<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Sin categoría Archivos - MJLetrada</title>
	<atom:link href="https://mjletrada.es/category/sin-categoria/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://mjletrada.es/category/sin-categoria/</link>
	<description>MJLetrada, abogada experta en Derecho Penal, Civil y Consumo con valores definidos.</description>
	<lastBuildDate>Fri, 01 Sep 2023 06:55:57 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	

<image>
	<url>https://mjletrada.es/wp-content/uploads/2015/03/cropped-Logo_MJ-32x32.png</url>
	<title>Sin categoría Archivos - MJLetrada</title>
	<link>https://mjletrada.es/category/sin-categoria/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
<site xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">88331531</site>	<item>
		<title>La chica del espejo, la precuela</title>
		<link>https://mjletrada.es/2023/09/01/la-chica-del-espejo-la-precuela/</link>
					<comments>https://mjletrada.es/2023/09/01/la-chica-del-espejo-la-precuela/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Sep 2023 06:55:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=5071</guid>

					<description><![CDATA[Toda buena historia que se precie comienza con un “érase una vez”, lo sabemos bien los que hemos leído y nos han leído cuentos. Y es que estas tres mágicas palabras nos remontan a nuestra más tierna infancia y a un mundo lleno de color y fantasía.&#160; Yo no sé si la historia que estoy [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p>Toda buena historia que se precie comienza con un “érase una vez”, lo sabemos bien los que hemos leído y nos han leído cuentos. Y es que estas tres mágicas palabras nos remontan a nuestra más tierna infancia y a un mundo lleno de color y fantasía.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-justify">Yo no sé si la historia que estoy a punto de contarles es buena, pero como diría Umbral, yo he venido, mejor dicho, he vuelto, para hablar de lo mío, de historias… Y esta vez me moría de ganas de empezar haciendo uso de este malabarismo verbal.</p>



<p></p>



<p class="has-text-align-justify">Éeeeeeerase uuuuuna vez, en un lugar de cuyo nombre no puedo acordarme y donde el tiempo era medido por los intervalos de tendencias o “trending topics”, que había una mujer de edad difícil de determinar cuya única dedicación consistía en ver la vida, observarla y retratarla. </p>



<p class="has-text-align-justify">Difícil de determinar, básicamente, porque su mirada ávida de curiosidad cohonestaba mal con las arrugas de su rostro y aquellas canas incipientes y erráticas. No obstante, sin temor a equivocarme podría decir que el rango de edad física rondaría entre los 45 y 55 años.</p>



<p class="has-text-align-justify">Era lo que se conocía como “freelance”, que suena con bastante mejor empaque que “autónoma”. “Iba por libre” no suena tampoco tan mal, pero da lugar a interpretaciones sesgadas como “ir a lo suyo” que, ahora que lo pienso detenidamente, tampoco resulta desacertado.</p>



<p>Pero freelance ¿de qué?,se estarán preguntando.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-justify">Redactaba con periodicidad mensual un blog sobre temas de lo más variopinto a los que acompañaba con fotografías para enfatizar el asunto en cuestión y ,sorprendentemente para ella, le pagaban por ello: por decir y opinar en cada momento lo que pensaba que, en ese momento y en ese lugar, ya era un acto revolucionario.</p>



<p class="has-text-align-justify">Y aunque algunas veces podría parecer del todo inocua, como cuando hizo una reflexión sobre la incidencia de la ingesta de azúcar en la dieta a muy tempranas edades y a cuya entrada acompañó una fotografía de un infante cercano a los siete años con una caries generalizada en los dientes incisivos centrales, laterales y caninos, no pasó desapercibida ni para la industria azucarera ni para la de golosinas que se apresuraron a bombardear las redes sociales con la etiqueta #azúcar.</p>



<p class="has-text-align-justify">“Por qué es buena para el organismo la ingesta de azúcar”, “los 10 beneficios que no conocías del azúcar”, “el lado bueno del azúcar”, “las propiedades del azúcar”, “descubre lo que te aporta el azúcar”…</p>



<p>Acción/reacción, repercusión, como la canción “moving” de Macaco o la tercera ley de Newton, sí.</p>



<p class="has-text-align-justify">Pero esta vez se traía entre manos algo más jugoso y más arriesgado a la vez. Porque una cosa era hablar del azúcar, un tema aparentemente inocente, y otro muy distinto lo que parecía iba a ser la bomba de aquel verano.</p>



<p class="has-text-align-justify">Charitrini, la otrora pop star ochentera, a sus 70 años había sido madre por gestación subrogada. Paco, el marido abnegado de la política más influyente del país, se había fugado meses antes con su entrenadora personal y Antonio, el actor más prometedor de las pantallas había declarado en sus RRSS, en un alarde de modernismo, sentirse una medusa; incluso, careciendo de todo reparo, publicó un vídeo desnudo dando picotazos y lametones a todo el que se puso a tiro como prueba viva de su íntima convicción.</p>



<p class="has-text-align-justify">A fin de cuentas, ¿quién éramos los demás para juzgarle? Decía el tipo, si él se auto percibía como medusa, su percepción estaba por encima de los sentidos, incluso del común aunque éste nos hubiese abandonado hacía mucho.</p>



<p class="has-text-align-justify">No era de extrañar que con esos mimbres, hablar acerca de estos asuntos, aun dándole un toque impersonal o neutro haría florecer todo tipo de odiadores profesionales, se dijo. Esto no es como el azúcar.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-justify">Y aunque en cierta medida le importaba poco (o muy poco) el circo de payasos, malabaristas y leones que se montaría alrededor del artículo, la cuestión crematística era otra. A fin de cuentas, su “libertad” estaba condicionada a los avatares de la “línea” del equipo de dirección.</p>



<p class="has-text-align-justify">En su mente se pusieron en marcha los mecanismos neuronales subyacentes a la toma de la decisión, dando juego a múltiples y diversas variables.&nbsp;</p>



<p>Con luces de neón se representaba en su cerebro el musical “LA AUTOCENSURA”, siendo ésta la que se deslizaba por las escaleras cuál Madonna empujando a su paso cualquier opinión razonada del asunto a tratar.</p>



<p>“¿Por qué una mujer de 70 años no puede ser madre y un señoro sí? Y, además, ¿es que acaso ese hijo no va a ser más querido y deseado?”&nbsp;</p>



<p>-“Pero, alma de cántaro, haz las cuentas, que cuando ese hermoso bebé comience a dar tralla, van a hacer carreras de tacataca. Este asunto hace aguas.. -La autocensura se deslizaba a golpe de cadera y atusándose el pelo, obsequiando con mirada oblicua la opción descartada-</p>



<p>“Ya, ya. Pero piensa en esos padres jóvenes e irresponsables, inmaduros de manual, que no educan a sus hijos. Que los tienen como una suscripción al «National Geographic” y que para que no les incordien lo colman con toda suerte de dispositivos electrónicos!!. Una señora ya madura tiene todo el tiempo del mundo para educar a ese bebé, no crees!?”.&nbsp;</p>



<p>-“Sí, claro, visto así, piensas que es mejor calidad que cantidad. Pero el tema es aburrido y manido. Sigue haciendo aguas. Tú habla del azúcar, sigue así, anda, que lo de los hijos a edades maduras no interesa ni al Inserso».</p>



<p>“Pero, ¿no crees que es sexista criticar a esta mujer? El asunto tiene su enjundia entreverada. ¡¡¡Vamos a ver!!!!, es una prueba más del feminismo y su liberación. No se plantea el mismo debate si él es el señor mayor. Mira, ahora que lo pienso, este tipo mayor que canta va a ser padre y tiene la misma edad. ¿Te das cuenta?” </p>



<p>-“Pffff, quita, quita. Aburres a las ovejas”…</p>



<p>Descartó el tema de la gestación. Colapsó con tanta sinapsis neuronal.&nbsp;</p>



<p>“Mejor lo de Paco. Aquí no hay disputa que valga”, dijo en voz alta para auto convencerse.</p>



<p>Pero una risa interior sardónica pronto le empezó a bombardear con otras tantas variables sobre el asunto.&nbsp;</p>



<p class="has-text-align-justify">-“Nena, ¿en serio? Te planteas de verdad hablar sobre la crisis de los 50 y la tan manida puesta de cuernos con la jovencita que tienes a tiro de piedra!!? Pero si eso es más antiguo que el hilo negro!!!!!!”</p>



<p class="has-text-align-justify">“A ver, a ver, que el matrimonio era modélico, ojo. Que eran la personificación de la pareja feliz!!!. Que 20 años no serán nada, pero éstos acaban de celebrar su 35 aniversario…”</p>



<p class="has-text-align-justify">-“Pareces nueva. A todas luces decías que era impostado, forzado.&nbsp;Te autoengañas, te autosaboteas -dijo con evidente mala leche-. No seas mediocre. Ese tema importa un pimiento y recuerda que el chavó es primo segundo de la mujer del adjunto en la editorial, con el que te recuerdo tuviste un enganche las pasadas Navidades, que te valió una amonestación”.</p>



<p>“No, si todavía te agradezco que me recuerdes el episodio…   Descartado, descartado”</p>



<p>-“Pues si crees que hablar de Antonio es mejor idea te equivocas”.&nbsp;(Ahí le dio el tiro de gracia)</p>



<p class="has-text-align-justify">Ella seguía deslizándose a solaz, la autocensura, ayudada por la amígdala, pensó nuestra protagonista que, ahora que lo pienso, no he dicho su nombre: Aixa. (Sí, Aixa, no Axa, seguros, como solía decir cada vez que tenía que explicar el significado de su nombre y su origen).</p>



<p>Se sintió mareada. Su frecuencia cardíaca y su presión arterial iban a galope.</p>



<p class="has-text-align-justify">Comenzó a sudar de forma repentina. La concentración de dióxido de carbono en la sangre disminuyó a consecuencia de la hiperventilación, sintiendo cómo se estrechaban sus vasos sanguíneos y cómo el flujo de sangre al cerebro se ralentizaba.</p>



<p>Conocía esos síntomas. Le eran familiares.</p>



<p class="has-text-align-justify">Intentó refrescarse en el lavabo del baño de manera infructuosa, pues, del impulso repentino para alcanzarlo, cayó al suelo a plomo.</p>



<p class="has-text-align-justify">Al cabo de unos minutos vino en sí. Lo que creyó que era su voz interior le espetó con cierta dosis de dramatismo: «¡chica, qué muerte más tonta ibas a tener! ¡¡¡Q poco glamour, morir así, despatarrada y con esa mueca grotesca en la cara!!!!”.</p>



<p>Se levantó, recuperando su dignidad, alcanzando esta vez sí el lavabo para refrescarse la cara.</p>



<p class="has-text-align-justify">“Por qué en tu mundo la gente en lugar de auto percibirse medusa no se auto percibe jubilado!? Te imaginas el chollo? Barra libre en casi todo!!! Eso de ser ameba yo no lo termino de ver, ya te lo digo. Tú que opinas?</p>



<p>Pero vamos, que lo de la septuagenaria madre por gestación subrogada y lo de Paco no le va a la zaga, no.</p>



<p>En tu mundo pasan cosas graggggraaaas gragggggraaaas! Pero ya te iré preguntando para que me vayas poniendo al día, esto va ser divertido…”</p>



<p class="has-text-align-justify">Era la misma voz que segundos antes le había arrancado del ensimismamiento. Provenía del otro lado del espejo, de esa chica, la del espejo.</p>



<p class="has-text-align-justify">Definitivamente, ¿su cerebro había colapsado o, por el contrario, se habría activado el sistema reticular activador ascendente proporcionándole así una salida a lo que estaba deseando?</p>



<p>Cualquiera sabe, pero eso, como os podéis imaginar y habréis intuido, es otra historia.</p>



<p></p>



<p></p>



<p>La foto que ilustra. entrada es de Bekah Russom, vía unplash, a quien agradezco su generosidad.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://mjletrada.es/2023/09/01/la-chica-del-espejo-la-precuela/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">5071</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Donde habita el olvido no hay rencor</title>
		<link>https://mjletrada.es/2020/05/07/donde-habita-el-olvido-no-hay-rencor/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 May 2020 06:30:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4659</guid>

					<description><![CDATA[Dice la canción que veinte años no es nada. Yo cada vez que oigo este bolero me acuerdo de esta frase que suele decir mi madre: “no era ná lo del ojo y lo llevaba en la mano”. Los primeros quince días de confinamiento&#160; pensamos que sería algo transitorio, pero tras el devenir de los [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Dice la canción que veinte años no es nada. Yo cada vez que oigo este bolero me acuerdo de esta frase que suele decir mi madre: “no era ná lo del ojo y lo llevaba en la mano”.</p>
<p style="text-align: justify;">Los primeros quince días de confinamiento&nbsp; pensamos que sería algo transitorio, pero tras el devenir de los acontecimientos el encierro no sólo fue masivo sino a nivel personal demoledor, y no ya por no poder salir, visitar a amigos y familiares, sino por estar rodeado de noticias de fallecimientos, curvas, contagios&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Me resistía a caer y dejarme ir como Alicia hacia una realidad paralela, así que me propuse mantener mi jornada laboral y dedicarme a organizar mi oficina, algo que había ido posponiendo desde hacía años y a asistir a todas las clases online que, desde mi colegio y asociaciones a las que pertenezco, se estaban impartiendo, dada además, la diarrea legislativa producida por la situación de crisis sanitaria. Todo lo que conocíamos y con lo que estábamos familiarizados se estaba modificando a golpe de real decreto ley.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá fue el azar lo que hizo que uno de los expedientes en los que me fijé fuera uno de separación del año 1997, pues de manera mecánica iba destruyendo y escaneando sin fijarme en los nombres del cliente ni el contrario. Pero al ver mis anotaciones manuscritas en el expediente fijé mi atención en los nombres de las partes.</p>
<p style="text-align: justify;">Yo había sido designada de oficio para la defensa de Ascensión Galindo.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando se presentó a mi despacho ambas tuvimos la misma reacción, pero a la inversa. Ella me preguntó por la titular, quedando muy extrañada de que aquella chica de apenas 29 años fuera la abogada designada para su defensa; yo, por el contrario, no salía de mi asombro al encontrarme como cliente con una octogenaria frente a la que se había dirigido una acción de separación.</p>
<p style="text-align: justify;">Venía vestida de una manera muy modesta, pero impecable, de un negro riguroso que hacía daño en mi retina, con la cara lavada y con el pelo recogido en un moño. Olía a colonia de bebé que dejó impregnada en toda la estancia.</p>
<p style="text-align: justify;">Era natural de Ciudad Real, donde había conocido a su marido, que se trasladó desde Úbeda para trabajar allí como curtidor, trasladándose posteriormente a Torremolinos, una vez que aquél quedó incapacitado de manera total y absoluta.</p>
<p style="text-align: justify;">De manera trémula, no supe en un principio si por mi juventud y su suspicacia acerca de mi capacidad, me entregó la demanda y la designación provisional que en mi persona había recaído.</p>
<p style="text-align: justify;">-Como verá mi marido insta la separación &#8230; perdone, la dejo leer.</p>
<p style="text-align: justify;">Leí en voz alta</p>
<p style="text-align: justify;">“La esposa, debido a la falta de afecto marital, ha venido ejercitando respecto a su esposo una conducta vejatoria e injuriosa en numerosas ocasiones, viéndose mi principal en la necesidad de presentar solicitud para ingresar en una residencia de ancianos, aunque debido a la larga lista de espera, y en tanto no sea aceptado, sigue viviendo en el domicilio familiar&#8230; por lo que el uso y disfrute de la vivienda conyugal se debe conferir a mi mandante en atención a su edad y su falta de medios, dado que sólo percibe una pensión de jubilación y no puede costearse otra vivienda, no teniendo dónde ir”.</p>
<p style="text-align: justify;">El compañero argumentaba como causa de separación la que por aquel entonces se recogía en el artículo 82.1 del código civil, en relación con el 67 del mismo cuerpo legal, que nos hablaba de las injurias, vejaciones y violación grave y reiterada de los deberes conyugales, con una ausencia de afecto marital.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde luego, la primera impresión que tuve de Ascensión no fue la de ser una mujer de carácter y mucho menos agresiva ni física ni verbalmente, pues más me pareció una persona frágil, con poco ánimo, aunque de manera contradictoria a aquella apreciación, sí atisbé en ella una pizca de valor para enfrentarse a desgracias y dificultades.</p>
<p style="text-align: justify;">Comenzó a relatarme sus 50 años de matrimonio en la que no faltaron insultos, agresiones, ausencias de afecto. El matrimonio no había tenido más que lunas de hiel. Ni siquiera el nacimiento de su única hija había cambiado el carácter hosco, violento y agresivo de su marido, que volvió al domicilio al cuarto día del nacimiento de aquella tras días de farra.</p>
<p style="text-align: justify;">Acostumbraba a ausentarse del domicilio durante días y el alcohol y otras sustancias eran buenos compañeros de viaje.</p>
<p style="text-align: justify;">Llegó a tal extremo la decadencia y deterioro del marido que, según me confirmó, había ingresado en el Hospital Psiquiátrico en los años 70 al serle diagnosticado alcoholismo crónico y síndrome paranoide. Ni el tratamiento ambulatorio con neurolépticos (haloperidol y sinogán) y correctores (Akinetón) hicieron efecto, según ella porque no se los tomaba, o si lo hacía, los mezclaba con alcohol.</p>
<p style="text-align: justify;">Las estancias en el hospital psiquiátrico, a veces de hasta tres meses, en el año 76, en el año 81 y en el año 85, suponían periodos de bonanza, pero no salían gratis, no sólo por el coste económico, sino por los emocionales que se producían después. Según decía Ascensión, cogía carrerilla y bebía todo aquello que en esos periodos no había podido ingerir. “Mire usted, se tomaba hasta el alcohol de las heridas”.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Ascensión, usted percibe algún tipo de ingresos? En la actualidad, ¿reside usted en el mismo domicilio con su marido?</p>
<p style="text-align: justify;">-No hija, perdona que te trate así, pero es que eres muy joven, más que mi propia hija. Yo no tengo más ingresos que la pensión de mi marido, pero ahora no estoy en mi casa, sino en casa de mi hija, porque ha perdido totalmente el sentido y la última vez me golpeó contra la encimera y me dio con el bastón. La vecina al oírme gritar llamó a mi niña. Mire usted, si hasta lo tuve que denunciar y mi yerno casi se encara con mi marido.</p>
<p style="text-align: justify;">-¿Por qué cree usted que es él quien quiere separarse? Perdone que le haga la pregunta, pero más lógico me hubiese parecido que la solicitud hubiese partido de usted.</p>
<p style="text-align: justify;">-Ay, hija, yo me casé para toda la vida, me equivoqué y he tenido que aguantar con lo que decidí. Él quiere separarse porque me quiere dejar sin nada, hasta sin mi casa.</p>
<p style="text-align: justify;">-Pero Ascensión, ¿siempre fue así? Le pregunté extrañada por ese estoicismo.</p>
<p style="text-align: justify;">-No, no. Al principio no, pero poco a poco fue asomando la patita, hasta que el lobo que llevaba dentro salió fuera despojándose de la piel de cordero. En un principio, quise irme a casa de mis padres, pero mi madre no me quiso acoger en casa, que yo debía asumir lo que Dios había dispuesto para mí, y aguantar con lo que me había tocado. Así que sin ayuda de nadie, seguí con él, aguantando, aguantando&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Y mire usted, después de cincuenta años, lo que ahora quiere es dejarme sin nada. No entiendo ese odio que le ha minado el corazón si es que en algún momento ha tenido corazón.</p>
<p style="text-align: justify;">Con esos mimbres y con la documental que me aportó sobre sus ingresos psiquiátricos y su alcoholismo crónico monté la contestación.</p>
<p style="text-align: justify;">Pocos meses después y justo tres días antes de la comparecencia para las medidas provisionales recibí una llamada de la hija de Ascensión.</p>
<p style="text-align: justify;">Su padre había ingresado en UCI por una ingesta masiva de alcohol en estado de coma etílico, estuvo varios días debatiéndose entre la vida y la muerte con fuertes dolores abdominales por la pancreatitis no tratada y finalmente falleció dejando aquella paz que él nunca tuvo ni dio.</p>
<p style="text-align: justify;">Le pregunté por su madre y comenzó a sollozar. Me temí lo peor, aquellos segundos en los que sólo podía percibir el llanto desconsolado de aquella mujer me estaban produciendo un desasosiego difícil de dominar. La intenté tranquilizar dentro de mi desorden mental y acumulación de suposiciones</p>
<p style="text-align: justify;">-Disculpe, mi madre me ha dejado encargado que le dé las gracias y que le diga que la vida es demasiado corta para perderla en odios, afrentas y en recuerdos de agravios.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">No entendía un pimiento, lo reconozco, estaba noqueada, hasta que después de “agravios”percibí algo así como “está en un viaje de esos programados por el Inserso, en Marina D´or&nbsp;y está loca con un tal Rodolfo, el organizador, que la lleva y la trae en palmitos&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">
<p style="text-align: justify;">Caramba, pensé, el partido no acaba hasta que el árbitro pita el final, y aquí al menos hay prórroga. Pero eso, eso es otra historia.</p>
<p style="text-align: justify;">
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4659</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Treinta días&#8230;</title>
		<link>https://mjletrada.es/2020/04/14/treinta-dias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 Apr 2020 11:03:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4653</guid>

					<description><![CDATA[Treinta días han pasado ya desde que estamos confinados. Se nos ha privado de libertad deambulatoria por una cuestión de seguridad nacional. Con la limitación de movimientos, concentraciones y encuentros se está tratando de contener la propagación del virus a toda la población. Somos vectores de contagio, dicen las autoridades sanitarias. Acabo de descubrir otro [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Treinta días han pasado ya desde que estamos confinados.</p>
<p style="text-align: justify;">Se nos ha privado de libertad deambulatoria por una cuestión de seguridad nacional. Con la limitación de movimientos, concentraciones y encuentros se está tratando de contener la propagación del virus a toda la población. Somos vectores de contagio, dicen las autoridades sanitarias. Acabo de descubrir otro matiz de las matemáticas y las estadísticas.</p>
<p style="text-align: justify;">El tiempo lo medimos por inercia con parámetros muy básicos, desayuno, almuerzo, aplausos y sirenas -ahí tomo conciencia de que son las 20 horas- y la cena. El día de la marmota prometía más.</p>
<p style="text-align: justify;">Para pasar el rato, los psicólogos y gurús del pensamiento positivo (lo mágico pendejo) nos aconsejan seguir unas pautas saludables: comida sana, ejercicio físico, lectura&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">He engordado dos kilos y medio desde este encierro, el ejercicio físico lo he limitado a tocar las palmas y a hacer largos recorridos desde el sofá al frigorífico y me he empapado de toda la literatura concerniente al pensamiento positivo y a la confianza reforzada. Me siento como Tom Hank en náufrago, pero con vituallas. Lo más emocionante del día y que me hace subir la adrenalina de 0 a 100 es tirar la basura al contenedor con la esperanza de encontrarme a algún ser humano que me salude. Hasta ahora no he coincidido con nadie, ni siquiera con un gato callejero.</p>
<p style="text-align: justify;">Han desaparecido las odiosas palomas de mi balcón y los gorriones han abandonado mi terraza, a pesar de que de vez en cuando, no siempre, tiro migas de pan que se quedan petrificadas en el asfalto.</p>
<p style="text-align: justify;">Los días tampoco acompañan. Siri siempre me indica la temperatura en Benalmádena, “cielos nubosos con tendencia a lluvia. La temperatura máxima esperada 17º y la mínima 14º; &nbsp;y nunca yerra. Sería más poético si dijera: “MJ, hoy va a ser otro día de mierda, justo como el de ayer y como el de mañana”, pero el que inventó esta suerte de inteligencia artificial la hizo demasiado educada.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni siquiera se inmuta cuando le dices, “Oye, Siri, ¿se espera hoy un día de mierrrrrrda?”, porque contesta: “no te entiendo, quieres que te diga qué temperatura va a hacer hoy?”.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que me resulta más hiriente son las notificaciones de eventos. “Tiene un nuevo evento”. Me apresuro a abrirlo&nbsp; con la esperanza de encontrar un aliciente al día y, voila, es un recordatorio de una vista que ha sido suspendida. Hago otra muesca en el calendario.</p>
<p style="text-align: justify;">Que el tiempo es relativo lo estoy asumiendo a golpe de echarle paciencia.</p>
<p style="text-align: justify;">Claro que luego están los memes de whatsapp y los mensajes de ánimo. El que se lleva la palma hasta ahora y me hizo reír de una manera histriónica fue aquél que rezaba: “yo no salgo a la calle hasta que no vea una tienda de chino abierta, ésta es la señal”. Estuve dos horas en trance.</p>
<p style="text-align: justify;">En segundo lugar el de “me salgo del grupo, me volvéis a meter, es por salir un rato”.</p>
<p style="text-align: justify;">El cambio de hora fue un alivio, ya os lo digo. Pensar en positivo, pen-sar en po-si-ti-vo: ¡¡¡¡una hora menos de encierro!!!! Hasta ahí llegaron mis progresos con tanta lectura de “tú puedes cambiar tu vida”.</p>
<p style="text-align: justify;">Mis amigos cofrades también pusieron su granito de arena en eso de levantar el ánimo con el meme relativo al coletas: “Lo de suprimir la Semana Santa iba en serio, cuánto rencor”. No obstante, y como una suerte de venganza, el lunes Santo un grupo de músicos entonó el gaudeamus ígitur que se oyó por todas las calles de Málaga. Me lo pasaron por whatsapp y al oír “nuestra vida es corta, en breve se acaba” -vita nostr brevis est, breve finietur- decidí que debía volver a la lectura positiva, más que nada porque si la vida iban a ser dos días y éstos iban a seguir siendo así de mierder, mejor que una muerte en diferido era un tiro certero y “hasta luego Lucas”.</p>
<p style="text-align: justify;">Quería desterrar pensamientos negativos, reforzar la confianza y centrarme en objetivos a corto plazo.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto me llevó a pensar si no estaría en coma, en una suerte de limbo. Estaba viva, sí, pero era incapaz de moverme y de responder a mi entorno. Desde luego este estado de inconsciencia tan prolongado me estaba limando el buen sentido del humor y la alegría. Ni siquiera entraba ya en tuiter. La chica del espejo y Charitrini habían dejado de interesarme, como también los hilos de bizcochos, comida sana durante el encierro y el peregrinar de estadísticas sobre la evolución mundial del maldito virus.</p>
<p style="text-align: justify;">Vuelta otra vez con mi inconsciente, decidí como Penélope, centrar mi pensamiento en la evolución de mi orquídea. A mí no se me daba bien coser ni tejer, pero sí hacer fotos. Y allí estaba ella cada día, poniendo su granito de arena. Me llamaba cada mañana diciéndome, ¡!!eeeh, mira, una nueva flor!!! ¡ESTABA HABLÁNDOME Y YO LE RESPONDÍA!!!!&nbsp; Pensé en dos frases de película: “Houston, Houston, tenemos un problema” -ésta la decía yo- y en “la gente rara vez ve lo que tiene delante, no crees?” -ésta la decía la orquídea.</p>
<p style="text-align: justify;">Por Dios, una nunca sabe lo que puede traerte la marea. (Ésta era la tercera. Nunca se me dieron bien las matemáticas. Entonces volví a reírme como una desquiciada).</p>
<p style="text-align: justify;">Como decía al principio, han pasado treinta días, con sus correspondientes noches, desde el encierro. Y tras la lectura de diez libros de autoayuda, de pensamiento positivo y de refuerzo de la confianza he llegado a la conclusión de que el encierro físico no ha de llevar a un encierro mental que, quizá, es el más cruel y doloroso y el que me he fabricado.</p>
<p style="text-align: justify;">Como el personaje de Tom Hank, en el “náufrago”, debo valorar este momento, sobrevivir a él y seguir respirando. Que quizá la lógica y el destino estén equivocados, pero aquí estoy, hablando con mi planta, tengo mi ice tea, mis hielos tintineando en un vaso de Ikea y vale, he vuelto a perder, &nbsp;estoy triste y echo de menos no tener cerca a personas que quiero, pero sé lo que debo hacer, ¡coño que soy del atleti! y los del atleti sabemos perder, pero también sabemos como nadie remontar, así que de momento he decidido seguir respirando, porque mañana volverá a amanecer y, oye, quién sabe lo que traerá el día&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;">Claro que eso será otra historia y quién sabe si volveré a odiar los lunes o los miraré con ojos chispeantes como miro y seguiré mirando mi ozelito.</p>
<p style="text-align: justify;">
<p>&nbsp;</p>
<p>La foto de la entrada es de Tai´s vía unplash</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4653</post-id>	</item>
		<item>
		<title>In memoriam</title>
		<link>https://mjletrada.es/2019/02/14/in-memoriam/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Feb 2019 07:30:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4603</guid>

					<description><![CDATA[“El Señor es mi pastor; nada me falta.&#160;En verdes praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce,&#160;me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos, haciendo honor a su nombre. Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">“El Señor es mi pastor; nada me falta.<strong><sup>&nbsp;</sup></strong>En verdes praderas me hace descansar, a las aguas tranquilas me conduce,<strong><sup>&nbsp;</sup></strong>me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos,<br />
haciendo honor a su nombre.</p>
<p style="text-align: justify">Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo;<br />
tu vara y tu bastón me inspiran confianza.</p>
<p style="text-align: justify">Me has preparado un banquete ante los ojos de mis enemigos;<br />
has vertido perfume en mi cabeza, y has llenado mi copa a rebosar.</p>
<p style="text-align: justify">Tu bondad y tu amor me acompañan a lo largo de mis días, y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré”.</p>
<p style="text-align: justify">Salmo 23,2-3.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">En memoria de un belga en apuros que conquistó el corazón de esta humilde servidora, abogada de pueblo y de causas perdidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify">Los clientes en un despacho vienen y van. Sin embargo, a otros los adoptas como parte de tu familia. Tienen tanta confianza en ti que, en cuanto les surge cualquier contingencia adversa, por minúscula y trivial que sea, te preguntan, te consultan cual confesor espiritual.</p>
<p style="text-align: justify">Ese fue el caso de Jean Pierre, con el que seguí manteniendo el contacto tras los años. Y créanme que era un caso especial, porque siendo como era desconfiado por naturaleza, valoraba más si aún cabía ese acto de fe que siempre hacía conmigo y que le acompañó hasta el final.</p>
<p style="text-align: justify">Hablaba de la tierra como un auténtico irlandés, por ella trabajaba y luchaba, porque pensaba, como también lo hacía el Sr. O´Hara, que la tierra es lo único que perdura.</p>
<p style="text-align: justify">De ahí que, tras el fallecimiento de su esposa, la única preocupación que le azotaba sin descanso era el destino de aquel trozo de terreno por el que tanto había luchado.</p>
<p style="text-align: justify">De su matrimonio había habido descendencia, una hija, a la que nunca tuvo el placer de conocer porque apenas les visitaba. Ignoro qué pudo ocurrir entre ellos para que aquélla no mantuviera lazos afectivos algunos, porque Jean Pierre era bastante introvertido en ese tema. Sin embargo, tras la muerte de su esposa sí me dejó claro que a su hija no le importaba un pimiento aquellas tierras ni la casa que con sus manos levantó. Que sólo muy de cuando en cuando les visitaba, pero siempre movida por pretensiones ajenas a echarles en falta o por añoranza, sino crematísticas.</p>
<p style="text-align: justify">Lo decía con cierto dolor, sin un deje de ironía.</p>
<p style="text-align: justify">-Letgggada&#8230; (nunca me llamó por mi nombre, ahora que caigo, pero no por ello al pronunciar esa palabra dejé de notar afecto, respeto y mucho cariño) qué puedo hacegg?</p>
<p style="text-align: justify">Acudía abatido, derrotado por los acontecimientos inesperados. Siempre pensó que se marcharía antes que su esposa y no encajó bien con Dios aquella ironía del destino.</p>
<p style="text-align: justify">No sabía ciertamente si con ese “qué puedo hacer“ se refería a la soledad en la que le había dejado la ausencia de su mujer o, más bien, su cuita iba dirigida al campo de lo pragmático, a la apertura de la sucesión, si es que había habido disposición de última voluntad.</p>
<p style="text-align: justify">Con todo el tacto que pude usar en ese momento, pues Jean Pierre, poco dado a los afectos, había comenzado a sollozar en silencio con las manos entre las mejillas; intentando medir mis palabras, descolocada como estaba, me atreví a levantarme y situarme a su lado, tranquilizándole en la medida de mis posibilidades.</p>
<p style="text-align: justify">-Vamos a ver, Jean Pierre, estoy aquí para ayudarle. Es un momento difícil, tómese su tiempo y dígame qué puedo hacer. Qué es lo que le preocupa.</p>
<p style="text-align: justify">Tras un breve silencio, Jean Pierre me dejó claro cuál era su preocupación, faltando su mujer, qué futuro le esperaba a aquellas tierras, quién las ocuparía y qué podía hacer para ordenar su voluntad, pues lo que tenía claro es que no podía dejarla en manos de su hija. Ya sabíamos que su casa, su tierra y su mujer eran los únicos tesoro que tenía y no por ese orden, ¿recuerdan? Me sentí estúpida por no haberlo siquiera intuido.</p>
<p style="text-align: justify">Le sugerí entonces que otorgara testamento, ordenando su última voluntad. La muerte había llegado de modo repentino, sorpresivo y alevoso para su mujer, pero él estaba en el momento de poder determinar el futuro de sus bienes.</p>
<p style="text-align: justify">Le aconsejé que hablara con mi Notaria de confianza, que le acompañaría, y que dispusiera con ella cómo dar forma a su pretensión, haciéndole saber las diferencias entre la ley española y la belga para caso de fallecimiento, y la posibilidad que tenía de determinar la ley aplicable a su sucesión. El Reglamento 650/2012, relativo a la competencia, la ley aplicable, el reconocimiento y ejecución de las resoluciones, a la aceptación y a la ejecución de documentos públicos en materia de sucesiones mortis causa y a la creación de un certificado sucesorio europeo le iban a permitir esa elección. Jean Pierre era nacional belga, pero residente en nuestro país, y esa elección, le remarqué, debía hacerla expresamente en forma de disposición mortis causa para que no dejara lugar a dudas.</p>
<p style="text-align: justify">Le expliqué, gracias al portal europeo e-justicia que no era lo mismo que la legítima abarcara 2/3 (esa restricción determinada en cuanto a la libertad de disponer), que la mitad de la herencia, ya que en el primer caso, de aplicarse la ley española sólo podría disponer de 1/3 de su herencia y no de la mitad.</p>
<p style="text-align: justify">Seguimos en contacto, siempre con cualquier excusa, o bien me llamaba él o lo hacía yo. Era un reloj suizo, pues en Navidad y en fin de año la primera felicitación era la suya.</p>
<p style="text-align: justify">Era difícil olvidarse de aquél hombre enjuto que la edad lo había encorvado, pero como el poema de Tennyson, pese a no tener la fuerza que en los viejos tiempos movía tierra y cielo, seguía siendo lo que era, un corazón de parejo temple, debilitado por el tiempo y el destino, pero más fuerte en voluntad para esforzarse, buscar, encontrar y nunca rendirse.</p>
<p style="text-align: justify">Hoy me ha llamado un vecino suyo para decirme que nos ha dejado, pero a mí no, no del todo, y no porque sea difícil que olvide a la persona y al personaje, sino porque, al parecer, quiso que, al igual que hice en su vida, sea yo quien vele por la buena ejecución de su última voluntad, aunque eso, como saben, será otra historia.</p>
<p>D.E.P.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4603</post-id>	</item>
		<item>
		<title>La venganza de «la Charitrini»</title>
		<link>https://mjletrada.es/2018/09/03/la-venganza-de-la-charitrini/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Sep 2018 06:00:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4570</guid>

					<description><![CDATA[Me despertaron los gritos ahogados de los médicos de la uci, o quizás aquellos sobresaltos que estaba dando a cuenta del desfibrilador. Era una sensación muy desagradable, como cuando me quedé pegada a aquella clavija mal enchufada de mi habitación y noté una corriente continua y caliente en mi cuerpo. Pero esta vez era a [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify">Me despertaron los gritos ahogados de los médicos de la uci, o quizás aquellos sobresaltos que estaba dando a cuenta del desfibrilador.</p>
<p style="text-align: justify">Era una sensación muy desagradable, como cuando me quedé pegada a aquella clavija mal enchufada de mi habitación y noté una corriente continua y caliente en mi cuerpo. Pero esta vez era a alternancias&#8230; 1, 2, 3 yaaaaaa!</p>
<p style="text-align: justify">Un bip continuo sonaba en la estancia. Alguien gritó: -“La estamos perdiendo, la perdemos. Migueeeeeeeel, ¿donde cojones está Diazolam (@MDiazFuentes) !!!?</p>
<p style="text-align: justify">Una voz que no identifiqué, con evidente mala leche, contestó q poniendo un tuit.</p>
<p style="text-align: justify">Para qué querrían a Miguel? No creo que fuese para dormirme, era evidente que según esta gente ya lo estaba.</p>
<p style="text-align: justify">De repente sentí un pinchazo agudo, supongo que sería adrenalina.&nbsp; Inferí tal extremo por la serie urgencias, a todo el que venía a caballo entre dos dimensiones le metían en vena adrenalina, así que aquello no podía ser otra cosa.</p>
<p style="text-align: justify">El bip sonaba esta vez a intervalos, y quien parecía sostener la aguja volvió a chillar, esta vez con entusiasmo, “Vaaaaaamos”&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">De modo inesperado y abrupto entró en la sala una mujer oronda vestida de un níveo impecable que dañaba mis pupilas. El grosor de sus labios, pintados de rojo “vibrator” destacaban sobremanera, parecían dos chorizos cantimpalo. Se acercó a mi y me arreó una sonora bofetada que me descolocó. Me levantó de la camilla a empujones y me condujo al pasillo. Nadie en la sala parecía inmutarse.</p>
<p style="text-align: justify">Dejé allí el sonido del bip intermitente y mi cuerpo inerme e inerte, sin entender un pimiento.</p>
<p style="text-align: justify">La cara de aquella desabrida mujer me sonaba, guardaba cierto parecido con la camarera que nos había servido la cena. Me volví para verla&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">⁃Coño!! (Exclamé en voz alta), tú eres la Charitrini., la del revuelto de setas!!!</p>
<p style="text-align: justify">La tipa me volvió a abofetear, a la par que soltó una risa sardónica que me heló la sangre. Parecía disfrutar con aquello.</p>
<p style="text-align: justify">Maldije la manía que tengo de pensar en voz alta; Gallego Rey (@mareaxenaterra) me decía que eso era de personas inteligentes. En ese preciso instante se equivocaba, fue de imprudente y necia.</p>
<p style="text-align: justify">Tras la puerta de la uci se agolpaban, @ladycrocs, @kinotofukusaka y @M_Isabel2018. Pensé que con una que levantara mi cadáver bastaba. Quise avisar a @M_Isabel2018 de que la bruja vestida de blanco, mezcla de Carmen de Mairena y Lola, la de las velas negras, era Charitrini, pero no me veía, ni ella ni las demás… No podían, yo era un espectro.</p>
<p style="text-align: justify">Agradecí que Charitrini no se percatara de la presencia de Mª Isabel, ya que ella y yo acostumbrábamos a hacer chanzas sobre aquella mujer con tan poco sentido del humor, como deduje.</p>
<p style="text-align: justify">Cruzamos el pasillo que abarcaba la uci hasta la sala de espera donde se encontraban Manu (@Maqnuelperezpi,&nbsp; Carmen (@_CCarbonell) y Patri (@pdediost).</p>
<p style="text-align: justify">Manu les decía que los médicos eran unos inútiles, que solo había que ponerme un par de morcillas y verían como volvía como el señor don gato, al olor de los ozelitos. Patricia y Carmen reprimieron entre lágrimas las risas, arguyendo al unísono que no era momento de chanzas. A Manu se le escaparon las lagrimas a borbotones. Comprendieron entonces que eran sus infinitas ganas de hacerme volver lo que hizo que soltara aquello que a mi me pareció muy tierno.</p>
<p style="text-align: justify">“Ojalá hubiese pedido el revuelto de morcilla”, pensé, para mi.</p>
<p style="text-align: justify">En ese momento, Carmen lo dijo en voz alta.</p>
<p style="text-align: justify">Ni muerta iba a dejar de estar en mi mente&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Charitrini, con evidente inquina me hizo saber que no me podían ver, pero no se percató de que Carmen había expresado en voz alta lo que yo previamente había pensado&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Justo al lado de la sala de espera había una especie de antesala, parecía una pequeña capilla. La puerta estaba abierta y se podía apreciar a simple vista aquel crucifijo que ocupaba toda la parte frontal, situado en el altar. Sentado en uno de los bancos pude distinguir a Pedro Tejeda (@tejeda_pedro). ¿Pedro!!!?</p>
<p style="text-align: justify">De repente,&nbsp;puse toda mi energía en aquel grito gutural, ni Penélope en los Óscar.</p>
<p style="text-align: justify">-PEEEEEEEEEEEEEEEDRO!!!!!!!!</p>
<p style="text-align: justify">Fue inútil, no se volvió, no solo nadie podía verme, tampoco oírme.</p>
<p style="text-align: justify">Pensé, que triste ironía, si Pedro es ateo, ¡¡gracias a Dios!!&nbsp; Y ahí está el tío, hablando con él.</p>
<p style="text-align: justify">Charitrini me soltó un puntapié en el culo, a la par que me exhortaba:</p>
<p style="text-align: justify">-Te he dicho que camines, no me líes jaleos que te ahostio hasta que sientas dolor.</p>
<p style="text-align: justify">-Si no es molestia, tendría usted la amabilidad de explicarme que está pasando. Me siento como el protagonista de una novela de kafka, entre el proceso y metamorfosis, señora-, la increpé yo, envalentonándome.</p>
<p style="text-align: justify">-Estás muerta, abogá, muerta. De tu habilidad y lo que decida el tribunal popular de twitter, dependerá tu existencia. Si por mi fuera, te quedabas en el limbo por graciosilla, so ialagranputa. Estás en una dimensión virtual.</p>
<p style="text-align: justify">-Oiga, oiga, sin ofender. Que si esto va para rato, vamos a llevarnos bien-. Esta vez, mi voz no sonaba con dureza, sino temerosamente.</p>
<p style="text-align: justify">Soltó una mueca grotesca, acompañada de un “quia”.</p>
<p style="text-align: justify">Mientras aquella basta mujer me arrastraba por el hospital yo iba barruntando que tendría que ver el revuelto de setas con mi muerte clínica, con esa especie de viaje astral, con el desdoblamiento de mi cuerpo y con ese peculiar juicio al que me tenía que someter en twitter. Todo era muy tipo “fringe”.</p>
<p style="text-align: justify">Nos adentramos en el ascensor, que estaba situado justo al final de aquel pasillo, pasada la sala de espera, capilla y el control de enfermeras y auxiliares clínicos, no sin antes percatarme de la presentecia de Jorge G. Herrero (@jgarciaherrero) y de Borja Adsuara (@adsuara), discutían con quien parecía ser la auxiliar de guardia, argumentando tener interés legítimo en conocer el lugar donde me encontraba. Era en vano, por mucho que insistían en su condición de familia, en su cuarta acepción, aquella les soltó toda una perorata acerca de la intimidad y la protección de datos de carácter personal.</p>
<p style="text-align: justify">Jorge tomó la voz cantante e hizo un guiño de complicidad a Borja que le entendió a la perfección:</p>
<p style="text-align: justify">-Srta&#8230; mariahezú, (así rezaba en su placa, estratégicamente colocada en el lado izquierdo de su batín, azul celeste que logró ver finalmente Jorge) ¿sabe usted lo que es una brecha de seguridad? Las córneas de aquella mujer reflejaban en ese preciso instante el azul de la pantalla.</p>
<p style="text-align: justify">Borja, recogiendo el estoque, incidió aún más. -¿Sabe usted las sanciones a las que se enfrenta? Porque aquí mi compañero ha tomado nota de al menos siete, siete brechas tan grandes como las maravillas del mundo&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">La auxiliar entendió a la perfección y cantó, con más miedo que yo ante una actualización de Java, hasta el gordo de la lotería del año 1992.</p>
<p style="text-align: justify">Les dejé allí, obteniendo todos los datos acerca de mi maltrecha situación y el box de uci donde mi cuerpo se encontraba. No me molesté en llamar la atención, estaba claro que pasaba inadvertida.</p>
<p style="text-align: justify">Bajamos una planta y las puertas del ascensor se abrieron, adentrando en el mismo Luquitas (@Lucas_DSE), Hidalgo (@mjhidalgoconde), Manuel Zamora (@Publidiex) y Josán (@lokopeda). Discutían sobre setas. Hidalgo y Josán sobre sus efectos alucinógenos y Lucas en que era mejor ir a por rólex. Publidiex, que en su librería tenía puesta a la venta ciertos ejemplares sobre las setas y sobre lo peligroso que era ingerirlas sin conocer sus efectos secundarios. Lucas volvió a insistir en que lo mejor era ir a por rólex. Hidalgo le echó una mirada de reprobación, no era momento de hacer guasa entre setas y rólex.</p>
<p style="text-align: justify">Al llegar al S-1, Charitrini me espetó: “sircula”. Mientras ella atravesaba el cuerpo de Josán, yo evité a los demás, sin querer ser consciente aún de que era un simple espectro.</p>
<p style="text-align: justify">Al salir del ascensor, a mano izquierda había una oficina de registro administrativa, donde quedaban inscritos pacientes ingresados en planta, uci y consultas clínicas. En una de las mesas, pude apreciar a Osti (@ostinus77), su cara era un poema, uno de esos de Bukowski, mezcla de dolor y desolación, supuse que mi nombre había sido registrado por él.</p>
<p style="text-align: justify">Seguimos hacia la derecha, donde caminamos por otro pasillo, está vez angosto y más largo que el primero, parecía interminable. Ahora era yo quien iba a la zaga&nbsp;de Charitrini que me llevaba al retortero.</p>
<p style="text-align: justify">A pesar de la lobreguez del pasillo, la luz que desprendía aquélla, iluminaba todo el recorrido.</p>
<p style="text-align: justify">Nos topamos al final del mismo con una puerta blindada metálica que impedía el paso a personal no autorizado. Estaba conectada a un interruptor electromagnético, con una célula fotoeléctrica. Se encendía al apreciar una presencia física, pero eso no sucedió.</p>
<p style="text-align: justify">Claro, éramos seres etéreos, deduje yo para mis adentros, evitando volver a hablar en voz alta.</p>
<p style="text-align: justify">Para continuar el recorrido, tras la misma, era preciso disponer de una tarjeta criptográfica. Bastaba con introducirla en la ranura y activar el código pin tres veces seguidas. Como negar a Dios.</p>
<p style="text-align: justify">Seguro que esa idea había partido de algún iluminado como Catalá, con lo sencillo y práctico que habría resultado asegurar una puerta con cadena y candado, pensé yo.</p>
<p style="text-align: justify">Como seres vaporosos y sutiles que éramos, atravesamos aquélla sin problemas.</p>
<p style="text-align: justify">Se oyeron voces tras la puerta. No me volví por instinto sino más bien por curiosidad; asomé la cabeza para percatarme de quiénes eran. Allí estaban, Trevijano (@MGTrevijano) y Carmen Rodríguez (@grarmen), discutían sobre la desconfiguración de sus tarjetas. No podían acceder.</p>
<p style="text-align: justify">Charitrini me pilló in fraganti y su censura la materializó en un tirón de orejas.</p>
<p style="text-align: justify">-Camina, coño, que llegamos tarde-, me gritó de forma desabrida y abiertamente hostil mientras no me soltaba la oreja.</p>
<p style="text-align: justify">Balbuceé un “pero a donde me lleva?” que no obtuvo más respuesta que un gfgdgdgdgrgrgr.</p>
<p style="text-align: justify">Aquel pasillo parecía no acabarse..</p>
<p style="text-align: justify">De modo inopinado sentí otra leve descarga en mi cuerpo, supuse que algo no iba bien en la uci, que definitivamente me perdían.</p>
<p style="text-align: justify">Lloré como cuando pierde una final mi Atleti, con auténtica desolación y desasosiego, ya no por mi muerte en sí, sino por los amigos que dejaba atrás. El sonido de los primeros acordes del canon de Pachelbel me hacían presagiar lo peor: por su delicadeza y dulzura siempre lo asocié a una misa de difuntos, lenta, apacible, como el salmo 23.</p>
<p style="text-align: justify">Charitrini me sacó de mis tribulaciones.</p>
<p style="text-align: justify">-Ea, abogá, ya hemos llegao. A ver si se te quitan las ganas de guasa y cachondeo. Estate a liquindoi, porque un pazo en farzo y serás historia.</p>
<p style="text-align: justify">Mi congoja y angustia desviaron durante parte del trayecto mi atención y no me percaté que, tras aquel prolongado pasillo había dado a una sala de vistas.</p>
<p style="text-align: justify">Presidiendo la sala, en estrados, estaba Angryjuez (@AngryJuez). Nadie podía recusarle, pues aun habiendo interactuado con él, nunca mostró hacia mi ni una pizca de amistad o enemistad manifiesta. Siempre fue correcto, educado y distante en cuanto filias y fobias. Imparcial, en una palabra.</p>
<p style="text-align: justify">Eso lejos de angustiarme, me tranquilizó. De haber sido @ladycrocs, @kinotofukusaka, Randy (@EstadoCharnego), Oliver Holmes (@OliverHolmes_jr) o más aún, Mª Isabel, el fallo,&nbsp; cualquiera que hubiese sido podrían anularlo. No por su falta de objetividad, sino por el estigma de su más que evidente cariño hacia mi perfil.</p>
<p style="text-align: justify">Al lado izquierdo de Angry se encontraba Ana (@anvaltej) , para dar fe y testimonio de cuanto allí ocurriera. Quise apreciar en ella un gesto de complicidad, pero me abstuve de corresponderle, no fuera a perjudicarla. Sí me fijé en sus gafas, que aumentaban, si aún cabía,&nbsp; ese aire de intelectualidad.</p>
<p style="text-align: justify">Al otro lado de la mesa, más a la izquierda, otra estaba ocupada por quien parecía ser el fiscal y acusaciones.</p>
<p style="text-align: justify">Tampoco me pareció extraña la ausencia de Nando (@nandogerman) en el lugar del Fiscal. No se habría prestado a ello, pensé.</p>
<p style="text-align: justify">Frente por frente al Fiscal y acusaciones, ejercían mi defensa, Guillermo Jiménez (@GullerJimenez), Cubillas (@JManuelCubillas), Ángel Méndez (@AMendezBer), Matimari y Antonio Navarro (@ANavarroSelfa). Mati parecía orquestar la defensa, haciendo un esfuerzo denodado por no dejarse vencer por la situación de verme en aquella delicada circunstancia.</p>
<p style="text-align: justify">Fuera de estrados, pero cerca del mismo, en primera fila y como apuntadores, pude apreciar a Ana Ponce (@anaponcedelatorre), Mª Ángeles Jiménez (@MAJ2320) y a Ilde (@IldefonsoSeller). Pensé, “el batallón extremeño”.</p>
<p style="text-align: justify">Una voz estentórea salió de la boca de Angryjuez.</p>
<p style="text-align: justify">-“Procedimiento Abreviado, Juicio Oral número 140, barra 2018. Se declara abierta la sesión. Por &nbsp;la Letrada de la Administración de Justicia se va a dar lectura a los escritos de acusación y defensa…”.</p>
<p style="text-align: justify">Ana tomó la palabra con solemnidad&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">“<em>El día 8 de febrero de 2018 fue publicado por la acusada en su cuenta de twitter una chanza relativa a Charitrini. En ella se afirmaba que ésta, tras la confesión de su marido in artículo mortis sobre sus devaneos amorosos con tres vecinas del inmueble, había mantenido relaciones de índole sexual con todo el cuerpo de bomberos, policía y guardia civil, dando a entender que la información recibida la había obtenido de propia mano, con visos de validez y credibilidad, siendo, en cambio absolutamente falsas y, por tanto, calumniosas y gravemente lesivas al honor de la querellante.</em></p>
<p style="text-align: justify"><em>La revelación de esos hechos en una red social de difusión tan extensa como twitter llegó a conocimiento del marido de Charitrini, lo que acrecentó un dolor innecesario a consecuencia del cual entró en parada cardiorrespiratoria, con convulsiones epilépticas prolongadas, parada súbita de presión arterial, que le llevaron a una muerte agónica…</em></p>
<p style="text-align: justify"><em>Meses después, en julio de 2018, la querellada volvió a difundir en esa misma red social con evidente chanza, que Charitrini&nbsp; había comentado con una vecina que su marido había fallecido tras ser atropellado por un camión mientras iba al supermercado a por patatas. Ante la sorpresa y lo inesperado de la noticia y cómo quiera que la vecina se preocupó por su futuro inmediato, la querellada manifestó en dicha red que la querellante argumentó, ante tal imprevisto suceso, que cambiaría el menú por unos macarrones, dando así a entender de manera falsaria que a Charitrini le importaba muy poco el fallecimiento de su marido, hechos todos ellos carentes de verdad alguna y, por tanto, calumniosos y gravemente lesivos al honor de la querellante.</em></p>
<p style="text-align: justify"><em>Los hechos han sido calificados por el Mº Fiscal tal y como consta en su escrito de acusación, negando la defensa los mismos&#8230;</em>”</p>
<p style="text-align: justify">Angryjuez volvió a tomar la palabra.</p>
<p style="text-align: justify">-¡Póngase en pie la acusada!. Se le informa de su derecho a no declarar contra sí misma, a no confesarse culpable&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Si va usted a declarar, responda a las preguntas del Ministerio Fiscal.</p>
<p style="text-align: justify">No daba crédito, después de la vida de Bryan, esto era lo más surrealista que había vivido, en sentido figurado, claro, porque estaba claro que yo era un fantasma y aquella realidad no era más que una simple visión quimérica.</p>
<p style="text-align: justify">Por aquella Sala pasaron testigos de cargo. La estelar, Charitrini, que adoptó una pose histriónica y plañidera, victimista en una palabra. Su imagen, según refirió a todos, había sido vilipendiada a niveles exponenciales difícil de calibrar, causando además un daño innecesario a su difunto esposo.</p>
<p style="text-align: justify">Por eso solicitaba, entre otras medidas, no solo la prohibición de acercamiento y comunicación, sino el destierro de twitter.</p>
<p style="text-align: justify">Los testigos de cargo siguieron desfilando bajo la categoría de protegidos, simples trolls con perfiles ocultos que no pude identificar. La mayoría coincidía en que mi número de seguidores me hacía ser una persona peligrosa con facilidad para la transmisión de cualquier mensaje, por falaz que fuese. Añadiendo con evidente saña que nunca aportaba nada, tan sólo majaderías. Estaba claro que el número de seguidores en mi caso no guardaba relación alguna con mi perfil.</p>
<p style="text-align: justify">Los de la defensa se afanaron en hacer ver a Angryjuez que era persona afable y que no se cumplían los elementos subjetivos de lo injusto, pues nunca hacía chanza de nadie con intención de vituperar o causar molestia o aflicción alguna. Que era una malabarista del sobrevivir a la par que disfrutona, que siempre veía la belleza en lo simple y me reía de mí misma. Y que si bien era cierto lo de los chistes de Charitrini, aquellos no eran más que el resultado de una información veraz y contrastada, con ausencia de maldad alguna, como tantos otros tuits que lanzaba.</p>
<p style="text-align: justify">De manera inesperada, sorpresiva y disruptiva, se introdujo en la Sala la ujier, interrumpiendo de forma brusca la declaración de uno de los testigos, manifestándole a S.Sª que un grupo de personas que no habían sido citadas estaban montando gresca porque querían declarar, pese a que no habían sido propuestos ni por defensa ni por acusación.</p>
<p style="text-align: justify">Se trataba de Paco Rosales (@rosalesnotario), @justitonotario y Carmelo Llopis (@josecarmelollb). Querían dar fe y testimonio de la poca repercusión que habían tenido los tuits sobre Charitrini, aportando al unísono el Acta notarial que habían levantado cada uno de ellos.</p>
<p style="text-align: justify">Argumentaron (y en eso coincidían como una trinidad) que tanto la impresión total de los mismos (personas q lo vieron), así como su interacción, había sido muy baja, hasta el punto de que pasaron desapercibidos.</p>
<p style="text-align: justify">Angryjuez miró a fiscal y defensa con reprobación mientras se dispuso a hojear las tres Actas notariales.</p>
<p style="text-align: justify">El silencio en la sala de podía cortar&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Un dolor agudo me sacudió, esta vez si cabía con más fuerza. De repente, me convertí en aire, me empezaba a desinflar como un globo de feria, saliendo a toda pastilla de aquel desagradable lugar.</p>
<p style="text-align: justify">Charitrini demudó, quedándose clavada como un estafermo, lo que aproveché para hacerle cortes de manga mientras me hacía vapor.</p>
<p style="text-align: justify">Recorrí el camino en sentido inverso como en un review de un vídeo, viéndome de nuevo en esa cama incómoda llena de cables y aparatos conectados. Oí que alguien comentaba mis constantes, tensión arterial, pulso, respiración, temperatura, previsión venosa central, saturación venosa, dextrostix&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Seguía&nbsp;retrocediendo sin parar, me vi salir de la uci, entrando, más bien, la ambulancia, el shock anafiláctico hasta justo el momento en que se acercó la camarera para tomar la comanda.</p>
<p style="text-align: justify">⁃Tengo un revuerrrrto de zetash que quitan el zentío&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Me acordé de Manu y su célebre ectp, en las acedías y en toda la corte celestial de aquella mujer, esbelta y morenaza, por cierto, nada que ver con la oronda y detestable Charitrini de mi experiencia virtual.</p>
<p style="text-align: justify">Tenía una segunda oportunidad y no la iba a desperdiciar así que en voz queda le dije;</p>
<p style="text-align: justify">-Pensándolo bien, Chari -se extrañó de que conociera su nombre- tráigame un Aquarius de limón de lata, que las setas no traen nada bueno&#8230;</p>
<p style="text-align: justify">Quiso replicarme pero zanjé la cuestión con un “bah, Chari, eso es otra historia”.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4570</post-id>	</item>
		<item>
		<title>La importancia de llamarse Iluminado</title>
		<link>https://mjletrada.es/2018/03/15/la-importancia-llamarse-iluminado/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Mar 2018 07:00:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4534</guid>

					<description><![CDATA[En diciembre de hace más de cinco años se puso en contacto conmigo Iluminado Cortés Pérez, su pretensión consistía en una solicitud de cambio de nombre, amparado en el estigma que el mismo le ocasionaba. En la primera hora de la entrevista que mantuve con él no aprecié ningún tipo de trastorno, ni alteraciones en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En diciembre de hace más de cinco años se puso en contacto conmigo Iluminado Cortés Pérez, su pretensión consistía en una solicitud de cambio de nombre, amparado en el estigma que el mismo le ocasionaba.</p>
<p style="text-align: justify;">En la primera hora de la entrevista que mantuve con él no aprecié ningún tipo de trastorno, ni alteraciones en la percepción ni rasgo que indicara en su forma de hablar una transformación de la realidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Su discurso me parecía coherente. Quería cambiar de nombre porque el que le impusieron sus padres había sido objeto de mofas desde su infancia, adolescencia hasta su madurez como individuo.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde bombilla, gusiluz, fósforo, etc… En otras ocasiones, ya de mayor, según me contaba, si en algún debate escolar pretendía imponer su razonamiento con más vehemencia o terquedad siempre había un gracioso que soltaba aquello de “¿claro, como tú eres un iluminado…!”.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue Iluminado quien me hizo recordar cómo las experiencias negativas en la infancia pueden marcarte en tu etapa de madurez hasta hacerte retraído, desconfiado, con baja autoestima.</p>
<p style="text-align: justify;">Los psiquiatras a estas situaciones la llaman “estrés precoz”, hechos ocasionados por traumas físicos o emocionales que van a alterar en gran parte el rumbo del desarrollo de la persona y su madurez. Esa herida queda en el cerebro como un “pico” tan grave de estrés y sufrimiento que deja lesión, provocando que, llegada a la edad adulta, se tenga más riesgos de desarrollar algún tipo de depresión.</p>
<p style="text-align: justify;">Según un estudio clínico, sufrir altas tasas de estrés en la infancia modelan y cambia muchas de las estructuras más profundas del cerebro y hace que la persona se vuelva más frágil, con una menor autoestima y con mayor probabilidad de sufrir una depresión en una edad adulta.</p>
<p style="text-align: justify;">Iluminado era una persona introvertida, con una hipersensibilidad y una vulnerabilidad emocional evidente, lo que pude comprobar tras explicarme las razones por las que quería cambiar su identidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Pese a todo, en ningún momento, mientras escuchaba su exordio me pareció que su discurso fuese delirante ni mantuvo entonces &nbsp;una conducta inadecuada. Al contrario, escuchar su alegato me provocó tal conmiseración que no pude reprimir una lágrima incipiente&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">La importancia del nombre es algo evidente en la vida de una persona desde que nace, es lo que le identifica y es la prueba de su existencia como parte de una sociedad, como individuo que forma parte de un todo; es, en definitiva, lo que le caracteriza y diferencia de los demás.</p>
<p style="text-align: justify;">La Constitución española no reconoce expresamente el derecho al nombre entre los derechos fundamentales. No obstante, el Tribunal Constitucional enumera, entre los derechos personalísimos, “la imagen, la voz, el nombre y otras cualidades definitorias del ser propio y atribuidas como posesión inherente e irreductible (STC 117/1994 FJ 3º), reconociendo que el nombre forma parte de los derechos incorporados en el artículo 18 por su conexión con el derecho a la propia imagen, a la intimidad y, en fin, a la dignidad del individuo.</p>
<p style="text-align: justify;">La Declaración Universal de los Derechos del Niño, aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1959 reconoce, expresamente, en su artículo 3 que el niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre.</p>
<p style="text-align: justify;">El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha venido estableciendo en múltiples sentencias que el nombre y apellido de un individuo atañen a su vida privada y familiar, siendo de aplicación a todos estos casos el artículo 8 del Convenio para la protección de los derechos humanos y de las libertades fundamentales.</p>
<p style="text-align: justify;">Sentadas estas bases, lo cierto es que Iluminado no había usado a lo largo de su vida otro nombre que ese y las razones de su cambio no obedecían a razones de disforia de género, a fin de conformar su identidad sexual de acuerdo a sus sentimientos y convicciones.</p>
<p style="text-align: justify;">Me preguntaba si podría ser admisible en nuestro derecho que sólo las convicciones psicológicas, el trastorno que le ocasionaba en su propia identidad su propio nombre podría ser motivo suficiente para el cambio que pretendía.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, tras bucear en la jurisprudencia nacional, que sólo lo admitía en supuesto de disforia de género, tampoco la del Tribunal de Derechos humanos contemplaba ese supuesto.</p>
<p style="text-align: justify;">Al respecto, el Tribunal europeo de derechos humanos en reiteradas sentencias relativas al tema, con proyección en la violación del artículo 8, venía manifestando de forma insistente que los Estados parte disponen de un amplio margen de apreciación en el ámbito de la regulación sobre cambio de nombres por parte de las personas individuales y que no corresponde a dicho Tribunal reemplazar el criterio de las autoridades competentes a la hora de determinar cuáles son las políticas apropiadas en ese ámbito, sino que su función se limita a la de supervisar, desde la perspectiva del convenio, las decisiones adoptadas por estas autoridades en el ejercicio de su capacidad de apreciación.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando advertí a Iluminado que su solicitud no iba a ser estimada por cuanto no constaba el uso habitual por su parte de otro nombre, ni tampoco que este impuesto lo hubiese sido con infracción de las normas establecidas, comenzó a comportarse de una manera inusual a la de las horas previas.</p>
<p style="text-align: justify;">De una manera rara, extravagante, con alta suspicacia, comenzó a hilvanar una serie de razonamientos peregrinos, que no tenían ninguna relación con la realidad. Hasta el punto que me expresó abiertamente si yo también estaba contra él o cuál era la razón por la que no quería hacerme cargo del asunto, si había sido su madre quien me había telefoneado rastreando la llamada de su móvil, insistiendo una y otra vez en por qué no podía llamarse de otra manera y si yo estaba confabulada con los del Registro Civil.&nbsp;Que en realidad, lo que quería era dejar de llamarse Iluminado para que los ángeles le dejaran en paz, ésos que le decían que él era el elegido, al igual que lo fue Abraham.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi estado de conmiseración dio paso a otro, otro en el que comencé a experimentar nauseas, mareos, dolor de cabeza, sudores fríos…</p>
<p style="text-align: justify;">Me fijé en el abrecartas que tenía colocado encima de la mesa y me sentía impotente para realizar cualquier movimiento. Carecía de psicomotricidad y era incapaz de pensar y llevar a cabo una acción con la coordinación motora y neuronal correspondiente.</p>
<p style="text-align: justify;">Contra todo pronóstico, pude articular una especie de sonido gutural algo parecido a “no se preocupe, Iluminado, lleva usted razón, déjeme su teléfono y lo estudiaré más detenidamente”. Y por arte de birlibirloque aquél sujeto pareció convencerse.</p>
<p style="text-align: justify;">Afortunadamente no supe nada de Iluminado, porque mi dispositivo móvil tenía una aplicación para el bloqueo de llamadas que me pareció de lo más práctico que se ha inventado después de la comida envasada.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, hace aproximadamente mes y medio recibí un email del Dr. Facundo Méndez de Prie, psiquiatra adscrito a la UAP del hospital Clínico Universitario, que me dejó un tanto helada… Pero eso, eso es otra historia&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“… sé que es inusual que me ponga en contacto con usted por este medio, pero querría contrastar con usted un suceso que aún me tiene conmocionado. Sé de su existencia porque en sucesivas terapias la madre de mi paciente, Iluminado, la ha mencionado como la abogada que quiso contratar su hijo para cambiar de nombre, en su idea delirante de ser el único remedio para que sus trastornos de percepción y de pensamiento, así como sus alucinaciones desaparecieran.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em><i>Llegados a este punto, si le soy sincero, no sé si estoy en presencia de un&nbsp;trastorno disociativo de la personalidad.</i></p>
<p style="text-align: justify;"><em>El pasado mes de octubre Iluminado llevado por esa idea delirante de ser “el elegido”, se precipitó desde el séptimo piso de su vivienda; argumentaba que Dios lo había puesto a prueba y que los ángeles y Arcángeles le llevarían en brazos hasta el acerado de la calle, pero debía tener fe y lanzarse al vacío con convicción y sin vacilaciones.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>No me diga cómo fue, lo cierto es que ingresó en urgencias con sólo una fractura de tobillo y varias policontusiones sin gravedad aparente.</em></p>
<p style="text-align: justify;">Cuando comencé a tratarlo, ante el más que evidente intento de autolisis, negó cualquier evidencia al respecto, manifestando lo que le he apuntado, Dios poniendo su fe a prueba le retó a lanzarse al vacío asegurándole que sería conducido en volandas por una cohorte de ángeles celestes. En cuanto a las policonstusiones varias que sufrió las achacaba a un fallo de coordenadas de aquéllos.</p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;Ante el intento por mi parte de entrar en razón con el mismo, obvio decirle que estaba sobre medicado, me miró fijamente a los ojos y me espetó con voz pastosa: “¿cuántas personas ha conocido usted que se precipiten al vacío y salgan ilesos?&#8230;”</em></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4534</post-id>	</item>
		<item>
		<title>¿Policía ni en broma?</title>
		<link>https://mjletrada.es/2017/03/03/policia-ni-en-broma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Mar 2017 06:30:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4357</guid>

					<description><![CDATA[La primera vez que le vi pensé que nada tenía que ver con el Cuerpo. Su sola presencia llenaba aquella angosta estancia en la que parecían revolotear a su alrededor los agentes. Ya lo he contado. Yo acababa mi servicio y la Comisaría, lo que antes era la Inspección de guardia hoy Odac, andaba patas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">La primera vez que le vi pensé que nada tenía que ver con el Cuerpo. Su sola presencia llenaba aquella angosta estancia en la que parecían revolotear a su alrededor los agentes.</p>
<p style="text-align: justify;">Ya lo he contado. Yo acababa mi servicio y la Comisaría, lo que antes era la Inspección de guardia hoy Odac, andaba patas arriba. Una ciudadana de origen sueco se había perdido. Se trataba de una octogenaria con alzheimer.</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie dominaba la situación salvo él. Quizás esa es una de las cualidades que más destacan en su persona, su capacidad para gestionar conflictos. Su alta dosis de lo que un andaluz diría «horchata en las venas», que un inglés lo llamaría flema y los de arriba de Despeñaperros denominarían «capacidad resolutiva en situaciones críticas».</p>
<p style="text-align: justify;">Lo cierto es que a diestro y siniestro daba las oportunas órdenes mientras intentaba trabar comunicación con aquella mente oculta. En mi vida he oído sonidos tan desiguales.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero si me siguen, a estas alturas saben a que historia me refiero.</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo de mis casi 26 años en ejercicio he tenido la oportunidad de conocerle mejor.</p>
<p style="text-align: justify;">Me vienen a la memoria Jalo, ese enamorado de España, como también Jesús, que no sé si decía ser el hijo de Dios vivo o el hijo vivo de Dios. No estoy segura. (Les debo esta historia).</p>
<p style="text-align: justify;">También Teresita, que hoy tendrá treinta y tantos años, quien,&nbsp;según me contó, nació en el asiento trasero de un Simca 1000 (que oigan, si ya es difícil hacer el amor en el susodicho, imaginen espatarrarse y dar a luz&#8230;).</p>
<p style="text-align: justify;">La zona, por entonces, era hostil a los que llamaban con cierta dosis de desprecio «txacurras». Teresita no tuvo otra ocurrencia que ser traída al mundo por un “madero” y, a&nbsp;mayor abundamiento, que su cordón umbilical fuese anudado con los cordones de los zapatos del agente en cuestión. El destino es caprichoso y en la mayor de las ocasiones un tanto terco.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy Teresa Zubiaga Aldekoa, quien tomó el nombre de la madre del que le trajo al mundo, pertenece a la división antiterrorista de la Ertzaina. Casualidad? No sé, hay quien como Redfield diría que es más causalidad.</p>
<p style="text-align: justify;">También recuerdo, al hilo de la historia de&nbsp;Teresa, aquellas carreras automovilísticas, tipo fórmula 1, en la que el premio no era una copa laureada, sino la vida. Lo que vulgarmente llamamos «salvar el pellejo», no solo el propio, sino el ajeno.</p>
<p style="text-align: justify;">Entonces había sido adscrito al grupo de escoltas por eso a lo que he hecho referencia de flema en estado puro. Nadie como él sabía escurrirse como una anguila de entre los caseríos y carreteras secundarias. Antes de inventarse el GPS y los aparatos detectores de radares fijos, él ya disponía de un sexto sentido. Eso le valió una condecoración, silenciosa, pero condecoración se mire por donde se mire. Y sobre todo, lo más importante, la admiración, gratitud y reconocimiento del empresario tiroteado cuyo pelaje quedó intacto. Según me contó muchísimos años después, jamás había visto a nadie vomitar de aquel modo para, momentos después, beberse medio litro de Pacharán como si de Solán de Cabras se tratara. Claro que eso es otra historia. (Me la apunto para no dejarla en el tintero).</p>
<p style="text-align: justify;">Sufrió varios percances en el norte, por utilizar un eufemismo a eso de ser encañonado, tiroteado y atentado; como dice él, detalles «sin importancia», gajes del oficio.</p>
<p style="text-align: justify;">Fue testigo vivo de la transición en el cuerpo nacional y pionero en la defensa de los derechos como policía. Eso le valió algún que otro disgustillo económico, no solo por lo del empleo y sueldo, sino por lo de la huelga de hambre. Hay que estar muy loco o muy cuerdo, no lo sé, para, en el panorama vasco de los 80, señalizarse como policía y ponerse en huelga reivindicando derechos básicos y elementales. Aquello era situarse en una diana donde cualquiera podría disparar.</p>
<p style="text-align: justify;">Sí, dejó de ser un simple txakurra, para ser un «madero con güevos,», (traducción no muy fidedigna de Patxi, de la 10ª compañía reserva general, los temidos “dragones”, ya que lo que realmente me dijo en una de esas reuniones que suelen llevar a cabo&nbsp;“este lechuga tenía güevos”, según me tradujo Cristóbal).</p>
<p style="text-align: justify;">Luego la historia lo trajo a Torremolinos, donde con no pocas dosis de mano izquierda encajó con el carácter del sur, él que tan del norte es. A veces estoy convencida de que en realidad no entiende demasiado bien cuando le hablamos rápido y de ahí que sea tan condescendiente, no lo tengo muy claro este extremo tampoco y no quiero desmitificarlo a estas alturas.</p>
<p style="text-align: justify;">Nunca le vi de uniforme, nunca hasta que le condecoraron con la Cruz al Mérito Policial. ¡¡Por Dios, en mi vida había visto a alguien a quien sentara tan mal el uniforme!!No encajaba ni la gorra ni la chaqueta ni el pantalón, pero se le veía tan feliz, rodeado de los suyos, que al final y a la postre, solo podías fijarte es esos ojos chisposos y en su risueño bigote. Los demás, a su lado, iban cargados y pertrechados de firuletes, en cambio en él nada sobraba, nada era superfluo. Ni siquiera aquel lazo extraño, anudado o cosido, no lo llego a visualizar ahora,&nbsp;de color plateado o dorado,&nbsp;que según me refirió no era un adorno, sino un galón de méritos.</p>
<p style="text-align: justify;">El ingreso en la Upap, su último destino, vino a raíz de los cambios que a nivel legislativo se estaban pergeñando. Tuvo&nbsp;que empezar de cero, y no en sentido figurado. El despacho lo componía una mesa, una silla y un par de bolígrafos bic. Carecía de las condiciones mínimas básicas para trabajar y aún así y en tan adversas circunstancias puso en marcha aquella iniciativa proporcionando con medios propios lo necesario sin inmutarse. Nunca le oí quejarse, ni siquiera cuando tenía que montar un operativo a las cuatro de la madrugada.</p>
<p style="text-align: justify;">No exagero si les digo que el personaje del que hoy les hablo no sólo ha salvado vidas y ha traído otras, sino que ha enseñado a muchas lo más importante: saber vivir, devolverles la dignidad, la autoestima.</p>
<p style="text-align: justify;">Hoy le he visto por última vez de servicio, hemos desayunado en una cafetería cercana a mi despacho. Recordábamos estas historias y otras tantas. Era un momento especial, hoy hacía entrega de su placa y de su arma reglamentaria. He querido acompañarle hasta la puerta y recordaba, no sé por que extraña razón aquella canción de Sabina, la del pirata cojo. O quizá sí, pero esa, esa es otra historia&#8230;</p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p><iframe title="La del pirata cojo" width="1080" height="810" src="https://www.youtube.com/embed/1rFmpFV5q70?feature=oembed"  allow="accelerometer; autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture" allowfullscreen></iframe></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>“Torremolinos, 23 de octubre de 2011.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Muy señor mío:</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Me dirijo a usted porque soy de las personas que piensan que cuando se portan bien con una hay ser agradecida…</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Mi nombre es Carmen Gaspar Martínez-Sousa, soy madre de un chico de cuarenta y seis años que hace dos días decidió cansarse de vivir y encaramarse al balcón del sexto piso de nuestra vivienda para arrojarse al vacío. Justo antes de lanzarse, mi hija llamó por teléfono a uno de sus policías, (no viene al caso manifestarle por qué mi hija tenía su teléfono), sólo le diré que éste no lo dudó un instante. Mientras se dirigía “volando” hacia donde estaba mi hijo, lo llamó al móvil. La firmeza, la valentía, la profesionalidad, la fuerza y sobre todo su coraje, hizo que quien estaba dispuesto a terminar con todo, accediera a bajarse de la barandilla.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Lo demás ya lo sabe usted por la nota informativa. Ese mismo agente montó el dispositivo de seguridad, llamó al 112 y no se despegó de mi hijo hasta que obtuvo el alta…</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ahora, a mis setenta y cinco años, puedo decirle Sr. Comisario, que entiendo por qué son ustedes Á</em><em>ngeles Custodios.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Que Dios les Bendiga”</em></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4357</post-id>	</item>
		<item>
		<title>Una guardia en Navidad</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/12/23/una-guardia-navidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Dec 2016 06:30:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4334</guid>

					<description><![CDATA[Es notorio, todos los que me conocen lo saben, detesto la Navidad. No, no me siento triste, no me falta ningún ser querido hasta el extremo de provocarme ese estado de decaimiento de la moral. Es esa imposición de sentirse plenos, felices hasta el paroxismo, lo que me chirría cada año. Es ese ser amable, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Es notorio, todos los que me conocen lo saben, detesto la Navidad. No, no me siento triste, no me falta ningún ser querido hasta el extremo de provocarme ese estado de decaimiento de la moral. Es esa imposición de sentirse plenos, felices hasta el paroxismo, lo que me chirría cada año. Es ese ser amable, comprensivo por ser Navidad, lo que aborrezco.</p>
<p style="text-align: justify;">Por esa razón, cuando me designaron la guardia de Juzgado un 24 de diciembre me sentí dichosa, tenía la excusa perfecta para el escaqueo. ¿Quién iba a querer cambiarme el servicio de guardia? Pues eso, nadie. Por una vez clamé al cielo y me oyó.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi llegada se produjo de forma puntual, pero sólo había un funcionario en el juzgado y, en la medida en que los atestados no habían sido remitidos por el agente encargado de ello, me ofreció darle un “arreglo” a los postres navideños que de forma muy estudiada habían sido dispuestos en una bandeja que, a su vez, había sido colocada a la entrada de la sede judicial, justo al lado de la mesa del agente, para solaz de detenidos, abogados y personal.</p>
<p style="text-align: justify;">Las bebidas como el anís del mono, el licor de café, de hierbas y otras sustancias con elevado grado de alcohol habían sido llevadas, no obstante, al fondo de la estancia, en el armario reservado para la custodia de las llaves de los baños privados y objetos y enseres varios de los funcionarios por razones obvias.</p>
<p style="text-align: justify;">Lentamente se fue llenando la estancia, los funcionarios uno a uno iban ocupando sus puestos y dado que el agente de policía nacional había remitido el único atestado instruido, me divertí comprobando cómo lo echaban a suertes. Finalmente sería Mateo el tramitador procesal que se encargaría de aquellas diligencias. Se trataba de una pelea o riña entre cuatro tipos de lo más extravagantes.</p>
<p style="text-align: justify;">Uno de ellos, a todas luces finlandés, apellidado Joulupukki, orondo, de frondosas barbas y pelo níveo, vestía unos pantalones de un color rojo intenso dos tallas menos de la necesaria, que ponían de manifiesto y resaltaban más si cabía su sobrepeso. A ello lo acompañaba una camisa blanca, de un “blanco roto” que hacía sospechar sobre su coloro original y lo remataba con un abrigo de paño de color verde, que no podía abrochar.</p>
<p style="text-align: justify;">De los otros tres, que en extravagancia no le iban a la zaga, dos parecían árabes, pues vestían lo que se conoce como Dishdash o Khandura y un sobre abrigo medio transparente, que luego supe que llamaban Aba (con una b, en lugar de Abba, grupo sueco); el último, era de raza negra, de un color de piel azabache, apodado “Baltazáh”. A éste, en la oscuridad de los calabozos del juzgado sólo lo podía distinguir por el blanco de los ojos, pues iba vestido a la sazón de negro, en consonancia con su piel.</p>
<p style="text-align: justify;">Joulupukki había designado abogado y solicitado un intérpetre de suomi, aunque a todas luces comprendía el idioma, así que me encargué de la defensa de aquel trío sin par.</p>
<p style="text-align: justify;">Inmediatamente fue Baltazah el que cogió la voz cantante. A mi parecer, más que por protagonismo por el estado de aletargamiento de sus dos compañeros, que parecían dormitar en la estancia a consecuencia aún de los efectos del alcohol.</p>
<p style="text-align: justify;">Joulupukki compartía la celda paralela a ellos, la cual estaba separada por un muro de hormigón por razones de seguridad.</p>
<p style="text-align: justify;">En los juzgados de Torremolinos, los calabozos disponen de tres compartimentos, separados todos ellos por una pared medianera. La razón es obvia. Hombres van a un lado y mujeres a otra. La tercera celda la suelen usar cuando hay conflictos entre los detenidos, para evitar encontronazos y peleas.</p>
<p style="text-align: justify;">Por esa razón, Joulupukki estaba solo en una de ellas.</p>
<p style="text-align: justify;">Baltazah presentaba una herida inciso contusa en el ojo izquierdo, magulladuras en las piernas y erosión en cara anterior de la tibia izquierda, fruto del altercado. Pero por lo que pude ver, el finlandés presentaba excoriaciones en el labio y erosiones en ambos lados de la cara. Las lesiones de los otros dos restantes no las pude ver a simple vista, sino en el parte médico…</p>
<p style="text-align: justify;"><em>“Refiere golpe con botella en la cabeza. Presenta herida contusa zona parietal. Acude en estado etílico, detenido por la policía”</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em><em>“Refiere golpe en oreja izquierda y barbilla. Presenta erosión leve en lóbulo de oreja izquierda y erosión en barbilla. Ningún otro signo físico de erosión. Acude en estado etílico, detenido por la policía”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">-«Letrada, esto lo empezó el finlandés, pero si le soy sincero no recuerdo por qué la emprendió a golpes. Mis compañeros y yo sólo nos defendimos» –Baltazah parecía creíble. Su habla no era pastosa, sino todo lo contrario, fluida y melosa incluso-.</p>
<p style="text-align: justify;">El finlandés, al oir a Baltazah, experimentó&nbsp;cierto estado de histrionismo, pues comenzó a proferir expresiones ininteligibles, acompañadas de un jojojó que sí pude distinguir. Parecía un bufón, gritando y agitando piernas y brazos.</p>
<p style="text-align: justify;">Agradecí que en esos momentos apareciera mi compañero para poner un poco de cordura a aquél acróbata ridículo.</p>
<p style="text-align: justify;">Baltazah, aun con un discurso aparentemente fidedigno, me estaba contando una verdad al arbitrio de su conveniencia, porque según constaba en el propio atestado, todos ellos se conocían del Polígono industrial Guadalhorce. Joulupukki regentaba una tienda de importación y exportación de un extenso surtido de productos, desde sudaderas, gafas, bolsos, zapatos, relojes, perfumes, hasta juguetería; los otros tres, mis clientes, una dedicada en exclusividad al mundo del juguete al por mayor y al por menor, su distribución, comercialización e importación.</p>
<p style="text-align: justify;">Al final de la jornada, tras el cierre, coincidieron en el Bar “Guadalhorce”, donde comenzó entre ellos una agria discusión, no precisando el camarero quién comenzó, pero sí dando detalles de lo manifestado.</p>
<p style="text-align: justify;">Al parecer, mis clientes acusaban al finlandés de explotar a sus compatriotas, árabes y africanos, con jornadas laborales abusivas. El otro se defendía argumentando que debía terminar los pedidos cada 25 de diciembre y que aquellas horas estaban más que retribuidas, mientras que los otros no sólo disponían de un mayor margen temporal de distribución sino también de efectivos.</p>
<p style="text-align: justify;">De forma inopinada, sorpresiva y alevosa, (así lo recogía el atestado de boca&nbsp;de Lucas, el camarero) uno de los árabes, de pelo ensortijado y color cobrizo, le llamó gordo ridículo, estafador de mierda, a la par que le propinó un puñetazo en el labio, que no llegó a impactar de forma directa por el grado de alcohol que llevaba en sus venas. Aunque el testigo, en este punto dudó, ya que no supo apreciar si el puñetazo vino seguido de la verborrea o tras el botellazo que éste recibió como consecuencia de aquella.</p>
<p style="text-align: justify;">Mi compañero y yo nos cruzamos las miradas y con un gesto entendí que quería que saliéramos de aquél lúgubre lugar.</p>
<p style="text-align: justify;">En voz queda comenzó su alocución:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>-“Por lo que veo, todos tienen lesiones, ninguna, por lo que se aprecia del parte de urgencias, precisará más que la primera asistencia; si todos declaran, con absoluta probabilidad, al existir versiones contradictorias los condenarán a todos por un delito leve de lesiones en riña&nbsp;mutuamente aceptada. A mi cliente no le interesa y por lo que he visto a los tuyos tampoco, que son titulares de tarjeta de residencia, estar inscrito en el Siraj*. Creo que todos deberían acogerse a su derecho a no declarar y no acudir al forense siquiera”.</em></p>
<p style="text-align: justify;">*El Siraj es un sistema de registros administrativos que gestiona el Ministerio de Justicia, con proyección de integración de los distintos existentes (penados y rebeldes, requisitorias, violencia de género, medidas cautelares, de sentncias no firmes…) y cuyo objetivo no es otro que servir de apoyo a los órganos judiciales, Ministerio Fiscal, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y otros organismos administrativos. En él se anotan, al caso que nos ocupa, y como es obvio, las sentencias de condena.</p>
<p style="text-align: justify;">Al regresar a calabozos cada uno comentó la estrategia procesal y convinimos en que no declararan.</p>
<p style="text-align: justify;">Finalmente, el Juzgado de Instrucción número 1 de Torremolinos dictó Auto de sobreseimiento provisional en los siguientes términos…</p>
<p style="text-align: center;"><em>AUTO</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>En Torremolinos, a 24 de diciembre de 2015</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>ÚNICO.- El presente procedimiento se incoó por los hechos que resultan de las anteriores actuaciones, habiéndose practicado las diligencia de investigación que constan en autos.</em></p>
<p style="text-align: center;"><em>RAZONAMIENTOS JURÍDICOS</em><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>PRIMERO.- De lo actuado no aparece debidamente justificada la perpetración del delito que ha dado motivo a la formación de la causa, por lo que de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 644-1º/779.1.1º de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, procede decretar el sobreseimiento provisional de las actuaciones.</em><em>&nbsp;</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>SEGUNDO- Conforme dispone el artículo 779.11.º de la LECR, se deberá notificar dicha resolución a quienes pudiera causar perjuicio la misma, aun cuando no se haya mostrado parte en la causa….</em></p>
<p style="text-align: justify;">No se despidieron de mi, salvo por aquél gesto que al unísono y con precisión matemática llevaron a la vez: mano derecha al corazón, luego a la boca y, finalmente, a la cabeza.</p>
<p style="text-align: justify;">No me volví para verles marchar, por eso cuando noté la presencia de aquella sombra a mi espalda me sobresalté.</p>
<p style="text-align: justify;">-“Chica, ¿recuerdas aquel coche scalextric mini Morris de 1973?. -Era la misma voz pausada y melosa que la de calabozos-. Pues no, no fue un error, alguien debió cambiarte la etiqueta”.</p>
<p style="text-align: justify;">Sí, ya sé que quieren que les cuente más, estoy imaginando el gesto que pondrá mi amigo Francisco Rosales, pero tanto ustedes como él saben que eso, eso es otra historia…</p>
<p style="text-align: justify;">Feliz Navidad.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4334</post-id>	</item>
		<item>
		<title>La peluquera, su hija y el eslabón perdido de Darwin</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/05/19/la-peluquera-hija-eslabon-perdido-darwin/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 May 2016 05:30:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4221</guid>

					<description><![CDATA[&#8211;Perooooo, ¿usted qué apelaaaaaaaa? ¡¡¡¡Déjese de circunloquios y digaaaaaaa!!!!! – bramaba el Magistrado Ponente de la Sección 4ª con gran estupor por mi parte que, por suerte, era la parte apelada. Había oído hablar de él, de su época de juez instructor y de aquella coletilla que soltaba en las guardias y por la que [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">&#8211;<strong>Perooooo, ¿usted qué apelaaaaaaaa? ¡¡¡¡Déjese de circunloquios y digaaaaaaa!!!!! – bramaba el Magistrado Ponente</strong> de la Sección 4ª con gran estupor por mi parte que, por suerte, era la parte apelada.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Había oído hablar de él, de su época de juez instructor</strong> y de aquella coletilla que soltaba en las guardias y por la que vulgarmente se le conocía (y de la que los más expertos solían jactarse): “Letrado, no me alegue usted el artículo 24 de ese <strong>panfleto revolucionario</strong>, ni presunción ni gaitas…”.</p>
<p style="text-align: justify;">Sí, <strong>era bastante rancio y ultraconservador</strong>. Y por lo que pude comprobar, con un carácter iracundo y colérico, tanto o más que un diabético en estado hipoglucémico.</p>
<p style="text-align: justify;">No, no era una suerte si lo pensaba bien, porque la fortuna y la dicha hubiese sido que lo hubiesen destinado a una sección penal, pero no, <strong>allí estaba aquel hombre</strong> que, pese a su aspecto<strong> enjuto</strong> y a su avanzada edad, desplegaba con viveza un<strong> timbre de voz fuera de lo común</strong>. <strong>La capacidad acústica de la sala y los decibelios que emitía en forma de ráfaga hacían innecesario cualquier <span style="text-decoration: underline;">altavoz que, por otra parte, no estaba operativo</span>…</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En aquellas <strong>circunstancias</strong>, tan <strong>poco favorables</strong> para la parte adversa, <strong>a punto estuve, por solidaridad, de levantarme y acudir presta a consolar a mi compañero</strong>, si no hubiese sido por dos variables:</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La primera, la interminable distancia entre mi posición y la suya que harían flaquear mis piernas</strong> – la sala donde se estaba desarrollando aquella vista esperpéntica era la que estaba destinada, en el antiguo Palacio de Justicia Miramar, obra del arquitecto Guerrero Strachan, a las Juras de nuevos Letrados, por su majestuosidad y nobleza;<strong> la segunda, la postura del Magistrado Ponente que no paraba de vociferar, lanzar vituperios y gesticular todo ello con gran precisión psicomotora</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Así que, <strong>en esa tesitura, opté por</strong> lo único que podía hacer en esos momentos:<strong> rezar</strong>, rezar para que aquello terminara y para que Dios, en su infinita misericordia, se apiadara de nosotros, seres simples.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Yo me tenía aprendida la lección</strong>: “<strong>que se confirme la resolución recurrida por sus propios fundamentos</strong>”, pero temía que, llegado el momento de mi intervención, me fallara el valor, las fuerzas y la lucidez.</p>
<p style="text-align: justify;">No recuerdo en absoluto si mi compañero llegó a determinar entonces el objeto de su reprobación a la resolución de instancia pues, al igual que él, me quedé paralizada por el estupor y el pánico.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Padecí ese síntoma extraño o peculiar de la ansiedad</strong>, una desconexión de mi misma, de la realidad y sobre todo de aquella sala de vistas que hoy conocemos como “<strong>despersonalización”</strong> y que mi padre, con ese sentido práctico de la vida explica de la siguiente manera: <strong>“mariahezú, una perszona nervioza pierde el cecenta porciento de zu capacidá, no lo orvideh”.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La sentencia de instancia había determinado la separación de los cónyuges</strong> (ella muy joven, por cierto, con una diferencia considerable respecto a él, con una vida matrimonial más breve que esta legislatura, y con una hija en común como fruto de aquella) y como medidas complementarias, atribuir la guardia y custodia de la hija menor a mi clienta, una pensión de alimentos en cuantía de 25.000 pesetas mensuales pagaderas por anticipado entre los días 1 a 5 de cada mes a favor de la menor y con cargo al padre, el uso y disfrute de la vivienda conyugal a la madre y a la hija, idéntico régimen de visitas que el establecido en sede de medidas provisionales y una pensión compensatoria en cuantía de 20.000 pesetas a favor de aquélla. Ese era, en realidad, el nudo gordiano, la madre de todas las disputas, el quid de la cuestión …</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El matrimonio de ambos se había desenvuelto con normalidad</strong> (cláusula de estilo que verán en muchísimas demandas de separación y divorcio de la época) <strong>hasta el nacimiento de la menor</strong>. Fue a raíz de la llegada de ésta cuando el padre, según me comentó mi clienta, Lorena, comenzó a tener una actitud de <strong>desafecto y desapego</strong> hacia ambas que se hizo muy patente a menudo que pasaban los días y que, finalmente, desembocó en su marcha del hogar familiar desentendiéndose por completo de ambas, lo que, lógicamente, originó la interposición de la correspondiente demanda, entonces de separación, pues <span style="text-decoration: underline;"><strong>corría el año 92 y a la sazón era preciso el doble trámite, primero declarar la cesación de la convivencia y más tarde instar la disolución del vínculo.</strong></span></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El Tribunal de instancia estimó otorgar una pensión compensatoria a favor de mi clienta al considerar probado el desequilibrio</strong> que la separación le produciría respecto a su estatus anterior en el matrimonio. Y ello pese a que la duración de este había sido breve, pues era obvio que había tenido que abandonar sus estudios de peluquería y aquel trabajo como reponedora en un supermercado con ocasión del embarazo y, más tarde, dedicarse al cuidado de la hija.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pese a que la Audiencia vino a confirmar todos y cada uno de los pronunciamientos de instancia y, en lo que afectaba a la disputa, mantenía la pensión compensatoria, Lorena no estaba feliz</strong>. Seguía sin encontrar <strong>la causa, la razón o el motivo por el que aquél hombre, (que lejos de ser un Adonis era lo más parecido al eslabón perdido de Darwin y un tanto amanerado), había decidido poner fin a aquella convivencia</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Tampoco yo</strong> pude advertir las causas, pues salvo en el acto de lo que recordarán era la práctica de la “confesión judicial”, <strong>no intercambié más palabras que las de “confiese ser cierto”…</strong> Y no las pronunciaba yo sino la funcionaria del juzgado, a las que él contestaba con cierta hostilidad y afectación.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No fue sino pasados unos años, y con ocasión de localizar el juzgado al que había sido turnada una denuncia, cuando entendí el desapego, el desafecto de Lucas e incluso también el bramar del Ponente en la Sala</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong><span style="text-decoration: underline;">Lucas Martínez Piñeiro, el eslabón perdido de Darwin, a la sazón ex marido de la peluquera</span> en ciernes, aparecía en aquel pliego del libro de “registro general” como<span style="text-decoration: underline;"> detenido</span> por un atestado instruido por la Policía Nacional de Málaga. El delito: </strong>exhibicionismo<strong>, el juzgado al que se remitió la causa, aquél&nbsp;cuyo <span style="text-decoration: underline;">titular</span> no era sino el Magistrado Ponente colérico, iracundo y retrógrado</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Sí, mi curiosidad fue más allá, hasta el punto de averiguar la verdad escondida…</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero eso, eso es otra historia.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><em>«Consta probado y así se declara que en la madrugada del 30 de agosto de 1983, el acusado en compañía de varios varones, se bajó desde el interior del vehículo que conducía, deteniendo el mismo a la altura del Restaurante la Malagueta en el que se encontraba un nutrido grupo de personas. Y ataviado con ropas y atuendos de mujer, que exhibía de forma exageradamente femeninas, (el testigo Sergio Pérez Bravo manifiesta que “iba trasvestido, con peluca rubia, labios color carmín, pendientes de flamenca y tacones de plataforma; añadiendo que su vestimenta se reducía a un pareo de playa, pues el torso estaba desnudo”), de forma inopinada se despojó del pareo que llevaba anudado a la cintura y como quiera que iba desnudo “desde allí para abajo”, como señala la testigo Pilar de Vicente Queirós, “dejó al descubierto sus órganos genitales en forma que los viera la concurrencia”…</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Los hechos son constitutivos de la falta prevista y penada en el artículo 567.3º del Código penal, dado el indecoroso e indecente espectáculo llevado a cabo por el acusado, atentando el mismo de forma grave el pudor y las buenas costumbres, siendo tal acto antisocial un grave atentado a la normal convivencia comunitaria…»</em></p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4221</post-id>	</item>
		<item>
		<title>La última palabra de Francisco Vargas</title>
		<link>https://mjletrada.es/2016/03/02/la-ultima-palabra-de-francisco-vargas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[María Jesús Montero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Mar 2016 06:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Sin categoría]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://mjletrada.es/?p=4203</guid>

					<description><![CDATA[Podría mentirles, hacer un alegato acerca de la predisposición del individuo hacia el crimen, tipo Andrew Morton (Humphrey Bogart) en “Llamad a cualquier puerta”; relatarles una infancia dura y desgraciada de Francisco Vargas que sólo podía abocar en la degradación y la delincuencia por causas situadas más allá de la voluntad. Pero me alejaría con [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><strong>Podría mentirles, hacer un alegato acerca de la predisposición del individuo hacia el crimen</strong>, tipo Andrew Morton (Humphrey Bogart) en “<strong>Llamad a cualquier puerta</strong>”; relatarles una infancia dura y desgraciada de Francisco Vargas que sólo podía abocar en la degradación y la delincuencia por causas situadas más allá de la voluntad. <strong>Pero me alejaría con mucho de la verdad.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Francisco pertenecía a una de las familias con más solera de Granada</strong>, era natural del Sacromonte. Se había criado frente a la Alhambra a la orilla del río Darro y desde el mismo momento en que fue engendrado, según me contó Lola, su madre, fue querido y deseado. Nunca le faltó un imperdible. Quizá ese ser centro de atenciones y deseos fuera lo que desembocó en un carácter caprichoso, displicente, soberbio e iracundo.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Todos en el Albaicín apostaban que Francisco seguiría los pasos de sus padres</strong> en cuanto al terreno artístico se refería, pues siendo hijo único y con el mapa genético del que gozaba s<strong>ólo podía ser artista</strong>: bien bailaor o guitarrista. <strong>Y lo fue, pero del gusto por lo ajeno</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Desde pequeñito desarrolló la habilidad de birlar carteras con tal disimulo y desparpajo que desde luego no iba a la zaga de Apollo Robbins</strong>, el conocido como The gentleman thief, del que dicen que sustrajo la cartera a los agentes de los servicios secretos que acompañaban al ex presidente Jimmy Carter.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero Paquito se les fue de las manos</strong>. Porque si bien en un principio veían cierta hilaridad en el hecho de que el niño tuviera cierta destreza, la falta de orden y disciplina creó un ser narcisista falto de empatía.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Comenzaron las llamadas de atención de tutores y profesores, amonestaciones varias y, finalmente, la expulsión</strong>. Lola lo achacaba todo a las “junteras”, pues era incapaz de ver cualquier nota de reprochabilidad en la conducta de su hijo. Fue eso, según la buena señora, lo que le llevó a <strong>la droga</strong>… <strong>Aunque a mi parecer</strong>, según podía extraer de su relato, <strong>más bien fue la consecuencia de esa insana curiosidad de Paquito de vivir al límite</strong>, de consumir la vida en una décima de segundo, quizás por el hastío y facilidad con la que se le aparentaba la propia.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No tuve tiempo de averiguar las razones, pues Lola se despidió de forma abrupta y de un brinco se adentró en la pequeña sala anterior a la que conducen los presos</strong> a fin de que puedan entrevistarse reservadamente con su Letrado o incluso puedan ser abrazados por sus familiares, así que<strong> al quedarme sin interlocutora no vi otra opción que introducirme en la sala y esperar mi turno, pero como oyente.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Aconsejo a todos mis compañeros esta práctica, pues es el más efectivo para el aprendizaje como abogados</strong>: la exploración y análisis de los comportamientos que se llevan a cabo en la Sala, del lenguaje verbal y gestual, nos ayudan y mucho a mejorar la oratoria propia y autocontrol de las emociones.</p>
<p style="text-align: justify;">Y así, desde esa perspectiva, siempre les digo que se experimentan diversas situaciones sin riesgo alguno que van a permitirle adquirir habilidades y estrategias. Curiosamente esto se llama <strong>“teoría del aprendizaje social”</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Llevaba ya oídos dos delitos contra la seguridad del tráfico, un quebrantamiento de condena y un robo con fuerza en las cosas cuando e<strong>ntró en la escena un acusado que lo estaba, al parecer, según la cuartilla que se coloca en la entrada a la Sala, por un robo violento</strong>. Tenia una <strong>aspecto destartalado, desaliñado y grotesco</strong>. Podría asegurar que no medía más del metro cincuenta y de pesar algo daría error por lo escuálido de su aspecto. Pero<strong> lo que a todas luces resaltaba de aquél cuadro tremendista y esperpéntico era la enorme melena hirsuta que caía a ambos lados de lo que parecía el hombre de Atapuerca.</strong> Desde donde yo estaba podía percibir el olor, hediondo, mezcla de alcohol y acetona. Sin embargo, los <strong>agentes de policía nacional que lo custodiaban parecían tener adormecida la pituitaria, pues se mantenían a una distancia prudencial pero cercana que hubiese tumbado a una legión espartana. Aquello era indolencia y lo demás tonterías.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Sin embargo, a pesar de la molestia y del olor envolvente que se produjo en la sala, permanecí dentro. <strong>Fuera se podían percibir hipidos y sollozos.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El juicio se desarrolló sin incidentes, salvo por el tic continuo del pie derecho del susodicho que le hacía mover la cadera como un acto reflejo condicionado. Pero lo peor no era ese vaivén, sino el traqueteo del pel</strong>o.</p>
<p style="text-align: justify;">Nadie, salvo yo, parecía darse cuenta de lo que por momentos el acusado estaba experimentando. <strong>Parecía el increíble Hulk a punto de convertirse en el hombre masa.</strong></p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Y aquellos movimientos aun yendo en aumento, de forma incomprensible, a nadie parecían molestar salvo a mi.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El fiscal expuso su informe sin percatarse del baile de san Vito, el Juez sólo tenía ojos para aquellos informes que tenía a la vista… por eso, cuando llegó el turno de mi compañero me sentí aliviada, con la esperanza de que al menos reprobaría con su mirada la actitud bailona del hombre de Atapuerca. Pero tampoco. El acusado quedó fuera del campo visual que parecía ocupar por entero S.Sª.</p>
<p style="text-align: justify;">Y <strong>sólo recobró protagonismo cuando retumbaron en la Sala con solemnidad las palabras que proclamó SSª: “¡tiene usted derecho a la última palabra!</strong>”.</p>
<p style="text-align: justify;">Creo que si hubiera insultado a sus progenitores no habría causado el efecto que aquello produjo en el susodicho individuo, que <strong>imbuido por una fuerza irresistible e inhumana retrocedió dos pasos y asió el banco de madera de una longitud aproximada de dos metros y medio, levantándolo un palmo por encima de su cabeza, mostrando no sólo una fuerza fuera de lo común, sino una resistencia al dolor más allá de lo razonable</strong>, a la par que emitió un sonido estertóreo de algo así que pude traducir como <strong>“soooooinocenttttttttggggfeeee</strong>”. Instante en el que de forma brutal <strong>se hizo patente la ley de Newton y aquel monstruoso banquillo</strong> (por lo voluminoso y pesado) elevado a metro y medio de altura <strong>experimentó una fuerza atractiva hacia el acusado directamente proporcional a su masa y a la distancia que los separaba</strong>. Tras el soooooinocenttttttttggggeeeee, pudimos oír un <strong>gfjfjgjfjgjfmajogo</strong>, impactando directamente el banquillo sobre la caja torácica de aquél individuo que era a todas luces el eslabón perdido de Darwin. <strong>Desencajado y desbaratao perdío experimentaba de nuevo movimientos convulsos. Pero esta vez, en su defensa diré, que sólo con la intención de desasirse de aquella mole.</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Huelga decir que SSª desapareció en el diminuto espacio existente entre su mesa y el ventanal exterior, encargado de dar luminosidad natural a la Sala, pues, al igual que quien les habla, se percató de que todas luces fue Newton y no la voluntad de aquel sujeto quien evitó un desastre mayor; el Ministerio Fiscal demudó el semblante, adquiriendo un tono verdiblanquecino en su rostro; y a mi compañero pareció haberle dado un ictus repentino, quedándose estático con una pose desencajada.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Todos parecimos electrificados por ese instante, todos salvo los abúlicos&nbsp;agentes de la autoridad, que continuaron con idéntica flema y desidia para desasir a aquél desgraciado de las garras del banquillo</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Supe después que aquel esperpento humano, aquel eslabón perdido de la cadena de la evolución no era ni más ni menos que Francisco Vargas Heredia, autor criminalmente responsable de un delito de hurto, que no de robo con violencia</strong>, cuya pena fue suspendida al someterse voluntariamente a un programa de desintoxicación. <strong>Los hipidos y sollozos que recordaba oír del exterior durante la declaración eran los de su madre, y eran esos los que provocaron aquel lamentable estado de agitación en él</strong> que podían haber terminado de una manera muy distinta si la ley de Newton no se hubiese cumplido de forma tan inexorable.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>No, no supe nada de Lola, ni de Francisco… O si?</strong></p>
<p style="text-align: justify;">En el teatro Cervantes en la temporada de danza de 2009 se anunció el <strong>ballet flamenco de Sara Baras</strong>… Entre los palmeros y guitarristas, aquellos haces de luces y sombras…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Pero eso, eso es otra historia</strong>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
		<post-id xmlns="com-wordpress:feed-additions:1">4203</post-id>	</item>
	</channel>
</rss>
