-align: justify;">-Veo que usté no entiende de loros, dijo entre amoscado y apesadumbrado.</p>
<p style="text-align: justify;">-Usted perdone, Evaristo, yo no distingo realmente un pollo de una gallina, y de loros, entiendo menos que de física cuántica, pero dígame…</p>
<p style="text-align: justify;">No me dejó terminar.</p>
<p style="text-align: justify;">-Verá usté, yo compré a mi Lolo en la tienda de animales de Carrefú. Mi Lolo seguía una dieta estricta en semillas, frutas y verduras, es verdá que tenía tendencia a la obesidá, era mu sedentario. No se movía apenas, pero hablaba mejó que yo. Rezurta, que yo lo compré hace un par de años en la tienda de animaleh, como ya le he dicho, y de un tiempo a esta parte veía yo que el pobre tenía lah zuña demasiao largas. Así que se lo llevé al niño de la tienda, porque aparte de lah zemillah, ellos entienden mucho de loroh, bueno, eso penzaba yo, que entendían&#8230;&nbsp;Lo que paza, es que se le ha ío la mano y mire usté, mire usté…</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no quería acercarme ni por asomo, veía al loro tieso y entre el aspecto que tenía, el olor que ya me venía a las papilas olfativas y la cara de Evaristo empujando la caja hacia mí, terminé demudando ahogando como pude una arcada.</p>
<p style="text-align: justify;">Efectivamente, a alguien se le había ido la mano cortándole la uña al puñetero loro, que más que uña y pata, tenía un muñón, amoratado aún, como si un torrente de sangre cual géiser hubiese salido por ahí. Y ya, fijándome aún más en el animal, la cabeza la tenía necrosada.</p>
<p style="text-align: justify;">-No entiendo muy bien a dónde quiere ir usted a parar, Evaristo. Qué tiene que ver ese corte de uñas con su muerte.</p>
<p style="text-align: justify;">-Pueh, para eso estoy aquí. Me dice el de la tienda que no tiene ná que vé, que el loro se ha muerto de gordo y zambullo y que la hemorragia que ha sufrido en la uña y en su cuerpo no tiene ná que ver. Yo quiero que le hagan la utosia, la utosia, pa que determine el veterinario por qué mi Lolo que estaba sano como una pera, lustroso (yo ahí ahogué una carcajada, porque más que lustroso estaba gordo como un zollo, que decimos aquí), se ma muerto. Que lo han sisinao, sisinao.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Se refiere a una autopsia, Evaristo? ¿Una a-u-t-o-p-s-i-a al loro? Tuve que declamarlo así, porque en algún sitio había leído que parándote en cada letra de una palabra evitas soltar una sonora carcajada.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡¡¡EXACTO!!!! ¡¡¡EXACTO!!!!¡¡¡EXACTO!!!! Lo repitió como un mantra.</p>
<p style="text-align: justify;">-Vamos a hacer una cosa, Evaristo. Voy a llamar a mi amiga, que tiene una clínica veterinaria y vamos a ver qué se puede hacer. Si efectivamente, Lolo ha fallecido -quise darle un toque de dignidad a Lolo, que la había perdido totalmente metido en esa ridícula caja- por el corte de uñas, yo me comprometo a solicitar la pertinente indemnización de daños. Pero ha de entender que ha de quedar acreditado no sólo el daño, que es evidente porque está muerto, sino que ésta se produjo como consecuencia del corte de uñas y no por un atracón de comida.</p>
<p style="text-align: justify;">Llamé inmediatamente a la clínica y, al parecer, no era en absoluto extraño este tipo de autopsias a animales. Yo pensaba que sólo se hacían esos análisis cuando el animal estaba destinado al consumo humano, pero hete aquí que no, que también a animales domésticos. Lo hubiese pensado en el caso de un perro, para detectar la rabia, pero no hasta el punto de determinar la causa de la muerte de un ave.</p>
<p style="text-align: justify;">La veterinaria determinó que el animal falleció debido a una hemorragia aguda, motivada por el corte excesivo de las uñas, que las lesiones hepáticas eran típicas de los Amazonas obesos y que éstas habían contribuido a que existiera un desorden en los factores de coagulación y de ahí que apareciera la importante hemorragia que acabó con la vida del animal.</p>
<p style="text-align: justify;">El juzgado determinó que, efectivamente, de dicho informe se desprendía que la causa de la muerte fue el excesivo corte de uñas que provocó el sangrado del animal y con la hemorragia el fallecimiento, apareciendo en directa relación de causalidad el fallecimiento con la falta de pericia, diligencia y actitud para desempeñar el trabajo por parte de quien llevó a cabo el referido corte de uñas, quien, además, de haberlo efectuado correctamente, carecía de los conocimientos suficientes para saber, dado el tipo de animal frente al que se encontraba, que en ellos son frecuentes las patologías hepáticas, lo que le hubiese permitido actuar en consecuencia, debiendo haber rechazado el trabajo si no estaba capacitado para desempeñarlo, por lo que al margen de que el loro fuera obeso o que se presentara un desorden en los factores de coagulación, estaba claro que si no le hubiesen practicado un incorrecto corte de uñas, no se hubiera producido la hemorragia, frente a la que no adoptaron ninguna precaución, estando el loro vivo. Se descartó la responsabilidad de Evaristo en su cuidado, a quién se intentó culpar de no llevarlo al veterinario en lugar de llevarlo a la tienda de animales. Añadiendo en este extremo el juez que la responsabilidad más bien recaía en la tienda al aceptar un trabajo sin contar con la formación suficiente para desarrollarlos, apreciándose en ese modo de proceder tanto los elementos que configuran la culpa contractual como la extracontractual, siendo condenados al pago de una indemnización que no viene al caso ahora que la diga.</p>
<p style="text-align: justify;">Evaristo, con la indemnización, encargó una urna para Lolo que según he podido ver, tiene metida en la jaula. De vez en cuando me parece verlo hablar con él, pero eso es otra historia…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Las fotos que ilustran el blog pertenecen a Ralph Mayhew y Paolo Candelo, a quienes doy las gracias por tan bellas instantáneas.</p>
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		<title>El inconcluso divorcio de Paco y Charitrini</title>
		<link>https://mjletrada.es/2020/07/22/el-inconcluso-divorcio-de-paco-y-charitrini/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 22 Jul 2020 06:30:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[-Abogadaaaaaaaaaaaaaa&#8230; Abogadaaaaaaaaaaaa&#8230; La voz de aquella oronda y desagradable mujer me penetraba los oídos y me producía el mismo escalofrío que a mi colega de “El cabo del miedo”. -No tienes escapatoria, o me aceptas como cliente o caerá sobre la humanidad el peso de tu rechazo -dijo con una voz gutural que hizo retumbar [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">-Abogadaaaaaaaaaaaaaa&#8230; Abogadaaaaaaaaaaaa&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">La voz de aquella oronda y desagradable mujer me penetraba los oídos y me producía el mismo escalofrío que a mi colega de “El cabo del miedo”.</p>
<p style="text-align: justify;">-No tienes escapatoria, o me aceptas como cliente o caerá sobre la humanidad el peso de tu rechazo -dijo con una voz gutural que hizo retumbar el cuadro de los Pulp Fiction de mi pared.</p>
<p style="text-align: justify;">-A ver, Chari -comencé con voz queda pero simulando firmeza-, de qué clase de peso estamos hablando.</p>
<p style="text-align: justify;">-Me estás vacilando, abogadaaaaaaaaaaa.</p>
<p style="text-align: justify;">Se me heló la sangre. Aquella amenaza no parecía un órdago, un envite, un pulso ni una chulería. Esa desagradable mujer iba en serio.</p>
<p style="text-align: justify;">-Esto es muy sencillo -recondujo- o llevas mi divorcio con Paco, o propago un virus de una naturaleza tan letal que va a provocar consecuencias&nbsp; difíciles de calibrar y a todos los niveles.</p>
<p style="text-align: justify;">Casi se me escapa una carcajada, que contuve por miedo a la reacción de aquella previsible mujer. Y es que me recordó, no sé por qué razón, aquella viñeta de Ibáñez en la que el profesor Bacterio ha ideado una pócima nueva y Filemón y Mortadelo luchan por no tomársela. La mente es maravillosa, me dije. Ella, que era una mezcla de Max Cady, Hannibal Lecter y Bacterio; también Ofelia, por aquella permanente quemada y exceso de peso.</p>
<p style="text-align: justify;">-Chari, ¿no comprendes que en este caso carezco de imparcialidad? Les conozco tanto a ambos que por razones de naturaleza ético profesional no voy a poder asumir -dije con la misma contundencia que cuando defiendo a un cholo sorprendido en la escena del crimen.</p>
<p style="text-align: justify;">-¡¡¡Chorradas!!!, ¡¡¡excusas!! Me importa un soberano pito las cuestiones tuyas de moralidad. Aquí no hay ética profesional que valga. O asumes mi defensa y dejas al Paco en cueros, tieso y sin dónde caerse muerto o no dejo en este mundo de mierda de tuiter un ser humano con vida, al menos la que conocía, con sus fotos de terracitas, vermús a medio día, selfies y buenrrolismo cursi.</p>
<p style="text-align: justify;">Menudo órdago. Paco y Charitrini, divorcio. Yo, que había demostrado en redes mi afecto más a Paco que a Chari. Entre otras cosas porque Paco era tonto de manual, pero precisamente por eso se hacía querer. Ella, en cambio, era retorcida, suspicaz, virulenta y con mucha mala leche. Hasta en dos ocasiones había intentado hacerme desaparecer de tuiter y ahora lo que pretendía era destrozar la red entera tal y como la conocíamos.</p>
<p style="text-align: justify;">Estaba claro que no iba de farol.</p>
<p style="text-align: justify;">Pretendiendo indagar en aquella maquiavélica mente, intenté sonsacarle acerca de la existencia de ese virus, de sus posibilidades de crearlo y de su naturaleza, tan letal como para destruir el mundo virtual como hasta ahora lo conocíamos.</p>
<p style="text-align: justify;">-Chari, quid pro quo -solté el latinajo como un impulso irrefrenable, sin valorar que estaba ante una mujer que sabía latín, pero de otro modo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">-Cómo diceeeeeees, abogadaaaaa?</p>
<p style="text-align: justify;">-Que acepto el caso a cambio de que me pongas en antecedentes de ese virus, cómo ha llegado a tu poder, su propagación y sus efectos en la población de tuiter -Reconozco que lo dije con la convicción y entereza del que pide la última comida en el corredor de la muerte-.</p>
<p style="text-align: justify;">-Es justo -me contestó, como dando una prebenda-. He comprado en un laboratorio de Wuhan una pócima que contiene el orín de un murciélago y la sangre de un pangolín, este líquido se ha sometido a diversas reacciones químicas que producen en los tuiteros tristeza, melancolía, llanto incontrolado, desazón, desesperanza y un montón de “patías” difíciles de nombrar.</p>
<p style="text-align: justify;">-A ver, Chari -dije con cierta sorna. ¿Cómo vas a inocular ese virus en redes? Además, ten en cuenta que ya tenemos “odiadores profesionales”, “profesores amargados” y un sinfín de gente que no se medica.</p>
<p style="text-align: justify;">-JAJAJAJAJAJAJAJA! -aquella risa sardónica estalló de manera tan sañuda que por un momento me dejó inerme.</p>
<p style="text-align: justify;">A ver, pardilla, si esos perfiles son la sal y la pimienta. ¡Anda que no son motivo de hermandades y de lazos afectivos!. Cuando un odiador o un profesor con ínfulas lanza un tuit, es motivo de réplicas y contrarréplicas, hasta poner en evidencia o su mala baba o su incontinencia verborreica sin sentido.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo me refiero a hacer de tuiter un lugar de amargura, tristeza, desazón y desesperanza, donde no haya chispa, sólo aburrimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">-Pero, Chari, ¿no comprendes que divorciarte de Paco es como divorciar a Tip de Coll, a Mortadelo de Filemón, a Epi de Blas, a Zipi de Zape, a Miki de Duarte!!!???</p>
<p style="text-align: justify;">-Me importa un soberano carajo esa gente. Yo me quiero divorciar y esas son mis condiciones, o las tomas o te jodes tú y tuiter.</p>
<p style="text-align: justify;">-Visto así&#8230; -dije con poca seguridad y abulia-. Necesitaría que me aportaras toda la información patrimonial de la familia, certificado de matrimonio, si la vivienda que constituye el hogar familiar está gravada con hipoteca, últimas declaraciones de la renta&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">No me dejó terminar, pues sacó del bolso un montón de papeles metidos en sus correspondientes fundas transparentes y debidamente etiquetadas.</p>
<p style="text-align: justify;">-Quiero quedarme con la casa y con una pensión compensatoria, dejar a Paco en la calle y sin calzoncillos, pa que tú me entiendas, abogadaaaaaa -y en un alarde de psicomotricidad expresaba estas palabras guiñándome de manera torpe el ojo izquierdo a la par que hacía una especie de mueca torcida con la boca emitiendo un sonido parecido a un chasquido.</p>
<p style="text-align: justify;">Los soltó en la mesa y se largó por la puerta de la misma manera que vino, pero dejando tanta paz como la que me había quitado al entrar y permanecer en el despacho.</p>
<p style="text-align: justify;">No tenía la menor intención de asumir su defensa, esa desgraciada había errado en dos ocasiones, y según mi madre y todas las profecías de los Arcanos mayores y menores, no hay dos sin tres.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Cómo iba yo a hacerle semejante trastada a Paco que tanto juego me daba en redes! Era simplón, en ocasiones irritante, pero carente de maldad.</p>
<p style="text-align: justify;">Además, ¿cómo podía un brebaje de pangolín y murciélago afectar a la red, a todo el conjunto de tuiteros? Bah, pensé, en todo caso, habrá uno o dos casos, no más, a los que pueda afectar, los propensos a la mala leche harán visible aún más su verdadera personalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">De repente, me vino a la memoria algo que leí en cierta ocasión. Un estudio de 2017 de la Asociación para la ciencia psicológica, realizado por científicos de Missouri y Purdue, que investigaron el efecto del alcohol en un grupo de individuos, llegando a la conclusión de que éste en definitiva no te convierte en otro diferente, sólo exacerba tu verdadero yo.</p>
<p style="text-align: justify;">Consulté no obstante con mis amigos Borja Adsuara y Jorge García, que al oír mis explicaciones y mis dudas al respecto soltaron sonoras carcajadas.</p>
<p style="text-align: justify;">Definitivamente no estaba dispuesta y esas dos mentes preclaras me sacaron de cualquier resquicio de duda al respecto.</p>
<p style="text-align: justify;">Armándome de valor la llamé al día siguiente. Nadie contestó.</p>
<p style="text-align: justify;">Volví a intentarlo nuevamente. Esta vez daba una llamada y enseguida saltó un contestador.</p>
<p style="text-align: justify;">Apurada, fui a WhatsApp, pero me había bloqueado, porque no salía su imagen y mi mensaje “Chari, necesito hablar contigo” sólo tenía un click.</p>
<p style="text-align: justify;">Di varias vueltas en la cama y conseguí dormir a duras penas. No llegaba a entender por qué esa mujer que estaba tan dispuesta a que tomara las riendas de su divorcio, no atendía a mis llamadas y me había bloqueado. Tuve sueños intranquilos en los que un murciélago y un pangolín me hablaban desde el otro extremo de la cama, decían ser víctimas del despiadado carácter de Chari. El uno estaba cetrino y el otro níveo, producto todo ello, según decían, de la extracción de orín y sangre, respectivamente.</p>
<p style="text-align: justify;">Desperté de un sobresalto y me conecté a twitter. Una noticia me llamó la atención y me produjo una verdadera inquietud, era 11 de marzo. No, no me la produjo por ser el aniversario de los atentados de aquél nefasto día de 2004, sino porque la OMS mostraba una verdadera preocupación por los alarmantes niveles de propagación de una nueva enfermedad, nociva, letal, caracterizándola de pandemia.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que vino después de aquello lo conocemos todos, pero lo que no consiguió Charitrini, tampoco esta vez, es hacernos desaparecer de la manera que pretendía ¿o si? Bueno, en todo caso, eso siempre será otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Con ello cierro la trilogía de Charitrini que, aunque no haya dos sin tres, no es bueno tentar a la suerte.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi agradecimiento sincero a todos los que hacen de twitter un lugar de júbilo y cachondeo, donde compartir conocimientos y vivencias, porque la vida, aunque a veces nos ponga en duras diatribas, golpes bajos, nos trate a veces de usted y sea dura de pelar, merece la pena. No voy a nombrar a nadie, porque tengo muy mala memoria, pero dicen que un gran corazón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las imágenes que ilustran la entrada pertenecen a Kelly Sikkema y Jackson Simmer.</p>
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		<title>Un desahucio, unas cajas y un triunfo</title>
		<link>https://mjletrada.es/2019/06/07/un-desahucio-unas-cajas-y-un-triunfo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 Jun 2019 06:00:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[No suelo recordar con la intensidad que debiera todos los asuntos que he tramitado en el despacho, tampoco los de mi vida cotidiana, supongo que debe ser por un defecto en mi memoria ram. Padezco de lo que se denomina “memoria selectiva”, ésa en la que para que algo quede retenido en ella me impacte, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">No suelo recordar con la intensidad que debiera todos los asuntos que he tramitado en el despacho, tampoco los de mi vida cotidiana, supongo que debe ser por un defecto en mi memoria ram. Padezco de lo que se denomina “memoria selectiva”, ésa en la que para que algo quede retenido en ella me impacte, puede ser un olor, una comida o un gesto&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, ahondando en ello, he descubierto que no soy nada especial, porque ya Einstein habló del tema al manifestar que sólo lo que nos emociona, no importa si son alegrías o disgustos, no se olvida. Al parecer, el cerebro retiene esas situaciones porque la emoción que las acompaña activa las regiones implicadas en la formación de las memorias, como el hipocampo y la corteza cerebral. Además, la liberación de hormonas como la adrenalina contribuyen a reforzar la memoria de las situaciones emocionales.</p>
<p style="text-align: justify;">En septiembre de 2000 acudí por primera vez a un lanzamiento, la primera y la última, también he de decirlo. No resulta nada agradable encontrarte a bocajarro con el dolor, el desgarro, la desesperanza, la frustración, en suma, que era lo que yo imaginaba que me iba a encontrar.</p>
<p style="text-align: justify;">Se trataba de un pequeño apartamento situado en una segunda planta sin ascensor de un conjunto residencial construido en la época del boom inmobiliario, aproximadamente en el año 1975-79 en Benalmádena, a pocos metros de la playa. Es la época en la que abren hoteles como el Barracuda, Playa retiro, el Hotel Castillo Santa Clara&#8230; El conglomerado, en su origen un hotel turístico, sufrió la reconversión y devino en una suerte de apartamentos, tipo estudio.</p>
<p style="text-align: justify;">A las diez de la mañana nos presentamos la pequeña comitiva judicial formada por dos agentes, el Procurador y yo, auxiliados de dos policías locales y un cerrajero.</p>
<p style="text-align: justify;">Franqueando la puerta, nos estaba esperando una señora que rondaría los cuarenta y tantos años largos. Había recogido unos pocos enseres dejando en el recibidor varias cajas que contenían libros, fotografías y lo que supuse eran artículos de souvenir.</p>
<p style="text-align: justify;">El ambiente que se respiraba daba un poco de grima, supongo que por mi predisposición.</p>
<p style="text-align: justify;">Disponía de un pequeño salón con cocina americana, baño y una habitación. El salón como estancia principal estaba decorado con cartas astrales, imágenes de magos, druidas y velas. Las estanterías, las pocas de las que disponía la vivienda, se encontraban vacías de libros, pero con imágenes religiosas que daban a la estancia un ambiente tétrico, tenebroso.</p>
<p style="text-align: justify;">-Buenos días. Venimos del Juzgado. Como sabe, tenemos que levantar acta para verificar si existen daños en la vivienda, proceder al cambio de cerradura y entregar la posesión al arrendador, propietario de la vivienda&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">En éstas, el cerrajero ya había comenzado a quitar varios tornillos y estaba mano a mano con el bombín de la cerrdura.</p>
<p style="text-align: justify;">-Si, les estaba esperando&#8230; Es lo único que dijo Amelia a media voz.</p>
<p style="text-align: justify;">No era necesario cambiar la cerradura, tenía aquí el juego de llaves para entregarlo, dijo en un tono tranquilo y pausado.</p>
<p style="text-align: justify;">-Bueno, nosotros tenemos la obligación de levantar acta y es el propietario el que decide cambiar la cerradura -dijo con una voz gutural el agente, pretendiendo dar cierta solemnidad al acto-. De repente, se volvió al escuchar el sonido sibilante de una especie de destornillador mecánico.</p>
<p style="text-align: justify;">-Como ve, el cerrajero está ya en ello.</p>
<p style="text-align: justify;">Debe saber que respecto a los bienes que deje en la vivienda, es este el momento de llevárselos, de lo contrario se entenderá bienes abandonados y el propietario&#8230; (miró en rededor a las velas, las vírgenes, los druidas y dos cajas de cartón)</p>
<p style="text-align: justify;">Amelia no le dejó terminar.</p>
<p style="text-align: justify;">-He sacado de la vivienda todo lo que quería llevarme. He dejado en estas cajas fotos, libros que pueden hacer suyos, si lo desean.</p>
<p style="text-align: justify;">Me adelanté al agente y hablé con Amelia.</p>
<p style="text-align: justify;">-Amelia, soy la abogada del Sr. Cercedilla, si lo desea, no es necesario que deje aquí los libros y fotos. Son dos cajas y sería triste que fueran al contenedor. ¿Desea usted que gestione este asunto con la biblioteca municipal?</p>
<p style="text-align: justify;">Me miró de hito en hito, clavándome la mirada y examinando cada una de mis palabras y gestos, la declamación de aquéllas y la postura que empleaba al expresarlas.</p>
<p style="text-align: justify;">-No.</p>
<p style="text-align: justify;">Y dirigiéndose al agente que se había dirigido a ella en un primer momento, le preguntó.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Puedo, en lugar de dejar las cajas aquí, regalar estos efectos a la abogada?</p>
<p style="text-align: justify;">Me dejó inerme y creo que también al agente. Nos cruzamos las miradas, él perplejo, y yo queriéndome que me tragara el mediterráneo. ¿Quién me mandaba a mí meterme donde no me llamaban? Sobre todo, acudir al lanzamiento.</p>
<p style="text-align: justify;">-Si la Letrada no tiene inconveniente, (me miró como buscando mi aprobación), que hable con el propietario. Por mí puede usted dejar las cajas, hago constancia en el acta de las mismas y de lo que ha manifestado -espetó el agente-.</p>
<p style="text-align: justify;">El cerrajero acabó de montar la cerradura y se dio por terminado el acto, con la entrega de la posesión y las dos malditas cajas que por arte de birlibirloque pasaron a ser mías.</p>
<p style="text-align: justify;">Amelia se marchó sin hacer ruido, con dos maletas tipo Samsonite de una tamaño XXL. No consintió ni que el Procurador ni yo le ayudásemos, en un alarde de dignidad recuperada.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, al descender el último peldaño, se volvió a mí y me espetó: “Abogada, espero que haga un buen uso de lo que dejo, quizás le ayude a usted más de lo que supone”.</p>
<p style="text-align: justify;">Me dejó intrigada. ¿A qué se refería? ¿Acaso contenían un tratado sobre gestión del tiempo? ¿Tus zonas erróneas? ¿Cómo hacerse millonario en un día? (Eso último seguro que no, me dije a mí misma).</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">De natural curiosa, no pude resistirme y convencí al Procurador para que me ayudara a llevarme las cajas al coche.</p>
<p style="text-align: justify;">No esperé a llegar al despacho y allí, a una temperatura cercana a los 32<u><sup>o</sup></u>, con más intriga que un niño en la madrugada del día de Reyes, me dispuse a sacar uno a uno el contenido de esas cajas.</p>
<p style="text-align: justify;">Para mi sorpresa, lo que allí se encontraban eran, cartas astrales, fotos antiquísimas en las que deduje figuraba la señora Amelia con unos atavíos un tanto esperpénticos, cartas de tarot y libros de un tal Michael Shermer: “Por qué creemos en cosas raras”, “las fronteras de la ciencia”, “El ojo escéptico”&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">La siguiente pregunta que me hice fue para qué iba a servirme a mí todo aquello. A ver, nos desenvolvemos en el terreno de los hechos, intentando darles encaje en una pretensión viable, reconozco que a veces hacemos malabarismos, pero esto era ya rizar el rizo.</p>
<p style="text-align: justify;">Años después, para mi sorpresa hallé la respuesta. &nbsp;Concretamente, 6 años, 6 meses y 6 días después. Al rememorarlo ahora me da aún más canguelo que pudor&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Me designaron de oficio la defensa de una tal Pepita Carmona, vidente, tarotista, que presuntamente había estafado a una mujer de 65 años, la cual había abonado por sus servicios la friolera de 200.000 euros.</p>
<p style="text-align: justify;">En las conclusiones que formulé, basándome precisamente en las tesis de Shermer, puse de manifiesto que era evidente y notorio cuáles eran los servicios de la Sra. Carmona, y que sus resultados o sus efectos más bien, sólo dependían de las creencias de la supuesta víctima. Que ésta era consciente de que pagaba la consulta por unos servicios espirituales o mágicos que iban a solucionar sus problemas y que, de forma clara y meridiana, quien pagaba por ello debía ser consciente de que podían funcionar o no, dependiendo de su convicción, no correspondiendo al Tribunal ni a la defensa valorar las creencias mágicas, esotéricas ni paranormales de las personas.</p>
<p style="text-align: justify;">He de reconocer, sin rubor alguno, que durante el informe sostuve entre mi manos el mago, pero eso, eso es otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">
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		<title>El misterio de las cenizas de la urna de Kapoor</title>
		<link>https://mjletrada.es/2018/11/30/el-misterio-de-las-cenizas-de-la-urna-de-kapoor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 30 Nov 2018 07:30:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[A finales del año 2015 aterrizó en mi despacho un personaje de lo más peculiar. Venía recomendado por un antiguo cliente y eso me hizo bajar un tanto la guardia, más que nada por la honradez y probidad que le precedía al mismo. Trabajaba como cocinero en el restaurante de aquél y no lo reconocí [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">A finales del año 2015 aterrizó en mi despacho un personaje de lo más peculiar. Venía recomendado por un antiguo cliente y eso me hizo bajar un tanto la guardia, más que nada por la honradez y probidad que le precedía al mismo. Trabajaba como cocinero en el restaurante de aquél y no lo reconocí enseguida, no hasta que un efluvio de mezcla de hierbas aromáticas y especias impregnó la estancia.</p>
<p style="text-align: justify;">Era Devdadn Kapoor, la misma persona que me servía el pollo tandoori masala para llevar los días en los que las guardias de juzgado se me hacían menos llevaderas.</p>
<p style="text-align: justify;">De manera inesperada, tomó asiento y depositó en la mesa de mi despacho una cadena con un colgante de cristal, en el que pude apreciar restos de cenizas, sin entender un pimiento.</p>
<p style="text-align: justify;">Tuvo que apercibirse de mi gesto, mezcla de perplejidad, grima y asco, pues tomó la palabra súbitamente antes de poder articular yo palabra.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Esto que ve usted es lo que me ha llevado hasta aquí. Son los restos de mi difunta madre. El colgante no es otra cosa que una pequeña urna donde yo depositaba parte de las cenizas de su cremación, la que se llevó a cabo en la funeraria La Popular, de aquí de Málaga”.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi cuerpo comenzó a experimentar un rechazo más que evidente, una mezcla de asco y repugnancia que vino acompañada de una disimulada arcada.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;-“Devdadn, no entiendo muy bien el motivo de su consulta” -pude articular con evidente repugnancia que no me molesté en disimular sin despegar la vista de aquel artilugio, con unas reprimidas ganas de lanzarlo desde la mesa al suelo que me abstuve de hacer no ya por cuestiones de urbanidad, sino por pragmatismo, pues de haberlo hecho, habría esparcido más cenizas aún de las que incipientemente aparecieron en el cristal de la mesa-.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Verá usted, Letrada, hace menos de una semana adquirí por Amazon este artículo que se promocionaba como colgante de cristal de urna de recuerdo para las cenizas de los seres más queridos. Como puede ver, el colgante tiene un tipo de cierre de mosquetón que, con el uso, se ha despegado y, como consecuencia, las cenizas de mi madre se han volatilizado, salvo este resto que a consecuencia del sudor y su contacto con mi cuerpo, se han quedado impregnadas”.</p>
<p style="text-align: justify;">En ese momento, fijé, si cabía aún más, mi atención en aquella pequeña cripta, y visualicé todos y cada uno de los músculos de mi cara que intervenían en aquella expresión de rechazo y aversión: el superciliar, orbicular del ojo, piramidal, elevador propio, ala de la nariz, labio superior, triangular, borla …</p>
<p style="text-align: justify;">-“Esto que ve es lo único que me queda de mi difunta madre, el resto fue esparcido al aire. Guardaba estas pequeñas cenizas para llevarlas a Varanasi…”</p>
<p style="text-align: justify;">Corté su discurso, me estaba costando sobremanera atender a sus palabras en la medida en que tenía la mirada fija en las cenizas, en mi mesa y en el parqué. Sentí un escalofrío inusitado que me recorría el cuerpo, una cierta aprensión que no me permitía concentrarme.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Más allá de solicitar usted la devolución del producto por defectuoso, entiendo que ¿lo que usted pretende es algún tipo de resarcimiento por daños morales”? –Atajé-</p>
<p style="text-align: justify;">-“Mire usted, Letrada, para nosotros, la muerte no es lo opuesto a la vida, sino al nacimiento. La muerte, al fin y al cabo, es el fin de lo físico. Sin embargo, al considerar que el proceso de reencarnación comienza con la muerte del cuerpo, en el que la persona se separa de su “bhuloka”, el hogar terrenal de su alma cuando estaba vivo, lo que pretendíamos mi familia y yo con las cenizas de mi madre llevándolas al Ganges era cumplir con el ritual sagrado, permitiendo purificar sus pocos pecados e interrumpir el&nbsp; ciclo de la reencarnación a través de la liberación definitiva del alma”.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Entiendo –dije yo con evidente apremio- que lo que pretende decirme es que al haberse quedado sin cenizas, ¿no hay modo de interrumpir la reencarnación?”.</p>
<p style="text-align: justify;">Devdadn no torció el gesto, pese a mi ignorancia al respecto, sino que en tono afable me reconvino con la siguiente cuestión:</p>
<p style="text-align: justify;">-Verá usted, para mí era muy importante poder llevar estas cenizas a Varanasi, interrumpir el proceso de la reencarnación. Este artilugio me permitía la posibilidad de trasladar las cenizas hacia allí, el resto, como sabe y le he dicho ya, fueron esparcidas al aire, aquí en Málaga.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Considera usted viable nuestra pretensión de ser indemnizados? Consideramos un daño insoslayable la pérdida de las cenizas a consecuencia del producto defectuoso…</p>
<p style="text-align: justify;">Evidentemente, el mosquetón no había sido soldado bien, a consecuencia de lo cual de forma paulatina y casi disimulada iba perdiendo cierta cantidad de ceniza hasta que ésta se hizo evidente. La pregunta que me hacía era, más allá de que el producto era defectuoso, ¿cabría reclamar daños morales?&nbsp;¿Podríamos considerarla de naturaleza objetiva, en el sentido de apreciarla sin necesidad de achacar al vendedor/producto una determinada conducta? No. En este caso debíamos acreditarla.</p>
<p style="text-align: justify;">Era obvio que para mi cliente era de suma importancia el rito funerario, que con ello se le privaba de interrumpir el ciclo de la reencarnación y con ello creaba en su ánimo una perturbación y un desasosiego que podría ser indemnizado.</p>
<p style="text-align: justify;">Con independencia del reintegro del importe del producto, Davdadn pretendía una indemnización pecuniaria por el daño moral sufrido. Utilizando el símil del banquete de bodas, era lógico pensar en las legítimas expectativas de Devdadn, en cómo había planificado los detalles del viaje y de sumergir en el Ganges aquel artilugio, poniendo fin a lo que él denominaba el ciclo de la reencarnación. Desde luego, sus expectativas se vieron frustradas al no haber podido cumplir ese deseo, causándole un impacto o sufrimiento espiritual.</p>
<p style="text-align: justify;">Haciendo uso de un malabarismo jurídico-creativo, pensé que los daños morales se identificaban con las consecuencias no patrimoniales representadas por el impacto o sufrimiento psíquico o espiritual que en mi cliente pudo producir el resultado inicuo de aquél producto y que aquél debía ser objeto de prueba. Porque, en todo caso,&nbsp; el derecho a ser indemnizado, aplicando la ley de consumidores y usuarios, no abarcaba esos daños morales que reclamaba. Lo cual no excluía la correspondiente acción siempre y cuando pudiera acreditar la existencia de aquél y la relación causal.</p>
<p style="text-align: justify;">Transcurrieron varios meses, tenía pergeñada ya la demanda entre la que incluía una extensa bibliografía acerca la importancia del rito funerario para los hindúes, cuando una noticia me dejó pasmada, helándome la sangre…</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“La Sección 1ª de la Audiencia Provincial de Málaga ha publicado un edicto para que los perjudicados no identificados aún en el caso de Parcemasa, por el que se condenó entre otras funerarias a la Popular, puedan reclamar las indemnizaciones correspondientes.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Así, se publica una relación extensa –más de 2300- de nombres de personas cuyos perjudicados no han sido identifiados y se advierte a los posibles afectados que deberán comparecer en la citada sección antes del 6 de octubre de 2020…”</em></p>
<p style="text-align: justify;">Sí, entre ellos figuraba Kapoor, pero eso, eso es otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Nota aclaratoria:</p>
<p style="text-align: justify;">Quizás ustedes lectores no recordarán qué suceso estremeció a los malagueños en el año 1997. Por aquél entonces la policía judicial descubrió un fraude en el que estaban implicadas varias funerarias que utilizaban bajo cuerda un horno crematorio en connivencia con un empleado. Se realizaron cremaciones ilegales y se entregaron a los familiares restos que no se correspondía con su familiar difunto.</p>
<p style="text-align: justify;">El fiscal, en aquel caso, acusaba al propietario de la funeraria la Popular de tener en el garaje de su domicilio cadáveres almacenados sin que hubiesen sido incinerados que fueron descubiertos tras un registro domiciliario donde se incautaron un total de 55 restos humanos y que no habían sido entregados para quemar.</p>
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		<title>La compensación de créditos, según Sergio Cárdenas.</title>
		<link>https://mjletrada.es/2018/01/25/la-compensacion-creditos-segun-sergio-cardenas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Jan 2018 07:00:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[Sergio Cárdenas Benítez, conocido en el submundo del lumpen como “el leñas” era un joven rebelde, de espíritu sumamente impulsivo, con reacciones emocionales desproporcionadas, por utilizar un eufemismo. Se había ganado a pulso el apodo, pues cualquier discusión, controversia, o estímulo que lo contrariase terminaba desencadenando una reacción violenta por parte de aquél. Contaba ya [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Sergio Cárdenas Benítez, conocido en el submundo del lumpen como “el leñas” era un joven rebelde, de espíritu sumamente impulsivo, con reacciones emocionales desproporcionadas, por utilizar un eufemismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Se había ganado a pulso el apodo, pues cualquier discusión, controversia, o estímulo que lo contrariase terminaba desencadenando una reacción violenta por parte de aquél.</p>
<p style="text-align: justify;">Contaba ya en su tierna adolescencia con múltiples procedimientos abiertos en los Juzgados de Menores de la capital y en todos se hacía constar el abuso en el consumo de alcohol, tóxicos, su carácter violento y agresivo y su poca o nula empatía. Pese a tener pleno conocimiento de las normas socialmente más adaptativas, no le importaba un bledo las consecuencias negativas que sufriera la víctima de una de sus transgresiones. Actuaba impulsivamente, con una ausencia plena de autocontrol.</p>
<p style="text-align: justify;">Entre sus antecedentes contaban varios delitos de lesiones, robos violentos, lesiones en riña tumultuaria y atentado a agentes de la autoridad.</p>
<p style="text-align: justify;">En su historial familiar, como pude apreciar entonces, se describía ya una dilatada trayectoria de conflictos entre sus progenitores que había deteriorado la relación familiar hasta el punto de que la actitud celosa del padre respecto a la madre y los continuos malos tratos a los que se veía sometida culminaron con una agresión por parte de Sergio hacia su padre, que le causaron contusiones faciales múltiples con fractura en el seno maxilar superior derecho, fractura de piezas dentales y heridas en labios, mano y abdomen. Tras aquella paliza, nunca más se supo de aquél.</p>
<p style="text-align: justify;">Podía decir sin temor a equivocarme que Sergio, pese a su carácter explosivo y pese a su absoluto desprecio por el cumplimiento de norma alguna, incluso la intrafamiliar que la madre intentaba imponerle sin éxito, veneraba a aquélla, aun y a pesar de no aceptar imposiciones de nadie, sólo con la madre no reaccionaba desproporcionadamente ante la insistencia de aquélla de corregir su temperamento.</p>
<p style="text-align: justify;">La primera vez que lo asistí fue sobre el verano de 2012, se había abierto juicio oral contra él por un delito de lesiones. Según el informe del Ministerio Fiscal, Sergio se enzarzó en una discusión con un tal Lázaro con ocasión de no permitirle la entrada en un garito por llevar zapatillas, que finalizó en una brutal paliza a resultas de la cual le causó a aquél policontusiones, erosión en región frontal izquierda y ala nasal derecha, escoriaciones leves en ambos miembros superiores, tumefacción a nivel del quinto metacarpiano de la mano derecha, traumatismo craneoencefálico leve, heridas superficiales en tórax, herida penetrante en cuello y herida penetrante subescapular izquierda.</p>
<p style="text-align: justify;">Alcanzamos una conformidad con el Ministerio Fiscal, suspendiéndose la pena al comprometerse al abono de la responsabilidad civil que, lógicamente, abonó su madre en meses interminables y con gran sacrificio por su parte y benevolencia por el perjudicado.</p>
<p style="text-align: justify;">No supe más de Sergio ni de su madre, no hasta hace aproximadamente un año. Regresaba de la ciudad de la Justicia tras logar que, respecto a un menor que no había respetado las pautas de la libertad vigilada por circunstancias que no vienen al caso, no le fuese modificada la medida.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegaba exhausta, con ganas de desparramarme en el sofá de casa y olvidarme de todo, cuando, al frenar en un ceda al paso, una señora con dificultades para deambular me hacía señas con un bastón. Iba cargada de bolsas de comida y, en un principio, pensé que se había equivocado al ser mi vehículo de un blanco níveo. Pero no, al bajar la ventanilla de la puerta izquierda de mi vehículo le quise expresar que no era de servicio público pero no me dejó hablar…</p>
<p style="text-align: justify;">-Hija, ¿podrías acercarme a mi casa? Vengo de Cáritas y no puedo subir a casa, como ves estoy impedida y no puedo pagar un taxi ni tengo a nadie que me lleve.</p>
<p style="text-align: justify;">En esa tesitura, obviamente recordaba las advertencias que de forma constante e impenitente me ha hecho mi madre en la vida y que yo, curiosamente, con el devenir de los años, le estoy haciendo a mi hija. Pero saltándome al albur las mismas, dejé que se subiera a mi coche y la llevé a su casa.</p>
<p style="text-align: justify;">Durante el trayecto, la pobre mujer no dejó de relatar lo mal que la había tratado la vida, de su soledad, que solapaba con su hijo quien, siendo de naturaleza buena y noble, se había dejado atrapar por un carácter indómito, rebelde y violento, pero que, en realidad, nadie sabía entender.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo que por natural soy curiosa, fui engranando las piezas de aquel rompecabezas que relataba hasta llegar a la conclusión de que Mercedes era la madre de Sergio, hecho que corroboré al ayudarla a bajar del vehículo.</p>
<p style="text-align: justify;">El hijo la estaba esperando a pie de calle y ambos nos miramos, yo más sorprendida que él, pensando en ese instante que no me había reconocido.</p>
<p style="text-align: justify;">-Mamá, te tengo dicho que no te metas en vehículos de nadie, que cualquier día te dan un susto.</p>
<p style="text-align: justify;">Mercedes se echó a reír con complacencia por la reprimenda del hijo al que correspondió de modo condescendiente para no contrariarlo…</p>
<p style="text-align: justify;">A escasas tres semanas de mi encuentro con Sergio del que, obviamente juraba y perjuraba no se percató de quien era yo, me encontraba sobre las 23 horas de un viernes sacando dinero de un cajero que está a pocos pasos de casa. Sentí una sombra a mi espalda, pero me imaginé que era otro incauto como yo que necesitaba dinero para el fin de semana. Sin embargo el objeto punzante que sentí en las lumbares me despejó las dudas.</p>
<p style="text-align: justify;">-Pija, no te muevas o te coso. Dame la pasta.</p>
<p style="text-align: justify;">Me volví tan lentamente con el dinero en la mano que cada movimiento de la cadera lo visualicé como en una película lenta, flexo-extensión, abducción-aducción y rotación.</p>
<p style="text-align: justify;">-Hostia puta, usté otra vé. Está en tos laos como las cagá de perro!!!!</p>
<p style="text-align: justify;">Recogió la navaja y marchándose lentamente de mi lado, a unos diez pasos y como diría Sabina, haciendo un exceso, en lugar de tirarme dos besos, uno por mejilla, me giñó el ojo derecho llevándose dedo índice y corazón a la sien derecha bramando con ironía y sarcasmo:</p>
<p style="text-align: justify;">-“Estamos en paz, abogá”</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca, nunca, hemos de subir a un coche con extraños, como tampoco llevar a extraños con nosotros (menuda cantinela me echó mi querida Carmen Carbonell), pero, a veces, en contadas ocasiones, una decisión equivocada o desacertada te puede llevar a un destino inesperado, pero eso, como saben, es otra historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nota: la imagen de la entrada de la señora es de @arturyeti vía unsplash, a quien agradezco en gordo su generosidad.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>La lápida de la discordia</title>
		<link>https://mjletrada.es/2017/11/02/la-lapida-la-discordia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Nov 2017 06:30:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[Solo hay algo más peligroso para un abogado que una disposición adicional: una discordia entre herederos. María Gertrudis Peña Balbuena se presentó en mi despacho una tarde de mediados de octubre de 2011 junto con su marido, Augusto Díaz. Presentaban una estampa digna de una película de Berlanga. Ella, ataviada con un conjunto de traje-chaqueta [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Solo hay algo más peligroso para un abogado que una disposición adicional: una discordia entre herederos.</p>
<p style="text-align: justify;">María Gertrudis Peña Balbuena se presentó en mi despacho una tarde de mediados de octubre de 2011 junto con su marido, Augusto Díaz. Presentaban una estampa digna de una película de Berlanga. Ella, ataviada con un conjunto de traje-chaqueta color verde oliva, a juego con su rostro cetrino, y unos zapatos negros que combinaba con una cartera tipo clutch del mismo color que posó de forma casi instintiva bajo su regazo; iba tan extremadamente conjuntada que parecía haber salido de uno de esos maletines de la señorita pepis.&nbsp;Augusto, de media etiqueta y con aquellos bigotes de aguacero como lo llaman en México, que le caían por los lados de los labios ocultándoles la boca y que me privaban advertir su estado anímico.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue él el primero en articular palabra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">-«Buenas tardes. Como ya le adelanté por teléfono, mi suegra falleció hace un mes y tenemos un problema con mis cuñados respecto a la lápida…»</p>
<p style="text-align: justify;">Comprendo que en este punto del relato tenga que hacer una matización: soy abogada de pueblo, como tal me veo en la tesitura de dar respuesta a pretensiones que para compañeros de la capital pudieran parecer un tanto surrealistas, pero el derecho, señoras y señores, debe estar al servicio de la comunidad y, en consecuencia, dar respuesta a cada una de las pretensiones y cuitas de las personas. Y si en el plano antropológico encontramos muchas diferencias entre el norte y el sur, éstas se trasladan de forma inexorable al campo del derecho.</p>
<p style="text-align: justify;">María de las Mercedes Balbuena Fernández había fallecido en Benalmádena, donde era residente, el 26 de septiembre de 2011, dejando todo su patrimonio en nuestra localidad. Su estado civil era el de viuda de sus únicas nupcias de don Perfecto Peña Castillo, de cuyo matrimonio tuvo cuatro hijos, Perfecto, María Gertrudis, Dolores y Eulogia, sin que hubiera mediado separación o ruptura de la convivencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Según me exhibió Augusto, la herencia había sido aceptada por los cuatro únicos herederos, quienes habían sido instituido como tales por partes iguales por su finada madre.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Disculpen, Augusto y Mª Gertrudis, observo que no hubo discrepancia en la aceptación de la herencia por ninguno de los hermanos. No la hay siquiera, y esto es importante, respecto a los gastos funerarios que, según sospecho, fueron asumidos por el servicio funerario, ya que según me comentaron por teléfono, tenía concertada una póliza de decesos”.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Sí, señooooora –atajó María Gertrudis, cuyo tono y declamación al expresar dicha afirmación me recordó a Gracita Morales-.&nbsp;Pero es que en los gastos funerarios no iban incluidos los de la lápida propiamente dicha ni mismamente la tasa del Ayuntamiento para su colocación. Y eso, eso no estamos dispuestos a pagarlos ni mi hermana Euolooooogia, ni una servidoooora”.</p>
<p style="text-align: justify;">Mientras hacía tales afirmaciones, se iba balanceando de adelante hacia atrás, agarrada al clutch como si lo meciera.</p>
<p style="text-align: justify;">Tuve que hacer un auténtico esfuerzo por no soltar la carcajada, pues aquello ya me estaba pareciendo una broma orquestada por mi muy querido amigo Manuel Pérez en compañía de otras dos subversivas. No obstante, la seriedad de Augusto, quien de vez en cuando y con un acto reflejo se atusaba el bigote en una afán subconsciente de imprimir autoridad, me hizo dudar, como también la documental que se me entregó…</p>
<p style="text-align: justify;">Efectivamente, la escritura de aceptación de herencia otorgada por los herederos no dejaba lugar a dudas de que había habido consenso, como también que en la factura emitida por los servicios funerarios no contemplaban los gastos relativos a la colocación de la lápida de la difunta, sino los relativos al furgón fúnebre, el sudario, la corona de flores, la sala velatorio y la capilla ardiente, así como los relativos a los del párroco (por las misas en honor a la difunta) y las licencias del Ayuntamiento de inhumación y exhumación. Dichos gastos, que ascendían a dos mil novecientos cincuenta euros fueron incorporados como cargas y deudas de la herencia de doña Mª de las Mercedes Balbuena Fernández sin discusión alguna.</p>
<p style="text-align: justify;">El problema estaba en la lápida, la lápida de la discordia.</p>
<p style="text-align: justify;">El marido de Dolores Peña había interpuesto demanda en reclamación de cantidad contra don Perfecto y Mª Gertrudis, por importe de trescientos treinta y cinco euros, justo la mitad del importe de la lápida arenada que había sido colocada en el nicho de la difunta, ya que Eulogia sí había abonado la parte correspondiente a su importe.</p>
<p style="text-align: justify;">Tanto Perfecto como Mª Gertrudis se oponían al abono del importe, por cuanto, como me manifestó Mª Gertrudis, en sus muertos sólo ella mandaba y también sus hermanos, pero en modo alguno su cuñado que ni pinchaba ni cortaba en el asunto.</p>
<p style="text-align: justify;">(Primera cuestión: se negaba la legitimación activa del demandante en dicha reclamación). Discrepaban además respecto a la calidad y ornamentación elegida, pues entendían que su madre se merecía, más que aquella arenada, una de mármol con incrustaciones y grabado de la Virgen del Carmen, de la que era fiel devota.</p>
<p style="text-align: justify;">(Segunda cuestión: formular reconvención para quitar la arenada y colocación de otra de material superior con relieve e incrustaciones. Verificar quién ostentaba la titularidad de los derechos funerarios).</p>
<p style="text-align: justify;">-“Según la factura que me acompañan con la demanda, observo que los derechos funerarios están expedidos a nombre de su cuñado, el marido de Dolores, el Sr. Jorge Rodríguez Ramos”.</p>
<p style="text-align: justify;">Enseguida tomó la palabra Augusto, imprimiendo cierta seriedad en su argumentación atusándose el bigote nuevamente.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Sí, señora. Como usted comprenderá con las tribulaciones del momento, ninguno estábamos en condiciones de atender a la funeraria, siendo él quien firmó todos los papeles como familiar de mi suegra. La sorpresa nos la hemos llevado ahora cuando hemos ido al Ayuntamiento a solicitar permiso para el cambio de la lápida. Nos dicen que el titular de los derechos funerarios es él y que deberíamos hacer el cambio de titular. Hemos hablado con la compañía y ellos se lavan las manos pues ese gasto fue asumido por mi cuñado…”</p>
<p style="text-align: justify;">La colocación de la lápida no tenía, a mi parecer, consideración de gastos de la herencia. Si bien el artículo 903 del Código civil habla de pago de funerales, en el presente caso no había sido incluida en la factura emitida por el servicio funerario la misma, puesto que no la contemplaba el seguro de decesos. Su elección y colocación había corrido a cuenta de un familiar político, el cuñado y marido de una de las herederas. ¿Podíamos con ello entender que estábamos ante el supuesto previsto en el artículo 1158 del Código Civil?</p>
<p style="text-align: justify;">“<em>Puede hacer el pago cualquier persona, tenga o no interés en el cumplimiento de la obligación, ya lo conozca y lo apruebe, o ya lo ignore el deudor.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>El que pagare por cuenta de otro podrá reclamar del deudor lo que hubiese pagado, a no haberlo hecho contra su expresa voluntad.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>En este caso sólo podrá repetir del deudor aquello en que le hubiera sido útil el pago”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Defendí que no, por entender que existió una falta de conocimiento y posterior consentimiento por dos de los herederos, efectuándose aquella entrega liberatoria en nombre propio y en nombre de la otra heredera, Eulogia, quien asumió su pago. No se le podía reconocer como mero gestor oficioso de los intereses de mis clientes y, en consecuencia, obligarles al resarcimiento de aquel gasto y reembolso de la cantidad abonada.</p>
<p style="text-align: justify;">La elección de la lápida fue una decisión libremente tomada por el demandante, don Jorge, al que desde luego ni Perfecto ni Mª Gertrudis encargaron la compra de aquélla, por mucho que el precio fuese de escasa consideración.</p>
<p style="text-align: justify;">Reconvine respecto la transmisión de los derechos funerarios que debía efectuarse por el actor reconvenido a nombre de todos los herederos, pretensión que me fue &nbsp;admitida, como también la retirada de la lápida en cuestión y la posterior elección de una nueva, decisión que sería adoptada por concurso entre los herederos y, en caso de discrepancia, por sorteo.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, al leer las noticias en prensa, pienso, con cierta retrospectiva, que el trance podía haber sido peor, y si no que se lo digan a la familia de doña Rosario Segura Martín, que en paz descanse, que contrató un seguro de decesos poco antes de morir y la compañía se ha negado a darle cristiana sepultura por discrepancias respecto a su estado de salud previo, no queriendo asumir los gastos de enterramiento, encontrándose desde su fallecimiento en una cámara frigorífica mientras se aclara en entuerto, pero eso, eso es otra historia…</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Despertares</title>
		<link>https://mjletrada.es/2017/07/11/despertar-servicio-urgencias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Jul 2017 05:45:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[Odio que me despierten. Lo odio. Pero lo que más, que lo hagan a voces. Aquél sonido hiriente, agudo y a la vez distorsionado por el volumen de decibelios, me despertó de un sobresalto. -“Antooooooonio, tate quieto!!!”. Era la voz de una mujer que a buen seguro había perdido no sólo la paciencia, sino también [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Odio que me despierten. Lo odio. Pero lo que más, que lo hagan a voces.</p>
<p style="text-align: justify;">Aquél sonido hiriente, agudo y a la vez distorsionado por el volumen de decibelios, me despertó de un sobresalto.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Antooooooonio, tate quieto!!!”. Era la voz de una mujer que a buen seguro había perdido no sólo la paciencia, sino también el sentido de la orientación.</p>
<p style="text-align: justify;">Me encontraba en el box 2 del módulo de urgencias del hospital Quirón de Málaga, separándome del tal Antonio, situado en lo que pude intuir box 1, una esquelética estructura metálica en cuya parte superior colgaba a modo de separación de estancias una cortina blanca con el emblema del hospital en azul, que habían corrido al lateral derecho de mi cama.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Ay, hija, discúlpame, ¿te he despertado?. Es que mi Antonio está otra vez hurgándose en la vía y se le va a salir. ¿Qué tal te encuentras?”.</p>
<p style="text-align: justify;">A punto estuvo de soltarle en un alarde de sinceridad que era obvio que sí, que me había despertado a mí y a la quinta planta del hospital, pero no podía articular palabra, así que me limité en mi situación a cerrar los ojos a la par que ladeaba la cabeza, elevaba los hombros y realizaba una seña con la boca, en un esfuerzo denodado de prestidigitación para darle a entender que no se preocupara.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde donde me encontraba pude apreciar que a mi izquierda existía otro módulo o box, separado por idéntica estructura metálica y cortinas, que se encontraban echadas, intuyendo la existencia de algún paciente por el beep que parecía provenir de un electrocardiograma.</p>
<p style="text-align: justify;">Frente a mí, aún había dos más, pero éstos sí estaban vacíos pues al igual que mi módulo y el del tal Antonio, tenían las cortinillas corridas a ambos lados.</p>
<p style="text-align: justify;">No recordaba cómo había acabado allí, como tampoco si finalmente había acabado el trámite de conclusiones del que se me había dado traslado, pero el ínclito Dr. Gutiérrez Gago, Lucas de nombre de pila, médico del servicio de urgencias, con más años que la Catedral de Málaga y bregado en situaciones críticas, me sacó de dudas.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Ha sufrido usted un síncope vasovagal, de carácter situacional- aquello sonaba tan grave como lo era su aspecto-. Su cuerpo ha reaccionado ante una situación límite de estrés emocional. Permanecerá en observación hasta que vengan los resultados del electrocardiograma, la analítica de sangre y el tac cerebral que se le ha efectuado para descartar cualquier tipo de traumatismo craneoencefálico. Pero según se refiere en el parte, usted no cayó al suelo, sino que se desvaneció en la mesa del juzgado, por lo que en apariencia y para no preocuparla en exceso, no presenta a simple vista contusión alguna a nivel cerebral, descartando cualquier tipo de traumatismo, salvo ese pequeño chichón en la frente provocada por el golpe sobre la mesa”.</p>
<p style="text-align: justify;">No, no estaba mal para terminar aquel mes de julio de 2013, no. Era obvio y meridiano que mi cuerpo gritaba “vacaciones”.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Antooooooonio, que ta dicho que testés quieeeeeeeto, que te arrancas la vía, cojona!!!”.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi vecina del box me volvió a sacar de mis cavilaciones a golpe de voz.</p>
<p style="text-align: justify;">Antonio Parejo padecía ataxia cerebelosa como consecuencia de la caída de hacía más de tres años, desde un primer piso de un bloque de viviendas en construcción en un sitio que ni viene al caso ni recuerdo si se me refirió. El arnés de seguridad falló y se precipitó al vacío con tan mala fortuna que el impacto le causó un traumatismo craneoencefálico severo.</p>
<p style="text-align: justify;">Si bien podía realizar movimientos con muchísima dificultad, no articulaba palabra, sufriendo lo que según me comentó su mujer de afasia, pero a mi juicio deduje que no tenía ni problemas de visión, ni de audición, ni siquiera de entendimiento, conclusión a la que llegué (no sé si acertada o no por la ingente cantidad de pastillas que me habían hecho tomar) por aquella mueca que, en consonancia con el guiño de su ojo derecho, me hizo al expresar yo en voz queda “nos ha jodío mayo con las flores, estrés emocional…</p>
<p style="text-align: justify;">Dos veces más a lo largo de las horas intentó Antonio saltar de la cama desprendiéndose la vía, y pese a su dificultad de movimientos, más bien para articularlos con destreza&nbsp;psicomotora, parecía tener azogue, por esa impenitente intención de querer arrancarse de cuajo la cánula que tenía encajada en la cara frontal de su mano derecha.</p>
<p style="text-align: justify;">No pude reprimir la carcajada para mis adentros cuando la Auxiliar de clínica con una flema más propia de un británico que de una andaluza, a paso lento y tomándose su tiempo en cada golpe de voz expresó: “Maaaaaaaríiiiiiia, mujé, no vé usté que si se arranca la vía chilla de doló”.</p>
<p style="text-align: justify;">(Chillar de dolor… Pero en manos de quién estábamos esa noche!!!? ¡¡¡¡Que Antonio padecía afasia qué iba a chillar ni chillar!!!)</p>
<p style="text-align: justify;">Verificó el goteo, aceleró el toc toc toc de las caídas de gotas en aquel pequeño artilugio que iba unido mediante la cánula a la mano de Antonio y con estrategia quirúrgica penetró una jeringuilla con una medicación que podía haber dormido a los trescientos guerreros espartanos de una atacada, pues al cuarto “toc” Antonio cayó en un letargo profundo.</p>
<p style="text-align: justify;">Según me comentó María, Antonio, antes del accidente era hombre de pocas palabras y buenos modales, encantador, solícito y cariñoso, sin embargo, tras el accidente, había perdido completamente el habla y sufrido un cambio repentino de personalidad y de conducta, se volvió soez, grosero, obstinado, rebelde. En la actualidad, tenía poca coordinación motora, no caminaba y experimentaba dificultades para vestirse, si bien mantenía intacta su facultad para tragar.</p>
<p style="text-align: justify;">Afortunadamente, la analítica y el resto de las pruebas confirmaron lo que el doctor en principio me adelantó. Todo había sido consecuencia del estrés y con las primeras luces del alba me marché de aquel lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">Agradecí que en los cuarenta “criminales” pincharan la canción de Marc Anthony, su “living la vida” (“voy a reíiiiiiiir, voy a bailar, vivir mi vida, lalalalalalá, voy a reíiiiiiir, voy a gosá, vivir mi vida, lalalalalá) en lugar de la versión de Dani Martín sobre qué bonita la vida.</p>
<p style="text-align: justify;">Me sentí aliviada al comprobar, según el mensaje de texto de mi procurador, que había terminado mis conclusiones, con lo que no se hacía preciso reanudar la vista. Su mensaje terminaba en tono jocoso, a todas luces para quitarle hierro al asunto, con un “Montero, hoy más que nunca has sido Dori-ta; SuSeño, doña Ana I “la hierática” ha pasado a ser “la histérica”, le has descubierto su corazoncito como al tío ese de hojalata del que siempre hablas, jodía”, terminando el mensaje con un chorro innumerables de emoticonos con los ojos vueltos.</p>
<p style="text-align: justify;">El asunto, un ordinario (por el tipo de procedimiento, aunque también predicable por lo común y regular de la pretensión), no era más que de índole crematística. Un tipo, con menos oficio que un policía en Barrio Sésamo, pretendía se declarara la existencia de una sociedad civil particular entre él y mi representada y, en su consecuencia, reclamaba percibir la mitad de los beneficios obtenidos por la explotación del negocio que él calificaba de “común”.</p>
<p style="text-align: justify;">Como saben, el artículo 1665 del Código civil nos dice que la sociedad es un contrato por el cual dos o más personas se obligan a poner en común dinero, bienes o industria, con ánimo de partir entre sí las ganancias.</p>
<p style="text-align: justify;">El demandante, como datos significativos hacía constar en la demanda ser –entonces- pareja de mi mandante, su presencia en el negocio, ya atendiendo a los proveedores, ya a la clientela, y unas tarjetas de visita en las que figuraba su nombre junto al de mi representada junto al distintivo del negocio, rotuladas en el extremo superior central de la misma. También aportó como documental la certificación del interventor del hoy extinto Banco Popular en el que se acreditaba la titularidad indistinta de una cuenta común.</p>
<p style="text-align: justify;">La sentencia determinó que, en efecto, constaba y no había sido discutida esa relación entre ambos durante un tiempo, como también que dicha convivencia no había sido en absoluto armónica; y si bien resultaba cierta y acreditada la presencia del actor en el negocio, así como la firma de puntuales albaranes y otros documentos por no hallarse en él mi mandante, éste lo hacía en su condición de pareja, dado lo declarado al ser interrogados tanto empleadas como proveedores, resultando intrascendente el figurar en la tarjeta de visita (que se había confeccionado de modo manual en una máquina de impresión de una gran superficie), pues ambos eran pareja.</p>
<p style="text-align: justify;">Respecto a la cotitularidad o titularidad indistinta en una cuenta, se terminó concluyendo lo mismo, a resultas del listado de movimientos que fue por nosotros solicitado y aportado a los autos.</p>
<p style="text-align: justify;">No había dato alguno, tal y como argumenté con tal vehemencia que me costó el desvanecimiento, (así se hizo constar en la sentencia) acerca de la existencia del elemento esencial del contrato: “la affectio societatis” o ánimo de explotar en forma conjunta el negocio, siendo apabullantes, por el contrario, las que había de que sólo la demandada lo hacía en solitario.</p>
<p style="text-align: justify;">Transcurrió ese verano y unos pocos&nbsp;más, hasta que una designación de oficio me despertó de nuevo con idéntico sobresalto que aquél del verano de 2013. Se trataba de la defensa de un presunto incapaz, un tal Antonio Parejo, pero eso, eso es otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">La foto del goteo es propiedad de doña Jacinta LLuc Valero y la del hospital, que recrea la entrada, de D. Daan Stevens. Muchas gracias a los dos.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El amor en los tiempos del WhatsApp y un Indiana Jones destartalado</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/11/22/amor-los-tiempos-del-whatsapp-indiana-jones-destartalado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 22 Nov 2016 06:30:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[Reconozco que sólo la primera vez fue pura casualidad el hecho de que aquellas jóvenes a las que yo doblaba la edad se sentaran junto a mi en la cafetería aneja al servicio de urgencias del hospital Virgen de la Victoria, también llamado Hospital Clínico.&#160;Por entonces mi padre llevaba ya varios días ingresado tras haber [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Reconozco que sólo la primera vez fue pura casualidad el hecho de que aquellas jóvenes a las que yo doblaba la edad se sentaran junto a mi en la cafetería aneja al servicio de urgencias del hospital Virgen de la Victoria, también llamado Hospital Clínico.&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">Por entonces mi padre llevaba ya varios días ingresado tras haber superado una grave crisis cardiaca. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">No me equivoco en afirmar que este reducto tiene más afluencia que la pequeña capilla que está ubicada cerca de urgencias, tengo la percepción de que la gente más que buscar un remanso de paz busca un lugar bullicioso que le recuerde que aún hay vida o que aún ellos están llenos de ésta. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Allí, las risas, los llantos y los quebrantos comparten el espacio por mitades indivisas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Al principio, bajaba a la cafetería por inercia, por pura distracción unas veces, otras, para tomar un tentempié, pero más tarde la razón por la que bajaba no era otra que buscar la compañía de aquellas dos jóvenes pizpiretas. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Necesitaba un espacio para risas, así que agradecí que se sentaran a mi lado, estaba cansada de stern, bypass, dai y cualquier cosa que me recordara donde estaba.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>¿Qué dices que te ha dicho?</em> –reclamaba exigente la que entendí se llamaba Carmen.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>Tontadas, me pone fotos de donde está</em> –contestó la que portaba el iphone-.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>Eso ya lo he visto, te digo que ¿¡¡¡qué te diceeeeee!!!!? </em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Gema sonreía divertida a la par que le hacía muecas a Carmen, en un alarde de prolongar el misterio.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>Vaaaaale, me dice que ojalá estuviera allí, y poco más. ¿Tú crees que le gusto?</em></span><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Carmen la miró de soslayo y le contestó con los ojos muy abiertos un “yo qué sé, ese tío es un memo, un imprudente”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">No pude oír nada mas porque justo en ese momento recibí una llamada del Procurador, recordándome que me quedaban escasos días para contestar una demanda en la que a mi cliente, una Comunidad de Propietarios, se le exigía una cantidad importante en concepto de responsabilidad civil extracontractual. El actor en cuestión, persona de avanzada edad, y movilidad reducida, basaba su reclamación en la caída sufrida en un pasaje de acceso a la playa, cuya propiedad imputaba a mi cliente, argumentando el mal estado de las instalaciones, causa eficiente del testarazo que sufrió.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">La rampa en cuestión, y donde se produjo la caía, era de una notable inclinación y se encontraba al inicio del camino&nbsp;que llevaba a la playa y que atravesaba todo el conjunto de la Comunidad de Propietarios. A todas luces era evidente el carácter público y no privado de la instalación, lo que pude comprobar tras la oportuna certificación catastral y hojear la escritura de división horizontal del conjunto inmobiliario. También pude observar que la finalidad de aquella rampa, existente al inicio de aquel acceso, no era otra que servir para la circulación de vehículos, dada la existencia de garajes en los aledaños y de locales comerciales.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">A la tarde del día siguiente y a las que vinieron después, sin excepción, hacía por encontrármelas.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Sacaba mi portátil, el expediente y apuraba el café hasta que salían a fumar. La conversación que mantenían era prácticamente un patrón definido. Gema se mostraba ciclotímica, pasaba de la risa al llanto con la misma facilidad que un crío caprichoso y Carmen soportaba impenitente el estado de ánimo de su amiga, hasta que volvía a adoptar aquella actitud mezcla de disgusto, contrariedad y atribulación.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>Te he dicho que es un insensato y tú pareces tonta. Tú no puedes estar pendiente del móvil, de si llama, si te escribe, tíiiiiiia, que eres muy mayor ya, estás peor que mi hermana Carla. A ver, ¿no te dije ayer que tiene novia? Está jugando al despiste contigo, y tú eres una tía lista, joder ya!!!</em> –Carmen no hacía nada por disimular su enfado y aun así y todo, más me pareció que más que molesta lo que translucía aquella admonición no era más que pesadumbre-.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>No sé qué hacer, quizás es verdad que juega a lo que dices, pero me gusta hablar con él y a él le gusta hablar conmigo. ¿Crees que eso le hace daño a Dino?</em> – se hizo un silencio que interrumpió la propia Gema, quien bajando la mirada a Carmen siguió… &#8211; <em>Bueno, a Dino creo que no, ojos que no ven, corazón que no sienten, llevas razón, me lo hace a mi, que ya no sé si está bien y cómo parar esto</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Tras ese pequeño discurso, que no terminó de manera inteligible, empezó a realizar unos pequeñitos movimientos involuntarios con el tórax, de lo que deduje estaba llorando.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">En ese momento, Carmen pareció cambiar de actitud y en un tono meloso la conminó a salir a fumar un pitillo. No volvieron, así que me adentré de lleno en mi contestación.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">El perito había hecho un estudio pormenorizado del estado del pasaje, pero no vi por ningún lado que hubiese unido al informe la nota simple o la certificación registral del mismo, antes al contrario, lo que había unido era una nota&nbsp;descriptiva y gráfica del catastro que se correspondía con uno de los locales del conjunto. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Legitimación pasiva ad causam aparte (lo que en palabras entendibles, capacidad de soportar la pretensión que contra uno se deduce por ser titular de la relación jurídica que la fundamenta), lo cierto es que para acceder al paseo marítimo desde donde se hospedaba quien ya definitivamente apodé Indiana Jones (por recomendación de mi querida Carmen Carbonell), no sólo disponía de aquel paso, sino de otros mucho menos arriesgados, con menor pendiente o inclinación escasa, aunque el perito se empecinara en lo atractivo del elegido.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Y si bien parecía sustentar la acción el estado descuidado de aquella travesía y su mala configuración urbanística, no era menos cierto que aquel pasaje no estaba destinado a ser acceso natural a la playa, sino más bien su finalidad era otra, servir de entrada y salida de vehículos a los locales comerciales y garajes y permitir la entrada a los suministradores o vehículos de emergencia, en todo caso.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">El actor parecía pretender erigir el riesgo como único criterio de imputación de la responsabilidad, como si la Comunidad que yo representara actuara en el tráfico jurídico desempeñando alguna actividad arriesgada. Se estaba olvidando que, con base en el precepto citado, artículo 1902 del Código civil, era preciso probar la existencia de una acción negligente o culposa, el daño y la relación de causalidad entre la primera y el resultado producido. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">El vejigazo sufrido estaba más que acreditado. El pobre hombre había pegado tal costalazo que necesitó la ayuda de terceros, quienes les prestaron los primeros auxilios y llamaron a los servicios de emergencias. Pero, ¿y la relación de causalidad? ¿Podríamos decir que, en esa relación causal, no fue sino su propia asunción del riesgo, su propia temeridad, lo que provocó que llegara al final de aquella sublime rampa como en los anuncios de BMW, de 0 a 100 en pocos segundos? Y todo ello con independencia, insisto, de quién fuera titular de aquel espacio urbanístico donde tuvo lugar aquél fatal desenlace.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">Al día siguiente, a la misma hora, volví a la cafetería. Y allí estaban ambas, hablando, esta vez, en un tono afectado y sigiloso.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Saqué el portátil y el expediente de forma distraída y empecé a poner oído. Esta vez hablaba Gema, había decidido poner fin a aquella locura, según decía. Carmen asentía sin convicción. La otra insistía en que ya no participaba en grupos y que había quitado “datos”. Yo ignoraba qué era eso de quitar datos. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Carmen contestó con rabia: -“<em>es un cobarde acomodado, no te dirá nunca qué siente y tú estás fatal. Así no puedes seguir, esto es una tontada y ya no tienes edad de tontadas, coño ya!, no tienes por qué quitar datos, tienes que quitártelo de la cabeza!!!»</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">A punto estuve de levantarme para mostrar mi conformidad con Carmen, más que nada por solidaridad femenina, en que lo mejor era plantar cara, que ese chaval parecía dar largas cambiadas, pero la sensatez me lo impidió. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Carmen masculló cuatro o cinco frases más y la empujó a la salida a fumar un cigarro. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Las vi por el ventanal, Carmen hablaba, Gema movía la cabeza de arriba abajo con aquiescencia, conteniendo las lágrimas entre calada y calada de Nobel. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Sufrí la tentación de fumar yo también uno y unirme a aquella charla que, a buen seguro, era más interesante que la doctrina del Tribunal Supremo sobre responsabilidad civil extracontractual y la Ley Hipotecaria sobre el principio de legalidad y legitimación registral. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">Pasaron varios días y no las vi. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Comencé a experimentar cierta desazón por saber el desenlace de aquella historia de amor vía whatsapp. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Al cuarto día me adentré sin convicción en la cafetería y me senté junto al ventanal, al final de la estancia. Ya no llevaba portátil ni tampoco el expediente. Tan solo me acompañaban una nube –en Málaga es un café con leche,<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span>largo de leche y cortísimo de café- y mi móvil.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span>La Audiencia Previa del destartalado Indiana Jones me la habían convocado a un mes vista. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Cuando las vi aparecer mi corazón se desbocó de curiosidad. Se sentaron donde preví que lo harían y entonces Gema comenzó a hablar&#8230;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>Ya está hecho…</em> Lo dijo con la resignación que deja la derrota.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Carmen le preguntó: “<em>¿cómo que ya está hecho, hecho el qué, chatilla</em>?”</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>Que no volveré a hablar con él. Ayer le dije que me dejara en paz, que era un tonto, que no se enteraba de nada.</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Carmen abrió los ojos como platos, incrédula ante aquél arrojo de valentía.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>Peeeeroo, ¿hubo contestación?</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">&#8211;<em>Sí, Carmen, hubo contestación. La sé de memoria: “te lo prometo, haré como me pides”</em> – y fingió dominar la situación, aunque quise ver un par de lágrimas rodar y rodar como dice la canción.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">No pude oír más, porque en ese momento se adentró de sopetón mi hermana en la cafetería, dirigiéndose a mi, gesticulando y dando largas zancadas, portaba una sonrisa de sandía, a mi padre le daban el alta al día siguiente. </span><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Salí de allí con el convencimiento de que no volvería a verlas, la tarde del día siguiente estaríamos en casa. Sin embargo, no fue así, algo se conjuró, supongo, para que no fuera así, pues hubo una confusión en la fecha del alta, no sería ese jueves, sino el viernes, bendito viernes.</span><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">Bajé a la cafetería, a la misma hora, en el mismo sitio, pero no las encontré. En su lugar, y en aquella inmaculada mesa, alguien había dejado un azucarillo abierto que no habían retirado…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">“Si dos personas están destinadas a estar juntas, se encontrarán al final del camino aun tras mil tropiezos”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">A lo lejos, la camarera, que solía retirar los servicios del restaurante, me lanzó un guiño…, pero eso, eso es otra historia.</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
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		<title>Las gallinas no son, no, animales de compañía</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/10/27/las-gallina-no-no-animales-compania/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Oct 2016 05:30:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
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					<description><![CDATA[No fue casualidad, en palabras de Gotthold E. Lessing, que me designaran de oficio para asumir la defensa de la pretensión de Gaspar. No, yo creo que el azar se confabuló misteriosamente para ello, seguramente por mi “particular” visión del derecho. Gaspar vivía en el quinto piso, letra A, del bloque de viviendas residenciales situadas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">No fue casualidad, en palabras de Gotthold E. Lessing, que me designaran de oficio para asumir la defensa de la pretensión de Gaspar. No, yo creo que el azar se confabuló misteriosamente para ello, seguramente por mi “particular” visión del derecho.</p>
<p style="text-align: justify;">Gaspar vivía en el quinto piso, letra A, del bloque de viviendas residenciales situadas por encima del ferrocarril suburbano de Málaga a Fuengirola, cuya suerte se denomina del Tomillar, pago de Arroyo de la Miel, término de Benalmádena.</p>
<p style="text-align: justify;">Justo encima, en el ático, se encontraba la vivienda de Damián, la cual y como plusvalía, gozaba de una amplísima terraza a nivel, que tenía la consideración de cubierta del edificio y, en evitación de disquisiciones doctrinales, el título constitutivo de la ordenación del inmueble en régimen de propiedad horizontal la catalogaba como elemento común por naturaleza, pero atribuyendo un uso exclusivo de la misma al propio ático.</p>
<p style="text-align: justify;">Damián no era ornitólogo, no, ni biólogo ni nada parecido, cosa que, en principio, pudiera haber arrojado alguna luz sobre aquella modificación esperpéntica de aquel elemento común.</p>
<p style="text-align: justify;">Según me comentó Gaspar en la primera entrevista, aquél había construido en el ático y sin consentimiento de los restantes propietarios una suerte de estructura metálica que abarcaba el 90 por ciento de la superficie de la terraza. La estructura de aquella quedaba cubierta en un extremo por un tejado simple, formado por dos piezas de contrachapado que servía para proteger ese espacio de las inclemencias del tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">Como se puso de manifiesto en el posterior reconocimiento judicial, aquel artefacto tenía varias áreas bien diferenciadas. Uno denominado de perchas, consistente en una especie de vara gruesa de madera que colgaba entre los muros de la malla metálica; otra de nidos, consistente en cestas de madera recubiertas de paja, al objeto de servir para tal fin; y otra, en la que las cajas estaban recubiertas de una especie de polvo –que según supe después servía para alejar de olores a los animales y para el divertimento de éstos-.</p>
<p style="text-align: justify;">Escuchaba a Gaspar y hacía un esfuerzo por no apremiarle a que me dijera qué animales tan perturbadores eran los que había en aquella estructura. Su desazón me parecía afectada, desproporcionada. No había, o mejor dicho, yo no hallaba una relación directa y causal entre aquella desazón y unos cuantos agapornis enjaulados. Agapornis, palomas, loros o periquitos, que era lo que realmente yo estaba en aquel momento visualizando. Me equivocaba de plano. Damián no era Birdman, (aquél sensible hombre que encarnaba Burt Lancaster en Alcatraz), era bastante más vulgar; lo que aquella estructura contenía entre “rejas”, (nunca mejor dicho), eran ni más ni menos que dieciséis gallinas y un gallo.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo del gallo lo sabía bien Gaspar, a resultas de aquel graznido desgarrador que de forma impenitente se repetía una y otra y otra vez cada amanecer.</p>
<p style="text-align: justify;">La comunidad de Propietarios, pese a las quejas de mi cliente, no quiso tomar cartas en el asunto, básicamente porque el propietario del ático mantenía en buen estado de uso la terraza, no había malos olores, ni filtraciones, ni tampoco parecían provenir ruidos molestos o desagradables, perturbadores de la paz de la comunidad; durante la mañana, el cacareo de los animales se diluía como un azucarillo en el café con los ruidos del exterior de la propia urbe: bocinas de vehículos, gritos, música… Tampoco había problemas por la noche, ya que el común de los mortales sabe que estos “animalillos” se recogen tempranito. Es más, según constaba en el Acta de la Junta de Propietarios de 30 de marzo de 2000, generaban más reproches, por ruidosos, “Yuri”, o “Kira”, como consecuencia de sus ladridos intempestivos sin causa o motivo aparente alguno, por lo que lo del graznido del gallo se quedaba, en decibelios y molestias, un tanto por debajo de ambos canes.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“Acuerdo sobre la instalación de una jaula tipo pérgola por el propietario del ático en terraza a nivel y cría de aves en su interior.-</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>… El vecino del ático B, manifiesta no sufrir perturbaciones procedentes del ático A, queriendo hacer constar que sí las sufre por las que generan los perros de los señores del 4ºA y 5ºC, ya que ladran incesantemente cuando están solos en casa. El vecino del 3º B toma la palabra para añadir que ladran a cualquier hora del día y de la noche y que a él no le molestan ni las gallinas ni esa estructura, mientras que no tenga que pagar derrama alguna por la impermeabilización de la terraza. Replican varios propietarios asintiendo y se genera un largo cambio de impresiones sin que se adopte ninguna medida. Pese al requerimiento del vecino del 5ºA afectado, no se adopta por la Junta autorizar al presidente a adoptar medidas judiciales algunas&#8230;»</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;">Así pues, planteado en aquellos términos el debate, lo que estaba claro es que el propietario del ático había alterado un elemento común sin haber obtenido el consentimiento de los demás. Alterado, sí, porque había cambiado la forma o esencia de la terraza; se trataba obviamente de obras que además NO beneficiaban en absoluto a la comunidad, ya que con independencia de ruidos o no, condiciones de salubridad e higiénico-sanitarias, el único que se beneficiaba de aquello era el propio Damián, bueno, Damián y el presidente de la Comunidad de propietarios, como se reveló en el interrogatorio del vecino del 5º B, Claudio Berrinchón Ideistaguístegui, hombre metódico, prosopopéyico e imparcial, que si bien manifestó no oír ruido alguno de las gallinas por padecer lo que dijo ser hipoacusia conductiva (lo que viene siendo sordera), no era menos cierto que “<em>el Presidente no había tomado cartas en el asunto porque en realidad se beneficiaba de los huevos que el demandado le proporcionaba, lo cual lo manifestaba por conocerlo de primera mano, al observar que en más de una ocasión bajaba aquél con una cesta camino de la vivienda del presidente</em>”.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que S.Sª y yo, a excepción de las partes, el Letrado contrario y el propio testigo, tuvimos la misma visión, porque por el rabillo del ojo pude ver cómo se contenía para no soltar la carcajada. El Sr. Berrinchón no era más que Mr. Yunioshi –el irascible y cotilla vecino japonés de Holly, en “Desayuno con diamantes”- acechando por la mirilla de la puerta para, acto seguido y en un alarde de astucia y disimulo, salir al hueco de la escalera para vigilar la jugada. Claro que el Sr. Berrinchón no tenía los ojos rasgados, ni llevaría pañuelo anudado a la cabeza, sino chapela, pero ambos detalles eran de naturaleza accesoria.</p>
<p style="text-align: justify;">No me planteé y así se lo hice saber a Gaspar, la oportunidad de formular acción de cesación de actividades, por las especiales características de la misma y requisitos de procedibilidad (art. 7.2 de la LPH). Gaspar pretendía, más que la retirada de la estructura por alteración del elemento común, más que devolver la terraza a su estado original, con respeto del destino y en la forma y condiciones en que se encontraba en origen, al desalojo de las aves de corral y, así planteado entendí que sólo el Presidente, previa autorización de la Junta convocada al efecto, podría ejercitar la acción de cesación.&nbsp;Tan sólo en casos de inmisiones acústicas se había admitido la legitimación activa de un propietario, frente a la dejadez del Presidente y la Junta, pero no con base tanto en la acción de cesación, sino más bien en la que derivaban de los artículos 1902, 1908 y 590 del código civil, pasando por la protección directa de derechos fundamentales a la intimidad personal y familiar en el ámbito domiciliario o por normas internacionales como el Convenio de Roma en su artículo 8.</p>
<p style="text-align: justify;">La única vía para desalojar aquellos animales perturbadores sería a través de la acción prevista en el artículo 7.1 de la Ley de Propiedad Horizontal, obligando al propietario a desmantelar aquella estructura y, como&nbsp;consecuencia directa, las aves gallináceas, como así finalmente sucedió, desestimándose tanto en primera como en segunda instancia la excepción de falta de legitimación activa de Gaspar, al considerarse correcta la legitimación de este copropietario para actuar en beneficio de los intereses de la comunidad, máxime cuando las pretensiones que se ejercitaban en el proceso iban referidas a las modificaciones en elemento comunes y al régimen general sobre el uso de los pisos…</p>
<p style="text-align: justify;">Y sucedió tal y como había previsto, siendo innecesaria la denuncia ante el Ayuntamiento por infracción de la normativa sobre tenencia de animales.</p>
<p style="text-align: justify;">Nueve meses aproximadamente después, el ático había sido vendido a un joven fotógrafo y Damián, según me hizo saber Gaspar, se trasladó a Coín, donde había montado una empresa de venta de aves y huevos de corral, aunque este extremo lo supo por el Presidente de la Comunidad que seguía manteniendo cierto contacto con aquél.</p>
<p style="text-align: justify;">No supe nada más de Gaspar, ni de Damián, tampoco del “personaje” del Sr. Berrinchón, quien curiosamente había despertado en mí cierta corriente de simpatía. NO, hasta concretamente el verano de hace tres años en que ojeando por internet me sorprendió la noticia…</p>
<p style="text-align: justify;"><em>«La Policía Nacional detuvo el pasado día 31 de mayo en Benalmádena (Málaga), a un hombre como presunto autor de un delito relativo a la prostitución, ya que, al parecer, alquilaba las habitaciones a mujeres para que ejercieran la prostitución, exigiéndoles una parte del dinero que cobraban a los clientes. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>La investigación se inició a raíz de la denuncia formulada por un vecino del inmueble, que responde a las iniciales de C.B.I., en el que revelaba las «extrañas» actividades existentes en el ático de la vivienda de la urbanización del bloque de viviendas residenciales situadas por encima del ferrocarril suburbano de Málaga a Fuengirola, en Arroyo de la Miel, Benalmádena, en la que había un «intenso» trasiego de personas las 24 horas del día todos los días.</em></p>
<p><em>El inmueble era propiedad de un ciudadano español que se hacía pasar por fotógrafo, quien arrendaba las habitaciones a mujeres para que ejercieran la prostitución. Además, les pedía una parte del dinero que cobraban a los clientes…»</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;">Pero eso, eso es otra historia.</p>
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