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	<title>derecho penal Archivos - MJLetrada</title>
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	<description>MJLetrada, abogada experta en Derecho Penal, Civil y Consumo con valores definidos.</description>
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		<title>La detención del Rey Baltazá</title>
		<link>https://mjletrada.es/2018/12/21/la-detencion-del-rey-baltaza/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Dec 2018 07:30:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[-“Este es el servicio automático del servicio de guardias y asistencia a detenidos. Se ha intentado contactar con su teléfono a las 05.35 del día 04/01/2017. Le rogamos que se ponga en contacto con Policía, Brigada de Extranjería y Fronteras del Aeropuerto de Málaga”- sonó una alocución en medio de la madrugada. Debía de ser [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">-“Este es el servicio automático del servicio de guardias y asistencia a detenidos. Se ha intentado contactar con su teléfono a las 05.35 del día 04/01/2017. Le rogamos que se ponga en contacto con Policía, Brigada de Extranjería y Fronteras del Aeropuerto de Málaga”- sonó una alocución en medio de la madrugada.</p>
<p style="text-align: justify;">Debía de ser un error, porque no recordaba que estuviera de guardia ese día, así que eché mano del ordenador, de la tarjeta criptográfica, del lector y, voilá, no estaba de guardia. No obstante, desvelada por el error, contacté con el aeropuerto para notificar que el programa había cursado una solicitud a un Letrado que no era el designado para la guardia.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Aquí extranjeros, al habla el inspector Cursac… No, no está usted de guardia, ha sido designada expresamente por el extranjero que está aquí retenido. Dice llamarse Baltazá, desconocemos nacionalidad, ha sido interceptado en el control de frontera al portar en la maleta un objeto con una sustancia viscosa desconocida que ha sido entregada a policía científica para su identificación, análisis y pesaje. Estamos preparando el atestado, procederemos a incoar expediente de iniciación del procedimiento preferente de expulsión e interesaremos como medida cautelar el internamiento en un CIE… No, no, no acredita domicilio fijo o estable conocido en España, no, tampoco arraigo. Alega, eso sí, una causa excepcional a tener en cuenta que permita valorar otra consideración diferente a la expulsión, sí, pero eso ya lo tratamos cuando usted se persone, Letrada”.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto último lo dijo con cierto retintín, que me pareció hiriente e innecesario en esos momentos.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi sistema nervioso no estaba preparado a esas horas de la madrugada para procesar información alguna, era incapaz de elaborar una respuesta motora y mental adecuada, así que me limité a decir que estaría allí lo más pronto posible.</p>
<p style="text-align: justify;">Estaba claro que la acción de la “sinapsis neuronal” en la transmisión de la información en mi caso era de inhibición, pues estaba totalmente bloqueada. Es más, no tenía almacenado en mi sistema nervioso información alguna del tal Baltazá, porque al único que yo recordaba en esos momentos era a un Rey negro, al que solía escribirle todos los años…</p>
<p style="text-align: justify;">Baltazá usaba una vestimenta algo peculiar, parecía sacado de la modista Sara Luque; llevaba un traje de seda color mandarina con tiras bordadas en dorado y una capa damasco en color marfil y capelina blanca. Habría jurado allí mismo que el personaje en cuestión no era ni más ni menos que un actor contratado por la Concejalía de Fiestas y el presidente de la Agrupación de Cofradías de Málaga para salir en cabalgata, pero la cara&nbsp; avinagrada del instructor no me dio pie a hacer derecho creativo ni a lo zaino.</p>
<p style="text-align: justify;">Y si caricaturesca era su apariencia externa, lo que argumentó después no le iba a la zaga en esperpéntico. Baltazá provenía de Oriente, pero era incapaz de recordar, después de 2017 años de vida, el lugar concreto de su origen. Argumentaba ser Rey y rey Mago, lo que añadía como una plusvalía a su persona, pero mago no en plan&nbsp; Juan Tamariz –él no jugaba con los naipes ni sacaba conejos de chisteras ni monedas de las orejas- del que había oído hablar hacía años; tampoco se asemejaba a Anthony Blake, pues no sometía a la gente a pruebas mentales de ningún tipo en el que, finalmente, de lo único que pudieran estar seguros es de su propia mente. Más bien, en su caso, su mera existencia estaba basada en el deseo mismo de los demás, de millones de niños y niñas del mundo entero que cada año, de forma pertinaz e impenitente, dirigían una carta repleta de deseos y buenas intenciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Le pregunté quién le había recomendado que le asistiera yo, pues no recordaba que le hubiese asistido con anterioridad o que nos conociéramos de antes y sin cortarse un pelo me espetó: “ay, habibi, porque tú siempre me escribes a mí”.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegados a ese punto no me atreví a preguntarle por la sustancia viscosa y dorada no fuera a argumentar que era mirra.</p>
<p style="text-align: justify;">Me dirigí al instructor con cierto recelo y preocupación a partes iguales y le solicité entrevistarme en su despacho, en privado, pues quería intercambiar con él cierta información.</p>
<p style="text-align: justify;">-Sr. Cursac, tenemos un pequeño problema. Un problema de identidad anejo a otro de inmunidad de jurisdicción.</p>
<p style="text-align: justify;">Cursac demudó…</p>
<p style="text-align: justify;">¿Recuerda usted el Auto de 26 de julio de 2010, dictado en Huelva por el Magistrado de instrucción núm. 4, en las Diligencias Previas 1861/2010?- dije yo sin ambages ni circunloquios.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿A dónde quiere ir usted a parar, Letrada? No me venga con jurisprudencia menor que su cliente tiene menos papeles que un grillo y encima, si sigue hablando, más que al CIE vamos a solicitar un internamiento no voluntario en un centro psiquiátrico, eso a expensas de lo que diga científica, pues a ver qué diantres es esa sustancia viscosa que todo parece indicar que es mdma.</p>
<p style="text-align: justify;">-“A ver, a ver, hoy es día cuatro de enero, este ciudadano cuyo origen oriental no está determinado dice llamarse Baltazá, argumenta ser rey y rey mago. Tenemos serias dudas de su identidad; bien, imagínese que se trata del Rey mago Baltasar, estaríamos como dice esa resolución ante un supuesto de inmunidad de jurisdicción que impediría la acción de los Tribunales españoles. De otro lado, piense conmigo, hace más de dos mil años que no se resuelve la polémica en torno a su verdadero país de origen, dígame entonces si no es un hecho imposible su expulsión, no cabe retorno a ningún sitio. Carece de documentación, no le constan antecedentes aquí en España y la sustancia viscosa esa de la que usted habla, pues igual hasta es mirra… Piense por un momento, ¿cabría acreditar en este caso una causa excepcional a tener en cuenta que permita valorar otra consideración diferente a su expulsión?&#8230; Piense por un momento -volví a repetir- en el interés superior del niño, en consonancia con la Convención sobre los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, que como sabe es una consideración primordial de los Estados miembros al aplicar la Directiva de retorno. Imagínese usted el titular en la Opinión de Málaga “detenido el Rey Baltasar” “los niños se quedan sin cabalgata”…</p>
<p style="text-align: justify;">La cara del instructor enrojeció hasta el límite de las orejas y temí una arenga incendiaria por su parte. Se recompuso durante unos instantes y se volvió para el interfono.</p>
<p style="text-align: justify;">-Rodrígueeeeeez, páseme con el Juez de Guardia, con la Concejalía de fiestas, con la Agrupación de Cofradías y tráigame dos cafés, haga usté el favor.</p>
<p style="text-align: justify;">¿cómo lo quiere, Letrada? -Dijo con el mismo timbre de voz autoritario-</p>
<p style="text-align: justify;">-Con leche de soja –dije con un hilito de voz imperceptible.</p>
<p style="text-align: justify;">El juez de Guardia argumentó que si no se interesaba internamiento alguno carecía de competencias sobre al asunto y que tratándose de una cuestión administrativa el cauce debía ser otro, a salvo de que efectivamente la sustancia interceptada fuera de las que causaban daño a la salud.</p>
<p style="text-align: justify;">El laboratorio químico-toxicológico de la Brigada de Policía científica de Málaga emitió informe acerca de la sustancia aprehendida, concluyendo que la sustancia de naturaleza mineral de color pardo-rojiza, que arrojaba un peso neto de 508,09 gramos y que había sido sometida a análisis organoléptico, colorimetrías, análisis cualitativo por cromatografía de gases, por espectrometría de masas y por cromatografía de gases con detector de ionización de llama, había arrojado un resultado negativo a cualquier compuesto tóxico, siendo a todas luces mirra.</p>
<p style="text-align: justify;">La Agrupación de Cofradías y la Concejalía de Fiestas se mostraron al unísono conformes con la contratación de Baltazá como Rey Mago, ya que así se quitaban de un plumazo la ardua tarea de organizar tal asunto y determinar qué&nbsp; concejal asumiera el cargo.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, finalmente, Baltazá asumió el compromiso de marcharse el día 7 de enero con el pasaje a Egipto, cuyo coste fue asumido por Asuntos Sociales y Stop Racismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Me quise despedir de él, pero iba en volandas entre la concejal y el presidente de la Agrupación de Cofradías, más contento que yo con un bocata de lomo.</p>
<p style="text-align: justify;">Volví tras mis pasos y me percaté de que me había dejado el maletín y el bolso en el despacho de Cursac, así que entré para recogerlos y allí estaba el agente, redactando lo que pensé que era la minuta a la que se refiere el artículo 294 de la lECr, una especie de relación verbal circunstanciada de los hechos.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, lo que estaba escribiendo era algo que no iba&nbsp; dirigido ni al Ministerio Fiscal ni al Juez de instrucción, sino al mismísimo Baltazá, pero eso, eso es otra historia…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Este post va dedicado especialmente a mi amigo Jorge García Herrero, una estupenda persona y un brillante profesional al que todos debieran seguir&nbsp;<a href="https://jorgegarciaherrero.com/blog">https://jorgegarciaherrero.com/blog</a> y al que autorizo expresamente a que lo enlace con su web como regalo por Navidad.</p>
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		<title>Un fantasma de don Juan</title>
		<link>https://mjletrada.es/2018/06/21/fantasma-don-juan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Jun 2018 06:30:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
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					<description><![CDATA[La puerta de la Sala se entreabrió y de la misma salió la agente judicial a voz en grito: -Letrada Monteeeeeeeeeeero. Me levanté de un sobresalto, aún estaba hojeando las últimas páginas de mi escrito de conclusiones, subrayando aquellas palabras en las que pretendía poner énfasis sobre la falta de tipicidad de los hechos. Me [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La puerta de la Sala se entreabrió y de la misma salió la agente judicial a voz en grito:</p>
<p style="text-align: justify;">-Letrada Monteeeeeeeeeeero.</p>
<p style="text-align: justify;">Me levanté de un sobresalto, aún estaba hojeando las últimas páginas de mi escrito de conclusiones, subrayando aquellas palabras en las que pretendía poner énfasis sobre la falta de tipicidad de los hechos.</p>
<p style="text-align: justify;">Me encaminé a la sala sorteando a compañeros, testigos y acusados que esperaban con auténtica ansia viva entrar a Sala. La vista de aquéllos estaba señalada con anterioridad a la mía y no entendí muy bien ese cambio en los planes de la Sala.</p>
<p style="text-align: justify;">-Soy yo, agente, contesté entre azorada y aturdida.</p>
<p style="text-align: justify;">-El Fiscal quiere hablar con usted, contestó aquélla de manera seca y cortante.</p>
<p style="text-align: justify;">Los demás observaban la escena entre incrédulos y cabreados. ¿Por qué se me hacía pasar a mi antes, si mi juicio estaba entre los últimos del día?, se preguntaban, clavando sus miradas en mi toga.</p>
<p style="text-align: justify;">Anastasio Buendía, cuya defensa me había sido designada, era un hombre de mediana edad, cuyo físico pasaba desapercibido. Medía poco más o menos que un metro sesenta y, si bien era un tipo enjuto, tenía una tripa cervecera incipiente y una calvicie fruto de una alopecia temprana. Sus ojos, pese a ser de un tamaño insignificante eran de un color azul grisáceo que no te dejaban indiferente. Quizás eran sus ojos lo único reseñable de aquél. Eso y su labia. Era el típico trolero que te vendía la Cibeles a poco que te pillara con las defensas bajas.</p>
<p style="text-align: justify;">Había sido imputado –investigado- por una presunta “estafa del amor”. Sin embargo, no quedaba nada claro de un lado, que se utilizara “engaño bastante”, como tampoco, del otro, que aquellos actos generosos por parte de la perjudicada hubiesen supuesto un acto de disposición en perjuicio propio.</p>
<p style="text-align: justify;">-A ver, Letrada, a la vista de la ausencia de la testigo, siendo ésta la segunda vista que se ve suspendida por su incomparecencia, ¿hay alguna posibilidad de llegar a un acuerdo?</p>
<p style="text-align: justify;">¿A un acuerdo? No entendía muy bien por qué en mi sano juicio iba a querer alcanzar un acuerdo. Efectivamente, Lorena, que así se llamaba la testigo, era la segunda vez que no comparecía ante el Tribunal y lo que me sospechaba, no iba a querer comparecer jamás. Sin prueba suficiente de cargo, evidentemente no cabía más que absolver. Aquello podía considerarse un regalo, nada insignificante, desde luego, dado que se trataba de un IWC aquatimer. Pero un regalo al fin y al cabo en función de la capacidad económica de la testigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Lorena, según las actuaciones, había mantenido un romance con Anastasio durante meses. Se conocieron por redes y pronto comenzaron a entablar una amistad. De ahí, se lanzaron a los mensajes privados.</p>
<p style="text-align: justify;">En principio eran conversaciones triviales, acerca de su trabajo, sus aficiones, hijos, teatro, música y espectáculos, deporte, incluso política… Pero poco a poco se fue creando un lazo intenso entre ambos, al menos así lo creía firmemente Lorena.</p>
<p style="text-align: justify;">Afortunadamente para Anastasio nunca se pudieron recuperar del todo los documentos y conversaciones del whatsapp y, sinceramente, después de lo leído podrían hacer daño a ambos. No sólo por lo subido tono de aquéllas, sino por las imágenes explícitas que aquélla decía que se habían mandado.</p>
<p style="text-align: justify;">Evidentemente, Anastasio utilizaba un perfil falso, más falso que una moneda de siete pesetas del Rey Miguel, como dice mi padre. De haberse mostrado tal cual era y no sólo físicamente, Lorena no habría reparado en él.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo único destacable en Anastasio, lo confieso, eran aquellos ojos que parecían dos océanos y su capacidad para darte una doble cambiada, esa facultad de ser el hombre que cada mujer necesitaba. Tenía esa cualidad de adoptar el papel que más atrapara a su víctima.</p>
<p style="text-align: justify;">Entramos en Sala. Anastasio se vistió para la ocasión con un impecable traje de Pal Zileri y deslumbrantes castellanos o quizás Sebago clásicos, (no estaba totalmente segura), en cuya piel se reflejaba la luz artificial de la sala.&nbsp; No, no estaba nervioso, parecía un torero con la pose de “a portagayola”, con la arrogancia de alguien que maneja cualquier escenario. Seguro de sí mismo, con un porte y un tronío que me dejó noqueada.</p>
<p style="text-align: justify;">Como era de esperar, hice notar al tribunal que la testigo parecía no querer declarar, y aun cuando no estaba amparada por la facultad que confería el 416 de la Lecr., pues no podíamos considerarla como persona unida por relación análoga a la matrimonial, nadie insistió en su testimonio, ni siquiera el Fiscal, dado que era más que evidente la estigmatización que el recuerdo de los hechos podría ocasionar a la víctima.</p>
<p style="text-align: justify;">Pude acreditar que el dichoso desplazamiento patrimonial, aquel regalo costoso, no era más que fruto de un acto de amor, cuya devolución no procedía como tampoco considerar que aquello fuera una estafa, argumenté lo que mi cliente con absoluto desparpajo e histrionismo depuso ante el impertérrito juez de lo penal número 4:</p>
<p style="text-align: justify;">-«Señoría, no entiendo muy bien por qué se me acusa de estafa, yo estaba y aún lo estoy, enamorado de esa mujer. Estoy desolado, pues tras desvirtualizarme no quiso saber nada de mí. Aquél regalo que recibí era un reloj, por mi cumpleaños, que me fue enviado por una empresa de transportes con una carta que aún conservo, pero que no le he dado a mi abogada porque considero que no vienen al caso poner de manifiesto aquellas declaraciones de amor y porque además no quiero vulnerar su derecho a la privacidad».</p>
<p style="text-align: justify;">Yo sólo rezaba para que no hiciera uso de la última palabra…</p>
<p style="text-align: justify;">La sentencia recogió entre los hechos probados lo siguiente:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“A tenor de la prueba practicada en el acto del juicio, valorada conforme a lo dispuesto en el artículo 471 de la LECrim, no es posible afirmar que el acusado durante una relación íntima y duradera en el tiempo embaucara a la testigo, utilizando engaño bastante para que ésta realizara el acto de disposición consistente en un reloj IWC aquatimer, valorado en 5600€.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>A tal efecto, ha resultado determinante en orden a formar la convicción del Juzgador, la ausencia de prueba de cargo alguna para desvirtuar el principio de presunción de inocencia que ampara al mismo, máxime cuando no se ha podido contar con la declaración de la perjudicada, quien no ha comparecido en tres ocasiones, pese a estar citada, negando el acusado la existencia de engaño. Lo que queda corroborado con varios mensajes de whatasapp que constan al folio 155 de las actuaciones, en el que ambos mantienen un trato íntimo, cariñoso, acorde con una relación sentimental</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Por todo ello, al no haber sido practicada en el acto del juicio oral ninguna prueba de cargo capaz de determinar la autoría del acusado y su intervención en los hechos, y dado el principio de presunción de inocencia, procede el dictado de una sentencia absolutoria…”</em></p>
<p style="text-align: justify;">A los seis meses y escasos días recibí un mensaje privado de tuiter de un perfil al que creía que no seguía. Rezaba algo así como “nunca hables con extraños, Letrada&#8230;”, pero eso, eso es otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">Las fotos que ilustran la entrada son de Mark Street &nbsp;y de Olu Eletu vía unplash, a los que les agradezco su profesionalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Los zapatos rojos de María Magdalena</title>
		<link>https://mjletrada.es/2017/06/01/los-zapatos-rojos-maria-magdalena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 01 Jun 2017 05:30:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
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					<description><![CDATA[“-Tiene la palabra la defensa para informe.” … Me quedé pasmada, desconcertada, con la mirada fija en aquellos zapatitos rojos que llevaba mi representada acordonados a su tobillo. Vestía un traje negro con remates rojos, simulando un traje pret â porter de Carolina Herrera. Si no hubiese sido&#160;por los antecedentes personales que constaban en autos, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">“-Tiene la palabra la defensa para informe.” …</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Me quedé pasmada, desconcertada, con la mirada fija en aquellos zapatitos rojos que llevaba mi representada acordonados a su tobillo. Vestía un traje negro con remates rojos, simulando un traje pret â porter de Carolina Herrera. Si no hubiese sido&nbsp;por los antecedentes personales que constaban en autos, podría haberse afirmado sin ambages que era la viva imagen de la firma.</p>
<p style="text-align: justify;">No había reparado en ellos hasta ese preciso instante, quizás porque estaba tan ansiosa por manejar el debate, las preguntas, concentrarme en los detalles de las respuestas, el lenguaje no verbal…, que una vez que se había desarrollado la prueba reparé en ellos; aunque más bien, no fue sino aquel destello de luz que a modo de refracción se proyectó en los zapatos lo que llamó mi atención. Ese tintineo del reloj del Magistrado en los zapatos me dejó estupefacta y atontada. Y al igual que aquel rayo incidente atravesaba de un medio a otro cambiando su dirección a distinta velocidad, de la misma manera me proyectó a mi a otro momento y en otra dirección…</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">“-Letrada… Vuelva”. Reclamó un tanto impaciente y a la par desconcertado S.Sª.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Señoría, para interesar una sentencia absolutoria con toda clase de pronunciamientos favorables, en tanto en cuanto consideramos que si bien concurren los elementos del tipo, no así la antijuridicidad de la conducta…”. Mis palabras no eran mías, sino de mi profesor de parte general de derecho penal, don José Luís Díez Ripollés que, con precisión milimétrica y quirúrgica, nos hizo distinguir los elementos del tipo de lo injusto, la antijuridicidad y la culpabilidad dentro del concepto del delito.</p>
<p style="text-align: justify;">“Señoras y señores, como dice el gran Cerezo Mir, la concurrencia de una acción o una omisión, la tipicidad, la antijuridicidad y la culpabilidad son los elementos esenciales del concepto de delito. No olviden que estos distintos elementos están en una relación lógica necesaria. Sólo una acción u omisión puede ser típica, solo una acción u omisión típica puede ser antijurídica y sólo una acción u omisión antijurídica puede ser culpable, no lo olviden jamás”.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Magda (María Magdalena) había sido imputada por un presunto delito de lesiones causadas a un sujeto en el transcurso de una discusión por la prestación de sus servicios profesionales en el interior de un vehículo, en uno de los pinares más conocidos de Torremolinos.</p>
<p style="text-align: justify;">El cliente en cuestión, un ciudadano de dudosa moralidad y reputación y cuya edad, estado civil y nacionalidad no viene al caso, una vez realizado el servicio no sólo no quiso pagar, sino que entablada una agria discusión respecto al cobro, de manera inopinada, sorpresiva, inmotivada e imprevista, sacó un cútter del cual intentó zafarse aquélla, originándose entonces un forcejeo durante el cual resultó lesionado en el dorso y pierna derecha, con varias incisiones de carácter lineal de unos diez centímetros de longitud aproximadamente cada una de ellas, pero de escasa penetración.</p>
<p style="text-align: justify;">Respecto a ella, eran evidentes las lesiones en el ojo, equimosis dispersas digitiformes en el cuello, brazo derecho, cara central de la muñeca y cortes generalizados y lineales en ambas manos con herida incisa de dos centímetros superficial en la cara palmar de la segunda falange del segundo dedo de la mano derecha (según extracto del Médico Forense).</p>
<p style="text-align: justify;">La casualidad quiso que los agentes 067 y 015 del indicativo L-205 fueran avisados por un vecino que paseaba a su perro al detectar éste cierto forcejeo y gritos, al parecer de una mujer, en un vehículo, en las proximidades a la fuente del Pinar, a la altura de Aquapark.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">La sentencia determinó que, en el caso de autos, las lesiones fueron causadas por Mª Magdalena en el curso de una pelea, lo que si bien en principio podría conducir a la apreciación de la existencia de una riña mutuamente aceptada, de modo que quedaría excluida la legítima defensa, sin embargo, de los hechos probados, la pericial obrante en autos, la mayor verosimilitud de la declaración de aquella en concomitancia con lo depuesto por el Médico forense en cuanto a la naturaleza, ubicación y dirección de las heridas superficiales provocadas por el cúter, debía concluirse que la reacción de Magdalena no fue más que un reflejo defensivo frente a la agresión que estaba sufriendo, no pudiéndosele exigir más allá de lo que situaciones como la de autos pudiera ser el normal desenvolvimiento de los acontecimientos. La reacción de aquélla, pues, se situó en la acción agresiva previa de su cliente, no pudiendo desvincularse de la misma&nbsp;y considerarse autónoma, sino más bien como respuesta defensiva que por las circunstancias concurrentes que la rodeaban había de considerarse legítima.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Al notificarle la sentencia me sorprendió su actitud hierática, inexpresiva, no supe en ese instante si por su pleno convencimiento en que debía ser absuelta o por su extrema confianza en la defensa desarrollada. No tardé en salir de dudas.</p>
<p style="text-align: justify;">“-Al ver tu nombre en mi designación no te reconocí, pero al verte en el juzgado rápidamente supe quién eras. También comprendí que tú a mi no me reconocieras, no sé si por la mella que en mi aspecto han hecho los años, por la mala vida que he llevado desde entonces o porque va a ser verdad que los recuerdos malos se desvanecen más rápido, despareciendo de nuestra memoria.</p>
<p style="text-align: justify;">Eso ahora me tiene sin cuidado, sí sé que ya sabes quien soy. Más bien lo supe el día de la vista, cuando te quedaste paralizada con el reflejo de la luz en mis zapatos rojos…” &#8211;</p>
<p style="text-align: justify;">Su actitud había dejado de ser hierática, para tornarse en una solemnidad molesta e innecesaria. No sabía a dónde iba a llegar, si bien no aprecié un ápice de hostilidad o burla, antes al contrario.</p>
<p style="text-align: justify;">“-Siento mucho aquellas burlas en el recreo por tus botines rojos, aquellos que llevabas anudados en los tobillos, como ves, la vida tiene extrañas maneras de darte una lección…”</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Pero eso, eso es otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>El internamiento no voluntario de Juan Ignacio de Sesmes</title>
		<link>https://mjletrada.es/2017/04/12/internamiento-no-voluntario-juan-ignacio-sesmes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Apr 2017 05:30:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[El hedor era insoportable y los 37º no ayudaban en absoluto a paliar sus efectos. El aire acondicionado del juzgado por enésima vez se había estropeado y, en lugar de expulsar aire frío, lo q hacía, amén de ruido, era expandir por toda la estancia aquel nauseabundo olor. Tanto S.Sª como yo demudábamos la faz [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El hedor era insoportable y los 37º no ayudaban en absoluto a paliar sus efectos. El aire acondicionado del juzgado por enésima vez se había estropeado y, en lugar de expulsar aire frío, lo q hacía, amén de ruido, era expandir por toda la estancia aquel nauseabundo olor.</p>
<p style="text-align: justify;">Tanto S.Sª como yo demudábamos la faz según el imputado se moviera a diestro o a siniestro en aquel sillón de escay, aunque más que moverse padecía azogue. Dado su aspecto, en el que “desaliñado”, como consignó posteriormente el forense, era un eufemismo en toda regla, llegué a pensar que lo que provocaba esos movimientos involuntarios en él no eran más que las chinches.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo similar pareció representársele a Don Cosme, titular del Juzgado de Instrucción en funciones de Guardia. Nunca le había visto perder de aquella manera la compostura; cual malabarista, se rascaba el cogote con la mano izquierda, mientras tamborileaba un bolígrafo bic con la derecha y se revolvía en su asiento de arriba abajo poniendo a prueba la ley de la gravedad.</p>
<p style="text-align: justify;">Me sostuvo la mirada suplicante, queriéndome decir sin palabras que no hiciera preguntas. Como si yo pudiera concentrarme entre el hedor, los movimientos involuntarios de ambos, aquellos diminutos animalitos de varias patitas que idealizaba por el cuerpo de aquel sujeto y la soflama en la estancia.</p>
<p style="text-align: justify;">En un momento dado, para distraerme de aquellos designios, dirigí mi mirada a los dos agentes que de pie lo custodiaban. A su derecha, el más joven, tenía el rostro céreo y mostraba sin pudor cierta basca. El más mayor, rozando la segunda actividad, parecía inerte.</p>
<p style="text-align: justify;">En aquellas circunstancias, estaba claro que o cortábamos el interrogatorio o acabábamos siendo atendidos por el 112 por intoxicación de metano u otros gases nobles.</p>
<p style="text-align: justify;">Juan Ignacio de Sesmes había sido detenido por un presunto delito de daños, aunque de presunto tenía bien poco. Su hazaña había sido grabada por las cámaras de seguridad del centro comercial aledaño.</p>
<p style="text-align: justify;">Pese a lo incómodo de la situación, ajeno a la realidad, contra todo pronóstico, aquel comenzó a disparar e hilvanar palabras sin que sujeto, verbo y predicado tuvieran consistencia y sentido alguno, siendo reflejado todo ello por la tramitadora procesal que ya no disimulaba su angustia y fatiga, llevándose, entre pausa y pausa de aquél, una toallita perfumada a la nariz.</p>
<p style="text-align: justify;">Esas pausas también eran aprovechadas por don Cosme, en las que con bizarra intención le hacía ver lo innecesario de continuar el relato, de un lado, y de los beneficios de su silencio en aras a su defensa, del otro (casi me da una alferecía por el juego de palabras).</p>
<p style="text-align: justify;">Estaba claro que aquella inmunda criatura no estaba en sus cabales. De hecho, así lo determinó de forma somera el Médico Forense, quien en un alarde de sapiencia recomendó su ingreso en psiquiatría…</p>
<p style="text-align: center;"><em>INFORME MÉDICO FORENSE</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Clínica Forense, 11 de julio de 1999.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;Ante S.Sª comparece Doña Esperanza Martín Gutiérrez, Médico Forense de este Juzgado, quien tras prestar juramento manifiesta:</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;Que ha reconocido a Juan Ignacio de Sesmes. Se trata de un varón de 35 años que posiblemente tiene antecedentes psiquiátricos desde la juventud. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>No coopera en la elaboración este informe y no aporta documentación médica al respecto. En el momento del reconocimiento presenta un aspecto desaliñado, sudoroso, con un lenguaje disgregado con neologismos y pararrespuestas, alteraciones en la psicomotricidad, posibles alucinaciones auditivas…</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Recomiendo ingreso en psiquiatría…</em></p>
<p style="text-align: justify;">A la vista del informe médico, fue dictado Auto por el que se acordaba el internamiento de Juan Ignacio en el Hospital Clínico de Málaga, librándose a tal efecto oficio a la Policía Nacional, al objeto de que procedieran a auxiliar al traslado del mismo a dicho centro.</p>
<p style="text-align: justify;">Se remitió igualmente oficio Hospital para que procediera a su internamiento en el departamento de psiquiatría de dicho centro y meses después, concretamente el 22 de noviembre de 1999 fue dictado Auto en los siguientes términos…</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“… &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;RAZONAMIENTOS JURÍDICOS</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>ÚNICO.- A la vista del informe médico que obra en las actuaciones, queda demostrada la concurrencia de una causa de exención de la responsabilidad criminal, como es la existencia de una alteración psíquica que impide a la persona ser consciente de su actuación, como establece el artículo 20 del código penal. En el informe remitido por la Unidad de Agudos del Hospital Clínico de Málaga se indica que el denunciado padece esquizofrenia paranoide, con antecedentes de ingresos, unido a la ingesta de sustancias tóxicas que restringe de manera acusada su capacidad de obrar y entender el alcance y consecuencia de sus actos.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>En virtud de lo expuesto, dicto la siguiente</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>PARTE DISPOSITIVA</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Se declara inimputable a don Juan Ignacio de Sesmes Bonilla, al concurrir la causa de exención de responsabilidad criminal prevista en el artículo 20 del código penal, debiéndose proceder al archivo de las actuaciones, con expresa reserva de las acciones civiles que pudieran corresponder a los perjudicados.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Notifíquese a las partes…”</em></p>
<p style="text-align: justify;">Supuse, tras ver el informe de la Unidad de Agudos de psiquiatría, que el caso de Juan sería como el de tantos enfermos psiquiátricos, que en el mejor de los casos sería tratado durante sus fases de brote en las unidades de salud mental, sin más.</p>
<p style="text-align: justify;">No tuve más contacto con Juan Ignacio, pero sí con su madre, quien con sus pocos recursos y habilidades logró muchísimos meses después contactar conmigo en un afán de recibir ayuda no para incapacitar al hijo, como ingenuamente pensé, sino para lograr su internamiento en centro psiquiátrico. Juan Ignacio tenía la tendencia a huir y al abandono, como ella decía.</p>
<p style="text-align: justify;">Y en el verano de 2005, concretamente el día previo al inicio de mis vacaciones estivales, nos volvimos a encontrar en el Juzgado de Guardia…</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“-Señorita, mi Juan Ignacio, cuando no se toma la medicación no le gusta mucho la gente, menos aún los policías, que ná más verlos huye, después de que lo encerraran por lo del destrozo de las motos, ¿recuerda? Usté sabe lo que hemos intentao que lo internen, que lo obliguen a seguí un tratamiento. Y mire usté, ahora ni tratamiento ni ná…”</em></p>
<p style="text-align: justify;">Juan Ignacio abandonó el domicilio y estuvo desaparecido dos semanas. Lo encontraron cerca de los montes de Málaga, pero esto es otra historia…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4369</post-id>	</item>
		<item>
		<title>La inopinada detención de Juan «Button»</title>
		<link>https://mjletrada.es/2017/02/20/4348-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Feb 2017 06:30:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[Recuerdo la primera vez que leí una sentencia suya, la redactaba como Ponente y lo que primero llamó mi atención fue su nombre, por su peculiaridad, “Perfecto A. Ibáñez”. Por entonces, estaba destinado en la Sección 15ª de la Audiencia Provincial de Madrid; en la actualidad, como saben, es miembro del Tribunal Supremo, Sala Segunda. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Recuerdo la primera vez que leí una sentencia suya, la redactaba como Ponente y lo que primero llamó mi atención fue su nombre, por su peculiaridad, “Perfecto A. Ibáñez”. Por entonces, estaba destinado en la Sección 15ª de la Audiencia Provincial de Madrid; en la actualidad, como saben, es miembro del Tribunal Supremo, Sala Segunda. Mi admiración por el personaje, como jurista, ha ido creciendo con los años, como los buenos vinos cogen cuerpo y hechura con el paso del tiempo.</p>
<p style="text-align: justify;">El nombre, acompañado de aquel apellido, se me representaba como una mezcla entre lo cabal y lo cómico, entre lo magistral y lo díscolo.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“La detención no es, ni debe ser, el primer paso de la investigación criminal, sino la consecuencia de otros que acrediten su necesidad”. </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;">Al pronunciarlas yo en la sala, de aquella manera metódica, estudiada, recreándome en cada golpe de voz, sonaron solemnes, sí, pero reconozco que produjeron el mismo efecto en el magistrado receptor de la alocución que en mí los anuncios de artilugios inútiles, inocuos y placebos del canal tele-tienda.</p>
<p style="text-align: justify;">Juan Domínguez demudaba el&nbsp;rostro según quien fuera el interlocutor. A preguntas del Ministerio Fiscal, cetrino, pero cariacontecido cuando quien se dirigía a él era el Magistrado. Sólo parecía llegarle riego sanguíneo a las mejillas cuando era yo quien hacía las preguntas, claro que entonces sí que se sabía las respuestas, debía ser eso.</p>
<p style="text-align: justify;">Sobre las 10 horas del día 28 de marzo de 1999, &nbsp;había sido detenido por una dotación de policía local en el interior de un local de los denominados “after”, conocido como “La mariposa”. Al parecer, según constaba en el propio atestado, los agentes habían sido comisionados por su Sala operativa para que se dirigieran a un callejón de la avenida de Telefónica, aledaña al local, porque los vecinos se habían quejado de la presencia de jóvenes consumiendo bebidas alcohólicas y sustancias estupefacientes&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“-Que una vez personados en el lugar no se encuentran a nadie, por lo que coincidiendo la dirección y el lugar de los presuntos hechos con un bar de los denominados “After”, llamado “La Mariposa”, en el cual los agentes tienen conocimiento de que es habitual el consumo y tráfico de sustancias estupefacientes, se adentran en el mismo a fin de identificar a todos los que allí se encuentren, siendo un total de diez personas, constándoles a la mayoría de ellos antecedentes policiales, procediéndose también a un cacheo superficial de seguridad.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-Que en uno de los cacheos se le localiza al ahora presentado, en su bolsillo, una navaja automática color plateada. Además, en el interior de su cartera cinco pastillas de idéntico tamaño pero de diversos colores, formas y diseños envueltas en una bolsa de plástico transparente.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-Que en la cartera, a su vez, la cual estaba en el interior de una riñonera de color verde, donde también se le encuentran unas tijeras y un pequeño bote de colirio, se le hallan treinta pastillas similares a las anteriores, y un trozo de sustancia vegetal color verde, al parecer marihuana.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>-Que ante todo lo anteriormente expuesto, así como tratarse de un establecimiento conocido por los agentes actuantes como habitual en la compraventa de sustancias estupefacientes, y al existir indicios racionales de criminalidad proceden a su detención, no sin antes informarle del hecho de la misma, de las razones motivadoras de su privación de libertad, así como de los derechos que le asisten según la legislación vigente&#8230;».</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;">Claro que, al igual que yo entonces, ustedes se estarán preguntando, ¿podían los agentes de policía local ejercer funciones de policía judicial? ¿Esa detención podía ser considerada el primer paso de la investigación criminal? ¿Estaba justificado, dentro de las funciones de policía y seguridad ciudadana, la entrada en el local, la identificación y el cacheo de las personas que allí se encontraban? Por otro lado, ¿la condición de consumidor de metilendioximetanfetamina (éxtasis) podría excluir la aplicación del tipo penal? Y en ese sentido, ¿qué cantidad de éxtasis podría considerarse dentro de los parámetros del consumo para entender que la posesión no estaba preordenada al tráfico?</p>
<p style="text-align: justify;">No vayan a pensar que Juan era un tipo de baja estofa, nada más lejos de la realidad, era el menor de cinco hermanos de una familia de las que podríamos llamar clase media-alta, aunque hay quien con cierta inquina y bastante recochineo denominaba “nuevos ricos”, en alusión al pelotazo que el padre del susodicho pegó a cuenta de la venta de unas acciones de cierta inmobiliaria con la que ganó cerca de trescientos millones de las entonces pesetas (como Urdangarín, pero en cutre).</p>
<p style="text-align: justify;">Su vida acomodada le había permitido cursar estudios de bachiller en uno de los centros más elitistas de Marbella con unos resultados académicos tan desastrosos en términos exponenciales que el tutor había requerido en varias ocasiones la presencia de sus padres para informarles de la conducta irresponsable e inmadura del mismo. En la nota informativa hacía constar la apatía notable que presentaba, la desmotivación, el poco tiempo dedicado al estudio, los cambios de humor, pues a menudo pasaba de la euforia a la irritabilidad, mostrando una clara y evidente incapacidad para autorregular sus emociones y el autocontrol de la conducta.</p>
<p style="text-align: justify;">Pese a ello, obtenía recompensas que no merecía, lo que acrecentaba aún más su desmotivación y despreocupación.</p>
<p style="text-align: justify;">Me pareció que más que aquella detención sorpresiva, inopinada, lo que le devolvió a la cruda realidad, no fue ni más ni menos que su paso por la Audiencia, pues ni las influencias ni el dinero de su padre le evitaron verse sometido a la angustia de un destino incierto.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero el desasosiego de Juan duró lo que dura un electrodoméstico con obsolescencia programada…</p>
<p style="text-align: justify;">Casi once años más tarde volví a encontrarlo, sólo reconocí su nombre en el libro de detenidos. Estábamos a la par. Él tampoco me recordaba, esta vez lo que parecía cocaína no sólo le había robado lustre, sino también la memoria. No sé por qué extraña razón aquel hombrecillo se me asemejó al tipo aquél de la película que protagonizaba el guaperas de Brad Pitt, sí, a Benjamin Button.</p>
<p style="text-align: justify;">Al proceder el instructor a la lectura de derechos sólo manifestó de manera mecánica, artificiosa y afectada: “la detención, agente, es ilegal, y usted y la letrada saben que ésta no ha de ser el primer paso de la investigación criminal…”</p>
<p style="text-align: justify;">Pero eso, eso es otra historia.</p>
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		<item>
		<title>Dos hombres y una hamaca</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/07/21/dos-hombres-una-hamaca/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Jul 2016 05:30:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
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					<description><![CDATA[El calor afuera era insoportable. Hacía mes y medio que habíamos entrado de lleno en el otoño y aún no nos había dado tregua el termómetro. En el despacho más que calor, padecía los estragos de un sopor pertinaz del que me arrancó de cuajo y sin preaviso el sonido del móvil. -¿Abogada Mª Jesús [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El calor afuera era insoportable. Hacía mes y medio que habíamos entrado de lleno en el otoño y aún no nos había dado tregua el termómetro.</p>
<p style="text-align: justify;">En el despacho más que calor, padecía los estragos de un sopor pertinaz del que me arrancó de cuajo y sin preaviso el sonido del móvil.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Abogada Mª Jesús Montero? – oí un hilo de voz de un interlocutor de cierta edad.</p>
<p style="text-align: justify;">Me identifiqué como tal y mi interlocutor pasó a exponerme la razón de su llamada. Había interpuesto una denuncia –no me dijo contra quién ni por qué- y quería ser asesorado sobre el procedimiento a seguir. No preguntó acerca de los honorarios. Parecía importarle más entrevistarse conmigo y despejar sus dudas, como si con ello éstas y el problema que se traía entre manos fuese a ser despejado.</p>
<p style="text-align: justify;">A mí desde luego me despertó la curiosidad y logró que saliera de letargo en el que me encontraba…</p>
<p style="text-align: justify;">José era de profesión hamaquero, “¡a mucha honra!” –y es que en su alocución acerca del porqué de su visita, al menos me lo espetó como un mantra varias veces. Parecía como si sintiera la necesidad de reivindicarse.</p>
<p style="text-align: justify;">Claro que, nosotros, los juristas, en un alarde de presunción, diríamos que José era titular de una concesión administrativa de carácter temporal que tenía por objeto la ocupación de zona marítimo-terrestre mediante la colocación de hamacas y parasoles. Pero él zanjaba la cuestión con un simple “hamaquero, a mucha honra” que no sólo cubría con creces el circunloquio anterior, sino que además resultaba más castizo.</p>
<p style="text-align: justify;">José ocupaba la zona marítimo-terrestre con no menos de 150 hamacas con sus correspondientes sombrillas (unas 80 aproximadamente) y lidiaba, con la soltura que da la experiencia de los años, con los turistas y los domingueros, a los que llamaba “ñúes”. No se engañen por la nomenclatura, porque a mí neófita en cuestiones de biología animal, el nombre me pareció tan tierno como un brioche, pero al ver la foto del desgarbado animal, de amenazante aspecto, melena enmarañada, barba puntiaguda y cuernos afilados y curvos, llegué a comprender en toda su dimensión lo que mi potencial cliente quería hacerme ver.</p>
<p style="text-align: justify;">Según él, los domingos por la mañana eran lo más parecido al desembarco de Normandía, al primer día de rebajas en el Corte Inglés antes de dar el pistoletazo de entrada (no sé por qué dicen salida, si lo que se trata es de entrar) o a la galopada de una manada de búfalos americanos: una muchedumbre en busca de la hamaca más próxima al rebalaje.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero ese domingo de agosto se “torció la cosa”, según José, porque un dominguero no quería pagarle la hamaca y la sombrilla. Más bien, quería hacerle la ciaboga o la 13/14, aportándole como justificante para ocuparlas un tique del propio titular: “hamacas José Criado, concesión 74, Benalmádena Costa, 2 hamacas y una sombrilla 7€”.</p>
<p style="text-align: justify;">El insistía en que ese tique no se lo había expedido él y que, por tanto, debía abonar las dos hamacas y la sombrilla.</p>
<p style="text-align: justify;">A su vez, el dominguero en cuestión, acompañado de su señora, su suegra y sus dos hijos pequeños, se había atrincherado en las hamacas, tomando posesión de las mismas, colocando con precisión matemática las neveras azules –toda nevera de playa que se precie ha de ser azul, créanme, si no, no es nevera playera sino otra cosa, me remito al video de Dani Rovira al respecto, paisano de una servidora para más señas-, y sendos bolsos o canastos de mimbre en los que había un nutrido y complejo surtido de bártulos, de entre los que sobresalían toallas, gorras, chanclas y crema bronceadora.</p>
<p style="text-align: justify;">A la vez que iba colocando semejantes pertrechos, y en un alarde de psicomotricidad, argumentaba a José su negativa al abono del alquiler de las hamacas. José, por el contrario, harto de la chulería de semejante mastuerzo, y al objeto de zanjar la cuestión de manera pacífica (“mire usté lo que a mi me habría apetecío era espetarlo con la sombrilla, pero por mis niños y por los suyos me dije que mejó que no”) solicitó los servicios de los vigilantes de la playa, agentes que sin pertenecer a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, sí ostentan funciones de policía, concretamente en las zonas costeras, siendo asimilados a agentes de la autoridad en el ejercicio de su cargo.</p>
<p style="text-align: justify;">Los agentes poco o nada pudieron lidiar en la disputa acerca del abono de las hamacas, limitándose a levantar un “acta de intervención”, filiando a los interfectos, pero que sirvió de base a José para interponer la correspondiente denuncia.</p>
<p style="text-align: justify;">Justo la que tenía, en ese momento delante…</p>
<h5 style="text-align: justify;"></h5>
<p>&nbsp;</p>
<h5 style="text-align: justify;"><em>Instructor 99873&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Atestado nº 57783/14</em></h5>
<h5><em>&nbsp;</em><em>En Torremolinos, siendo las 23.30 horas del día 17 de agosto de 2014, ante el Instructor y Secretario arriba mencionados.</em></h5>
<h5><em>&#8212;COMPARECE: En calidad de DENUNCIANTE, quien mediante Documento Nacional de Identidad 24.992.781-S acredita ser JOSÉ CRIADO DELGADO, español, varón, nacido en Cártama, el día 03/10/1953, hijo de José y Lucía, con domicilio en calle Andrés Segovia 10, puerta 2D, de Benalmádena, teléfono …&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;</em></h5>
<h5><em>&#8212;MANIFIESTA Y DENUNCIA LO SIGUIENTE: &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8211;</em></h5>
<h5><em>-Que es titular de la explotación de hamacas número 74 del término municipal de Benalmádena: “hamacas José Criado”.</em></h5>
<h5><em>-Que en el día de hoy, sobre aproximadamente las 12.30, Carmelo Díaz Mazarrón, varón, nacido en Córdoba, el día 11/09/1945, hijo de Carmelo y Manuela, con domicilio en calle Geranio nº 2, Badolatosa, Córdoba, ocupó las hamacas y sombrillas situadas en la segunda fila, empezando por el rebalaje, próxima a la zona común, negándose a su abono y aportando, como justificante de su negativa, un tique que ya había sido usado por otro usuario.</em></h5>
<h5><em>-Que el denunciante sabe perfectamente que no le había expedido con anterioridad el tique y que tuvo que cogerlo de la arena.</em></h5>
<h5><em>-Que en el tique está impreso en negrita y cursiva “personal e intransferible”, lo que indica que no cabe la cesión de la ocupación de la hamaca en cuestión a otra persona.</em></h5>
<h5><em>-Que sabe perfectamente que no le expidió el tique porque ese lugar había sido ocupado con anterioridad por otro usuario.</em></h5>
<h5><em>Que no tiene más que decir, firmando su declaración en prueba de conformidad, en unión del instructor. CONSTE Y CERTIFICO.</em></h5>
<h5><em>&#8211;DILIGENCIA DE REMISIÓN: En este estado las presentes se remiten al JUZGADO DE INSTRUCCIÓN Nº 4 DE TORREMOLINOS.</em></h5>
<h5><em>-El presente atestado se da por terminado, siendo las 00 horas 38 minutos del día 18 de agosto.</em></h5>
<h5><em>CONSTE Y CERTIFICO.</em></h5>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Sí, acepté el caso, porque no se trataba de una disputa por siete euros, era algo más. Lo que estaba en juego era la reputación, el orgullo y la dignidad de José y la desvergüenza de un tipo que se tiró a solaz, hasta el ocaso, en dos hamacas que no había pagado.</p>
<p style="text-align: justify;">Huelgo hacer un panegírico acerca del trabajo de José, lo que sí quiero es hacerles reflexionar sobre bajo qué condiciones de sol de justicia una persona recorre una parcela de 150 hamacas de forma continua y constante, de cómo es capaz de memorizar aquello como un mapa de situación y relacionar cada hamaca con una persona determinada. ¿Estrategia?</p>
<p style="text-align: justify;">Dicho lo cual, me asaltaban varias dudas: ¿cómo acreditaría José que aquél sátrapa en cuestión no le había pagado? ¿Acudiría el Juez para fundamentar un dictado absolutorio al argumento relativo a la existencia de&nbsp;versiones contradictorias&nbsp;que, mutuamente, se restarían eficacia en la acreditación de los hechos? ¿Cabría pensar que no disponíamos de&nbsp;prueba sobre éstos, &nbsp;suficientes y aptos para enervar el derecho fundamental a la presunción de inocencia?</p>
<p style="text-align: justify;">Para mi grata sorpresa, la visión del juez instructor del número 4 de Torremolinos no fue distinta a la mía, sólo le bastó una pregunta para deshacer el nudo gordiano: la relativa al por qué estaba tan seguro de que el denunciado no le había pagado, concretamente se preguntaba acerca la legitimidad de ese concreto tique, el cual había guardado desde entonces el denunciado y aportado como prueba documental.</p>
<p style="text-align: justify;">Y José, en ese momento, con una seguridad pasmosa e investido del aplomo&nbsp;del que se sabe en lo cierto, dirigiéndose a S.Sª, pidiendo permiso para aproximarse al estrado, le exhibió el talonario correspondiente a ese día, dejándonos a los presentes boquiabiertos. Tenía confeccionado un plano con cuadrículas, parecido al juego de los barquitos, pero completado por un sin fin de números diminutos y nombres ininteligibles. En la hamaca de la discordia, ocupada por el denunciado, figuraba “rubia y otro -guiri, &nbsp;12.00”, &nbsp;relativa a las personas que la habían ocupado con anterioridad con hora de salida, según explicó con&nbsp;idéntica flema y parsimonia.</p>
<p style="text-align: justify;">Para sorpresa de Carmelo y vanagloria de José, SSª dictó sentencia de viva voz, no sin antes explicarle a Carmelo los conceptos relativos a “personal e intransferible” del alquiler de una hamaca.</p>
<p style="text-align: justify;">El coste de la hamaca también fue una lección que no olvidaría, pero eso, como saben, es otra historia.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>El extraño suceso de Juan Ballantines</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/06/10/extrano-suceso-juan-ballantines/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Jun 2016 05:30:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
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					<description><![CDATA[Juan «Ballantines» era un personaje del escaqueo, un auténtico malabarista del sobrevivir. Su aspecto orondo y desgarbado lo compensaba con su manía exacerbada de proyectar buena presencia; credibilidad, me decía. “Señorita Montero, no hay nada como conocer tus limitaciones y proyectar tus virtudes, ese es el truco del almendruco, ¡quiá!”. Yo, sinceramente, y a simple [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Juan «Ballantines» era un personaje del escaqueo, un auténtico malabarista del sobrevivir. Su aspecto orondo y desgarbado lo compensaba con su manía exacerbada de proyectar buena presencia; credibilidad, me decía. “Señorita Montero, no hay nada como conocer tus limitaciones y proyectar tus virtudes, ese es el truco del almendruco, ¡quiá!”. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Yo, sinceramente, y a simple vista, no sabía en ese momento cuáles podrían ser aquellas, pues aun empeñado en aparentar seriedad y solvencia, enfundado en aquellas vestiduras cuando vino a mi despacho, más se me aparentaba a una morcilla de burgos que a un representante de una editorial de renombre.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">El apodo se lo puso Paquita, mi clienta de oficio, vecina a la sazón de Juan que, a mi juicio y por diversas cábalas a las que llegué y que no vienen al caso, estaba perdidamente enamorada de él. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Y no,<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span>en aquello nada tenía que ver el gusto de aquél por el whisky u otra bebida destilada, sino al hecho de que el padre de Juan era escocés, de los de brazo tatutado como dice la canción que igual que vino una tarde al puerto de Málaga, con las mismas se largó a rumbo ignorado en el mismo barco que lo trajo allí. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">El asunto de Paquita era bien sencillo. La vivienda donde residía era de las que denominamos “renta antigua”. A la muerte de sus padres, la propiedad había decidió resolver el contrato de arrendamiento y, en su consecuencia, desahuciarla. Entendían que había habido ya una primera subrogación, la de la esposa, y que, por tanto, no cabía una segunda, pues Paquita ya estaba más allá de los taitantos indefinibles de Lina Morgan. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">A mi aquella mujer me producía una mezcla de ternura y conmiseración a partes iguales. Siendo única hija y a pesar de la época, fue su padre y no su madre quien se empeñó en que cursara estudios que la hicieran, lo que ella decía con bastante gracia, “una mujé resolutiva”. Me confesó con tristeza que lo que realmente le hubiese gustado era estudiar corte y confección, pero su padre puso el grito en el cielo porque tenía asociada la profesión con otra menos noble, la más antigua del mundo… Así que Paquita no tuvo más opción que estudiar enfermería, pero en compensación, lo cual confesaba con un brillo inefable en los ojos, un día de Reyes de un año incierto, se había encontrado con la sorpresa de toda una Singer!!!!.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Sus años mozos los pasó entre agujas, sondas, lavativas, gasas y otros materiales quirúrgicos. Y esa enseñanza le sirvió, finalmente, para cuidar a sus padres en el último trayecto de su vida adulta. No se le conocían novios, ni amantes, ni nada parecido, pese a que no era desagradable ni de ver ni de trato. Sí, se podría decir que Paquita era una mocita, y sin temor a equivocarme, también feliz.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Creo que esta falta de experiencia en el terreno de lo personal y, más concretamente respecto del género masculino, fue la causa del embobamiento que le profesaba a Juan. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Su asunto quedó resuelto con toda clase de parabienes, lo que provocó sin duda la promoción de mis servicios a Juan tras su accidente de tráfico.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Aun estando destinada en la unidad esófago-gástrica y cirugía torácica, se las apañó para proporcionarle una atención de cabecera y cuidado directo. Se ocupaba de administrarle la medicación ya fuera oral, vía subcutánea o intramuscular, de su aseo e incluso de vigilar su dieta y estado clínico. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Cuando le dieron el alta continuó con dichos cuidados, salvo el relativo al aseo personal, por una mezcla de pudor, timidez y vergüenza ante el cambio de escenario.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;">Juan había sufrido un atropello justo al iniciar la marcha para cruzar un paso de peatones, que le produjo una luxación total del astrágalo calcáneo abierta del pie izquierdo.<span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Paquita me explicó, pues acompañó a Juan en esta y en cada consulta que mantuvimos, que, tras su ingreso en urgencias, el equipo de traumatología decidió proceder bajo anestesia a la reducción cruenta en tracción, limpieza y sutura con protección antitetánica y antibiótica e inmovilización, mediante la<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span>colocación de una férula inmovilizadora en descarga completa.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Si me hubiese explicado la desintegración del átomo habría entendido exactamente lo mismo, pues de toda aquella alocución sin sentido aparente para mí lo único que deduje es que había sido atropellado en un paso de peatones a resultas del cual había sufrido una lesión rarísima en el pie que le incapacitaría probablemente durante más de ochos largos meses para sus ocupaciones habituales. Además, se daba la circunstancia de que Juan se dedicaba a la venta domiciliaria, con lo que era muy probable que como consecuencia del accidente y dados los vaticinios de Paquita al respecto, “la artrosis con osteofito anterior le crearán una limitación de la flexión dorsal del tobillo que, con mucha probabilidad, le harían dejar su trabajo”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Era notorio que la causa eficiente y directa del accidente estribaba en una conducción negligente, pues el conductor del vehículo en cuestión no se percató de la presencia de Juan, desatendiendo así de forma evidente las incidencias del tráfico. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">En apariencia, pues, no habría ningún inconveniente en que la compañía aseguradora asumiera su responsabilidad y pudiéramos llegar &nbsp;a un acuerdo, pero sólo a simple vista… </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">Tras diez largos meses de inmovilización, finalmente Juan obtuvo el alta por sanidad con secuelas. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">No me causó desconcierto alguno el hecho de que el compañero de la compañía aseguradora me llamara pues, ante la evidente relación causalidad entre la acción del conductor, su falta objetiva de cuidado y desatención y el resultado dañoso producido, lo lógico es que quisiera transar el asunto, minimizando en la medida de lo posible la cuantía de la indemnización. A ello había que añadir el dato importante de que no se había consignado cantidad alguna en el juzgado en los tres meses siguientes al siniestro, pese a los informes obrantes en las actuaciones acerca del alcance de las lesiones, por lo que era de esperar que el objeto de la llamada versara precisamente sobre ese aspecto también. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span lang="ES-TRAD">&nbsp;</span><span lang="ES-TRAD">-Al respecto, y en lo que afecta a los intereses por mora, la doctrina del Tribunal Supremo es clara, tanto en relación con el dies a quo del nacimiento del interés moratorio –pues salvo que exista causa justificada en el retraso, como la imprecisión del alcance de las secuelas o lesiones permanentes, se ha de consignar la cantidad estimada y ponerla a disposición del lesionado en el plazo de tres meses desde la producción del sinietro, siendo éste el dies a quo para la fijación de los intereses- como también respecto al tipo de interés, ya que tras un período de teorías distintas mantenidas por las Audiencias Provinciales acerca de un tramo o dos tramos de intereses moratorios, finalmente se fijó doctrina acogiendo la teoría de los dos tramos, por sentencia de 1 de marzo de 2007, siendo Ponente Seijas Quintana, </span><span style="mso-ansi-language: ES;">y así, se vino a establecer que, «durante los dos primeros años desde la producción del siniestro, la indemnización por mora consistirá en el pago de un interés anual igual al del interés legal del dinero al tipo vigente cada día, que será el correspondiente a esa anualidad incrementado en un 50</span><span style="font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES;">%</span><span style="mso-ansi-language: ES;">. A partir de esta fecha el interés se devengará de la misma forma, siempre que supere el 20</span><span style="font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES;">%</span><span style="mso-ansi-language: ES;">, con un tipo mínimo del 20</span><span style="font-family: 'Times New Roman'; mso-ansi-language: ES;">%</span><span style="mso-ansi-language: ES;">, si no lo supera, y sin modificar por tanto los ya devengados diariamente hasta dicho momento»-.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span style="mso-ansi-language: ES;">Pero a mi todo esto de los tramos no me afectaba en absoluto, pues si bien la compañía no había consignado, tampoco hablábamos de una cantidad importante en cuanto a intereses se refería. Había transcurrido desde el accidente un año y dos semanas. Por ello, no me preocupaba en demasía avenirme a esas pretensiones&#8230;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span style="mso-ansi-language: ES;">La llamada no me desconcertó, no, lo que sí lo hizo fue el tono jocoso de mi compañero. No acertaba a ver la hilaridad en aquel asunto tan absolutamente desafortunado para Juan. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span style="mso-ansi-language: ES;">No tardé en averiguar la causa de la sorna y mordacidad del compañero…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span style="mso-ansi-language: ES;">Juan había sufrido en un espacio temporal de cuatro años varios accidentes de tráfico con el mismo modus operandi. En todos había un conductor negligente y despistado que no se había percatado de su presencia en el paso de peatones.<span style="mso-spacerun: yes;">&nbsp; </span>Constaba que había sufrido luxación en la pelvis, fractura de tibia derecha, fractura de hombro, muñeca, tobillo, esguince cervical y un sinfín de luxaciones articulares de diverso tipo a lo largo de esos años.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span style="mso-ansi-language: ES;">Sin embargo, pese a la suspicacia de la compañía y del dossier recopilado a la sazón, fue abonada en su integridad la indemnización solicitada, en gran medida porque en las diligencias a prevención de la policía local se habían recogido diversos testimonios sobre cómo se había producido el accidente que descartaban cualquier simulación o apaño.&nbsp;</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><span style="mso-ansi-language: ES;">Años después me sobrecogió una noticia de sucesos… Pero eso, eso es otra historia.</span></p>
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<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; text-justify: inter-ideograph;"><em><span style="mso-ansi-language: ES;">“El mundo del cine se ha vuelto a ver golpeado por un accidente fortuito. Esta vez ha sido durante el rodaje de la nueva entrega de la película … Juan «B» ha fallecido según informa su representante a esta redacción tras recibir un golpe en la cabeza, ocasionándole un traumatismo encefálico severo. La mujer de este trabajador está buscando respuestas a la muerte de su marido e incluso ha acusado a la empresa en la que el finado trabajaba de mentir, pues afirma que no le informaron de que éste se encontrara en el rodaje mientras se rodaban escenas de persecución …”</span></em></p>
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		<title>La física, la química y el cobre de las farolas</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/04/08/4213-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 08 Apr 2016 12:00:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
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					<description><![CDATA[Me llamaron de Comisaría a las 4.20 de la mañana; la hora se proyectaba como un haz de luz por toda la estancia. La luminosidad acompañada del “quiero vivir, quiero sentir el universo sobre mí” me arrancó a tortazos de los brazos de Morfeo. &#8211;“¿Letrada de oficio?”&#8211; oí al otro lado del aparato. &#160;La verdad [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Me llamaron de Comisaría a las 4.20 de la mañana; la hora se proyectaba como un haz de luz por toda la estancia. La luminosidad acompañada del “quiero vivir, quiero sentir el universo sobre mí” me arrancó a tortazos de los brazos de Morfeo.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<em>“¿Letrada de oficio?”</em>&#8211; oí al otro lado del aparato.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;La verdad es que, aun intentando carraspear, la voz que emití no sonaba nada inteligible. Era una mezcla de “sjjjiiji, gggsoy yo… dggggidggame”.</p>
<p style="text-align: justify;">El agente, más que entenderme, intuyó que hablaba con la persona que buscaba.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;Sabía que se trataba de un menor, no podía ser de otra manera ya que mi horario de guardia acabaría en escasas horas, en concreto en apenas cinco, nada podía ser más urgente que asistir a un menor.</p>
<p style="text-align: justify;">De hecho, el protocolo de actuación funciona así: en la medida en que exista un menor detenido, dado que, como saben, la ley orgánica de responsabilidad del menor en su artículo 17 viene a establecer que la detención de un menor por funcionarios de policía no podrá durar más tiempo del estrictamente necesario para la realización de las averiguaciones tendentes al esclarecimiento de los hechos y, en todo caso, (a diferencia de lo que ocurre para los mayores) dentro del plazo máximo de 24 horas, el menor detenido deberá ser puesto en libertad o a disposición del Ministerio Fiscal, los letrados adscritos a este turno de guardia tenemos la obligación de acudir al centro de detención, en cuanto se curse la necesidad de asistencia, con la máxima premura.</p>
<p style="text-align: justify;">Y pese a que con la actual reforma de la LECr el plazo máximo para comparecer a prestar la asistencia tras la comunicación solicitada por los funcionarios de policía alcanza hasta las tres horas, (antes eran ocho), les puedo asegurar que en caso de menores la premura se cumple con puntualidad espartana.</p>
<p style="text-align: justify;">A las cinco de la madrugada estaba adentrándome en las dependencias de la inspección de guardia y allí se encontraba el menor, junto a su madre.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;Lo primero que aprecié en el aspecto del menor, y que llamó mi atención, era el exagerado bulto que asomaba del pantalón, como si hubiese querido ocultar en él y entre las piernas todos los tomos de los episodios nacionales de Pérez Galdós.</p>
<p style="text-align: justify;">La madre sollozaba mientras el agente intentaba hacerle comprender al niño los motivos de su detención. Yo, mientras tanto, seguía preguntándome qué diantres ocultaba el niño entre sus zonas nobles y por qué era yo la única que me lo planteaba.</p>
<p style="text-align: justify;">No era extraño que sólo estuviera la madre, de hecho, en la mayoría de mis guardias acuden en un porcentaje muy elevado sólo ellas. Pero el agente me sacó de mi error, como si me hubiese adivinado el pensamiento; éste porque el otro, pese a que se mostraba cada vez con más intensidad, no fue capaz de intuirlo siquiera. Así que sin preámbulos, ni prolegómenos, ni circunloquios de ningún tipo me espetó un: “el padre también está detenido, así que si usted quiere, para no dejarlo para el letrado entrante, lo puede asistir también y así pasa a disposición judicial mañana a primera hora”.</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;Qué familia tan bien avenida, pensé yo.</p>
<p style="text-align: justify;">El agente pasó a informarle al menor de los motivos de su detención y le hizo la lectura de derechos en mi presencia, nuevamente. La madre, pese a estar presente en forma física, parecía más bien ausente, intelectualmente. Sólo sollozaba en voz queda.</p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>DILIGENCIA DE INFORMACÓN DE DERECHOS AL DETENIDO VÍCTOR JESÚS COLOMAR PÉREZ</strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>A las 5.00 horas del día 01/07/2003</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Y en cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 520 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal (LO 14/83), se procede a poner en conocimiento del epigrafiado que ha sido detenido por su participación en un presunto delito de ROBO CON FUERZA EN LAS COSAS, así como los derechos que le asisten, consistentes, fundamentalmente, en:</em></p>
<ol style="text-align: justify;">
<li><em>No declarar si no quiere, no declarar contra sí mismo y no confesarse culpable, no contestar alguna/s de las preguntas que se le formulen o manifestar que sólo declarará ante el Juez.</em></li>
</ol>
<ol style="text-align: justify;" start="2">
<li><em>Designar abogado y solicitar que esté presente en su declaración e intervenga en todo reconocimiento de identidad que se le efectúe. En otro caso se le designará de oficio.</em></li>
</ol>
<ol style="text-align: justify;" start="3">
<li><em>Designar a la persona a la que desee poner en conocimiento el hecho de su detención y el lugar de custodia. De ser extranjero, tiene derecho a que esta comunicación se realice a la Oficina Consular y ser asistido gratuitamente por un intérprete.</em></li>
</ol>
<ol style="text-align: justify;" start="4">
<li><em>Ser reconocido por el médico forense u otro facultativo que la Ley establece.</em></li>
</ol>
<p style="text-align: justify;"><em>…</em></p>
<p style="text-align: justify;">En uso de los expresados derechos manifestó su deseo de ser asistido por letrado del turno de oficio, de ser reconocido por el médico (según la X marcada ya lo había sido) y de que se comunicara su detención y lugar de custodia a su madre, Salvadora (curioso nombre, pensé yo), quedando reflejada la llamada en el libro de telefonemas.</p>
<p style="text-align: justify;">Al parecer se le acusaba de sustraer cable de cobre de las arquetas del alumbrado municipal, en un importe que me pareció incluso exagerado.</p>
<p style="text-align: justify;">Ignoraba hasta entonces que dicho metal pudiera alcanzar ese valor en el mercado. Claro que lo de batir el cobre les venía a ambos a pedir de boca, menudo empeño y viveza habían tenido que poner padre e hijo para que aquello alcanzara la cantidad que el agente informó de viva voz.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;-¿Vas a declarar aquí o en el Juzgado, Víctor Jesús?</em> –le espetó el agente, sacando del letargo al adolescente en cuestión y con un deje en la voz que reflejaba el vivo deseo&nbsp;de que el menor no hablara.</p>
<p style="text-align: justify;">El niño miró a su madre de soslayo y entonces me miró a mi como esperando una pauta, la misma que ya le había dado momentos antes de la declaración con un gesto apenas perceptible por el agente. Y tal y como esperábamos todos, el menor no habló, marchándose con su madre tras la firma de la declaración.</p>
<p style="text-align: justify;">Hasta antes de la reforma de la Ley Orgánica reguladora de la responsabilidad penal de los menores, producida por Ley Orgánica 8/2006, de 4 de diciembre, no se contemplaba la entrevista reservada entre el menor detenido y su abogado con anterioridad de la práctica de la diligencia de toma de declaración, sino sólo al término. Por dicho motivo, me quedé sin saber la versión de lo que había acontecido y, sobre todo, de por qué el niño aguardaba entre sus partes nobles aquello que se asemejaba al acueducto de Segovia.</p>
<p style="text-align: justify;">Aún no había terminado, aún tenía que asistir al padre. Igual llegaba al fondo de la cuestión aunque veía pocas ganas por parte del agente de aclararme nada.</p>
<p style="text-align: justify;">Y tal y como era de esperar, la declaración del padre no varió ni un ápice de la de su hijo, es más, el propio agente le dio a entender que sería mejor que declarara ante el Juzgado y así entrevistarte reservadamente con el Letrado que le asistiera.</p>
<p style="text-align: justify;">Y como ya eran casi las 7 de la mañana y veía que nadie me iba a sacar de mi curiosidad acerca de la relación del cobre, las farolas y el bulto del menor, tomé la iniciativa, y pese al estado de adormilamiento del detenido le pregunté si quería entrevistarse de forma reservada conmigo. Me miró con desconcierto, como no entendiendo lo de la “forma reservada”.</p>
<p style="text-align: justify;">-Eloy, me refiero, a que si quiere usted consultarme en privado algo sobre los hechos…</p>
<p style="text-align: justify;">(Tenía guasa que el susodicho se llamara Eloy, santo patrono de los metalúrgicos, plateros y demás).</p>
<p style="text-align: justify;">La reacción del detenido me dejó inerme.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>-¿Cree usted que puedo sacá tajá de esto, abogá?&#8230;</em></p>
<p style="text-align: justify;">Eloy y Víctor Jesús se habían estado dedicando, efectivamente, a sustraer con evidente ánimo de lucro el cobre ajeno. El modus operandi consistía en la apertura de la arqueta por parte del padre y colocación, por el menor, de una cuerda de un grosor considerable que permitiera y facilitara tanto su apertura como su cierre sin dejar el mínimo indicio o vestigio.</p>
<p style="text-align: justify;">Del mismo modo, y para facilitar la extracción del metal, Eloy, con evidente habilidad, franqueaba la tapa metálica de la farola y cortaba el cableado que, en la mayoría de las ocasiones estaba conectada a la arqueta en una secuencia de instalación y distancia sin aparente protección.</p>
<p style="text-align: justify;">Hallábase Eloy en la tarea de extraer el cableado restante que se encontraba en la arqueta cuando el menor sufrió un impulso irrefrenable de evacuar aguas menores, y siendo como era infante con ganas de divertimento no tuvo otra ocurrencia que apuntar tal líquido elemento en la apertura de la tapa de la farola, con tal tino que, como era de esperar en la mezcla de los mismos, se produjo una descarga eléctrica de tal magnitud e intensidad directamente proporcional a la fuerza de atracción desplegada hacia las partes pudientes, dejando aquellas ipso facto carbonizadas.</p>
<p style="text-align: justify;">El chisporroteo, humareda, grito aterrador de padre e hijo en la tranquilidad de la noche, provocó la denuncia del algún vecino insomne que trajo como consecuencia la llegada inmediata al lugar de los hechos de lo que antiguamente se llamaban MIP-1 (módulos integrales de proximidad) y la detención de ambos…</p>
<p style="text-align: justify;">Aguanté el tipo hasta el final, sólo por la lástima que me produjo imaginar el resultado de aquel desastre químico en el cuerpo del adolescente. Y no, no supe nada más ni de Eloy ni de Víctor Jesús. No, hasta hace apenas dos años en los que tuve que llamar al servicio técnico de mi videoportero, aquél joven era muy parecido, mucho, pero ya saben, suelo ejercitar el olvido y además, eso, eso es otra historia.</p>
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		<title>Las rosquillas de Laura</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/02/02/las-rosquillas-de-laura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Feb 2016 06:30:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[Identifiqué la voz de Laura nada más oír su voz al otro lado del teléfono… “Buenos días, ¿Mª Jesús Montero?” … No era para menos, había compartido pupitre en clases de latín durante todo un curso de bachillerato con ella. Mi profesor de latín, al que cariñosamente apodamos “Santapaella”, un auténtico maestro y genio de [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Identifiqué la voz de Laura nada más oír su voz al otro lado del teléfono</strong>…</p>
<p style="text-align: justify;">“Buenos días, ¿Mª Jesús Montero?”</p>
<p style="text-align: justify;">…</p>
<p style="text-align: justify;">No era para menos, <strong>había compartido pupitre en clases de latín durante todo un curso de bachillerato con ella</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Mi profesor de latín, al que cariñosamente apodamos “Santapaella</strong>”, un auténtico maestro y genio de esa lengua muerta que él se empeñaba en hacérnosla muy viva, e<strong>ra un vanguardista en materia de enseñanza</strong> y, decidió que, la mejor forma de transmitir su pasión sería formando grupos de cuatro alumnos. <strong>Nos aportaba un texto, extraído de la Conjuración de Catilina, de Salustio</strong>, (todo el bachiller estuvimos con la dichosa conjura -qué manía había cogido el hombre con cargarse a Cicerón-; <strong>no sé por qué extraña razón despertó en mi cierta empatía el personaje al que identificaba con el desgraciado del Coyote o Silvestre, en esa sempiterna lucha por eliminar al enemigo</strong>) y entre los cuatros debíamos hacer la traducción del texto. Claro que, primeramente, habíamos aprendido a declinar, cosa harto curiosa pues, de la rosa pasamos al marino, al crimen y a las manzanas de nuestra madre. <strong>Siempre me reía con lo de mater tua mala burra est</strong>. <strong>Seguramente, si mi querido amigo Manuel Pérez me hubiese acompañado en esa ardua tarea, a Dios pongo por testigo que habría exclamado con gran alborozo eso de “ectp”…</strong> (Que igual traducen ustedes como que “el comandante trabaja poco» si son, geográficamente hablando, de más arriba de Despeñaperros).</p>
<p style="text-align: justify;">Pero a lo que iba, <strong>a Laura la conocía desde hacía muchos años</strong>, y aunque con el devenir del tiempo perdimos la asiduidad en el trato a causa de mi ingreso en la Universidad y al hecho de su repentina incorporación en el mercado laboral por el triste e intempestivo fallecimiento de su padre, <strong>nunca perdimos el contacto</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Por eso, aquella frialdad de su voz pese a conocer el timbre, me mantuvo en alerta</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8211;<strong>“Querría verte, pero no sólo como amiga…”</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Laura parecía haber envejecido de forma brutal</strong> y no, no era por aquellas canas que aparecían en su pelo, ni por aquellas líneas y surcos horizontales entre las cejas, tampoco por las que pude apreciar en los ángulos externos de los ojos, nariz y boca; no, era por esa ausencia de brillo en sus otrora vivaces ojos lo que hizo que no reconociera a la persona que me hablaba. No era tristeza lo que vi en esos ojos, vi una inexpresión que me heló el alma.</p>
<p style="text-align: justify;">Evidentemente <strong>no venía como amiga, pese a que me traía una caja a rebosar de rosquillas, algo que se había convertido en una seña de identidad en cada reunión que manteníamos</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La primera vez que las comimos juntas nos las hizo su abuela</strong>. Estábamos estudiando precisamente latín y nos obsequió con un plato repleto de ellas, de las que dimos perfecta cuenta.</p>
<p style="text-align: justify;">Tanto me gustaron que <strong>la abuela se esmeró no sólo en darme la receta de viva vo</strong>z, sino que además se empeñó en proporcionarme las instrucciones precisas para que las hiciera, cosa que jamás he hecho porque<strong> las unidades de medida de la abuela no tenían consideración alguna de magnitud física</strong>. ¡A ver cómo si no podía yo entender <strong>eso de “¡harina la cadmita”!</strong>; que en un principio pensé que era una <strong>marca especial de harina</strong>, hasta que mucho más tarde, y ante lo infructuoso de la búsqueda y las carcajadas de la buena mujer, comprendí que ella las hacía a ojo de buen cubero. Sí, aquello que quería decir <strong>no era ni más ni menos “harina: la que admita”</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">-“<strong>Quisiera saber qué pasos he de seguir para separarme; si decido separarme, qué diferencia hay con el divorcio, cuánto va a tardar, qué me va a costar…”</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Parecía estar manteniendo la compostura, hasta que le hice una pregunta:</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-“¿Qué hay de la Laura que conocí, de aquella que decía “sentirse con él” como en una novela de Jane Austin?” ¿Por qué, desde cuándo, cómo…?”</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No, no hablaba sólo como abogada. Es más, <strong>detesto que alguien me conteste con una pregunta y eso era justo lo que yo estaba haciendo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, Laura lo hizo.</p>
<p style="text-align: justify;">-“<strong>No sé, desde hace tiempo me da miedo hablar, contrariarle,</strong> discute por tonterías. Cuando está bien, soy muy feliz, le veo con los niños, lo cariñoso que es, los lleva al parque, al cine, como el sábado. Pero el domingo, no sé qué pasó el domingo, montó en cólera y no recuerdo ahora por qué.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo lo que hago es retirarme a hacer cosas, limpio o cojo el carrito y busco una excusa para hacerme invisible…”</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Me estaba explicando el porqué, incluso el cómo, pero no sabía decirme a ciencia cierta el desde cuando.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">A menudo nos encontramos con situaciones de <strong>desapego, faltas de respet</strong>o en la convivencia matrimonial, que son <strong>difíciles de identificar como patrones de maltrato</strong> en una situación aparentemente de pares, de iguales.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Antes de la reforma del código civil</strong>, producida como saben por Ley 15/2005 de 8 de julio,<strong> el legislador</strong>, al regular las causas de separación y divorcio, h<strong>ablaba de “sevicias”, identificadas como trato cruel de uno hacia el otro</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Podría decirse, por lo que me contaba y por lo que apreciaba, que el trato de Juan hacia ella había sido cruel, pero no de manera puntual, sino progresiva</strong>, su forma de conducirse en la relación matrimonial excedía de los límites del respeto y desde luego estaban minando el libre desarrollo de la personalidad de Laura. Pero, ¿estaba ante una situación de maltrato psicológico? ¿Lo podía acreditar? ¿Cuál sería el camino menos tortuoso y doloroso para Laura?</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Los que la conocíamos sabíamos de su fuerte personalidad, pero la mujer que tenía frente a mi no era ella, parecía un zombi</strong>. Había en ella tal embotamiento emocional y tal deterioro psicológico que no era capaz de tomar decisiones y mucho menos propicias.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Me dejó claro desde el principio que, pese a todo, lo que quería era algo que no produjese más dolor a los niños</strong>, nada de idas y venidas al Juzgado, nada de exposición pública. Nada de eso. Algo rápido y a ser posible muy aséptico.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>En Laura, con todo, se daban toda una serie de síntomas muy reveladore</strong>s: baja autoestima, sentimiento de inutilidad, culpabilidad, problemas de sueño, aislamiento, fatiga, falta de energía, sintomatología ansioso-depresiva…</p>
<p style="text-align: justify;">Claro que esta <strong>sintomatología negativa era compatible con una situación de mal trato</strong>, <strong>pero no bastaba la compatibilidad, era preciso acreditar la relación de causalidad entre la conducta de Juan y la sintomatología de Laura.</strong> Porque es verdad que en <strong>la intimidad del hogar, en ese ámbito privado</strong> y sin más presencia que la pareja y los hijos o parientes implicados, se presenta harto difícil acreditar determinadas conductas.</p>
<p style="text-align: justify;">Podría decir que el divorcio se tramitó sin problemas, que llegaron a un entendimiento en cuanto a las medidas derivadas de la disolución del vínculo pero no fue así, o si… <strong>No me acuerdo, no quiero acordarme, solo recuerdo una postal con la imagen en el anverso de un plato de rosquillas</strong> y en cuyo reverso figura: “siempre habrá rosquillas recién hechas para ti”. Pero eso… eso es otra historia.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Los vicios ocultos de Jalo Killyki</title>
		<link>https://mjletrada.es/2015/12/03/los-vicios-ocultos-de-jalo-killyki/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 03 Dec 2015 05:30:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[derecho civil]]></category>
		<category><![CDATA[derecho penal]]></category>
		<category><![CDATA[Motivacional]]></category>
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					<description><![CDATA[Jalo Killyki no era de Málaga, no. Eso era evidente. Nada más leer el nombre seguido del apellido supe que malagueño no era, gran astucia la mía… Era originario de Oulu, una de las ciudades más al norte de Finlandia donde la temperatura en verano, con suerte, alcanza los 20 o 25 grados C, aproximadamente. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Jalo Killyki no era de Málaga, no. Eso era evidente</strong>. Nada más leer el nombre seguido del apellido supe que malagueño no era, gran astucia la mía…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Era originario de Oulu, una de las ciudades más al norte de Finlandia</strong> donde la temperatura en verano, con suerte, alcanza los 20 o 25 grados C, aproximadamente.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Como diría Manuel Pareja Obregón en sus Sevillanas de la Reina, Jalo era rubio como los trigos a la “salía del sol”, más largo que un día sin pan y más grande que un armario empotrado de dos puertas, como diría Chiquito de la Calzada</strong>. Pero, será por eso de la ley natural de la compensación, que todo lo que Jalo tenía de imponente, soberbio y corpulento lo tenía de cándido, ingenuo y tontorrón. Quizás de ahí su nombre…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>De donde él venía el clima es extremadamente riguroso, y quizás porque la proximidad de su ciudad al círculo polar ártico provoca temporadas de luz azulada,</strong> en las que los días son un perpetuo crepúsculo, <strong>quiso conocer Andalucía, por su luz y su calor, recordándome con ello lo que el poeta Luis Cernuda</strong> exponía acerca del romántico éxodo hacia la luz. Y así, atraído mayormente por el clima, las costumbres y sus gentes, recaló un día incierto del mes de agosto en Torremolinos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pese a estar acostumbrado a los bochornos vaporosos de una sauna, ese calor húmedo, 37º a la sombra (como dirían Radio Futura), le provocaba una situación de ahogo y sofoco perpetuo que fue aliviando con cerveza y… más cerveza</strong>. Y así con la excusa de tapa y cerveza <strong>fue cogiendo una melopea</strong> más que curiosa, peligrosa. Hasta el punto, que según relató posteriormente, no alcanzaba a recordar cómo recaló con sus huesos en aquél club de señoritas ligeras de ropa, acompañado de una señora bajita y oronda cual mesa camilla y un tipo con pinta de legionario.</p>
<p style="text-align: justify;">A<strong>lborozado por las circunstancias y, en cierta medida, jaleado por aquel grupo tan singular, Jalo contrató los servicios cariñosos de Pili, una morena lujuriante, de pechos exuberantes y caderas excitantes</strong>… Claro que la descripción respondía al momento etílico en el que Jalo se encontraba, <strong>lo que me trajo a la memoria aquel anuncio de la DGT</strong> sobre si bebes, no conduzcas, pues fíjate tú cómo aparcas… Pero no me quiero desviar… Como decía, Jalo, una vez en el lupanar, animado por las circunstancias y rodeado de aquella mujer espectacular, inició la subida a los cielos, siendo la caída a los infiernos más rápida que el tren de alta velocidad.<strong> Lo que en apariencia era una mujer despampanante, de cinturita estrecha y amplias caderas, labios carnosos… resultó esconder de forma muy oculta un vicio, uno de aproximadamente 20 centímetros de largo</strong>, que al rozarse con el cuerpo de Jalo produjo en éste la misma reacción química que la mezcla de agua fría con aceite hirviendo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ofendido y agraviado, acosado por las circunstancias y, en cierta medida también, por el grado de alcohol en sangre que circulaba por su cuerpo, comenzó a proferir gritos guturales en un idioma infernal</strong>. Era como si de repente aquél rubio noble de aspecto bonachón hubiese sido objeto de una posesión demoníaca. <strong>Claro que los gritos iban acompañados de golpes, baquetazos y empujones varios a fin de poder desprenderse de Pili, quien lejos de arredrarse se asía aún con más fuerzas a aquél espécimen sin igual</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La debacle fue de tal magnitud que los dueños de aquel curioso lugar comisionaron la presencia de la Policía Nacional, contando una versión subjetiva, parcial e interesada de los hechos que terminaron con el cuerpo vapuleado y maltrecho del finlandés en comisaría.</strong> Y si en un principio el noble y cándido Jalo <strong>no opuso resistencia, en su creencia de que sería recompensado por tamaño oprobio</strong>, su carácter cambió cuando los agentes intentaron conducirlo o más bien, introducirlo en los calabozos.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>De nuevo, mostró el coraje, el arrojo y la valentía de quien se enfrente a las puertas del abismo, y como poseído por Ammón, demonio de la fuerza y la violencia, la emprendió a trompazos contra los agentes</strong> que pretendían encerrarlo en aquél cubículo. Ninguno lo consiguió y ya iban cuatro que caían dando vejigazos contra el suelo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El revuelo fue de tal grado e intensidad&nbsp;que se hizo necesaria la presencia del grupo de operaciones especiales.</strong> En realidad, el agente que solicitaba la emergencia a través de su pocket no sabía a ciencia cierta, dado su nivel de histeria, si solicitar la intervención de los de la unidad de asalto o más bien la de un sacerdote experto en exorcismos, pues a la violencia inusitada de aquel individuo la acompañaban una voces ininteligibles.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero, por primera vez, Jalo tuvo suerte, la que llaman la suerte del principiante. Quien abanderaba el grupo de la UIP (unidad de intervenciones especiales) era un negociador nato, con altas cualidades para el diálogo que exasperaba al resto por su alto nivel de pachorra e indolencia</strong>; a ciencia cierta, <strong>Gerardo</strong> no debía estar destinado en dicha unidad. <strong>Junto a ellos, el sanitario de urgencias, pertrechado con una jeringa contenida de doble dosis de diazepam 10 mg</strong> para dormir a un elefante africano.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Como era habitual en Gerardo, antes de una “carga”, se dirigió al interfecto y, esta vez, lo hizo en el mismo idioma inextricable e infernal.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>-“Hei , mikä hätänä”</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No sólo demudó Jalo, lo hicieron por completo los de la unidad de intervención, los cuatro agentes desparramados por el suelo y el propio sanitario que no sabía si debía o no introducir aquella jeringa y, en todo caso, a quién.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Éste sólo comenzó a grita: “Kiitos, Kiitos” como si de un mantra se tratara.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y, de esta manera, quedó exorcizado el demonio que había poseído al pobre finlandés, quien de manera atropellada y como un auténtico opositor a Notarías comenzó a relatar lo sucedido a Gerardo</strong> que hacía denodados esfuerzos por contener la risa para asombro y coraje de los presentes que no entendían ni un ápice de lo que estaba ocurriendo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Jalo prestó declaración con mi asistencia y la del intérprete que vino a corroborar lo que aquél agente ya hizo constar en el parte de intervención, gracias al cual no resultó imputado por resistencia ni desobediencia</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No supe más de él, ni de Pili, ni de los personajes siniestros que le acompañaron en aquella noche aciaga del mes de agosto</strong>, <strong>no hasta que un día indeterminado del mes de abril de 2000, viendo un aburrido documental en el canal viajar de Canal Plus sobre la Catedral de Oulu, avisté a un sacerdote luterano que hubiera jurado era el vivo retrato de aquel rubio aficionado al sol español y a las cervezas</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero me falla la memoria y, en todo caso, <strong>eso es otra historia</strong>.</p>
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