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La última revelación de Charitrini

AvatarPor MJLetrada 2 meses hace

“La muerte golpeará con su miedo a aquél que turbe el reposo del faraón”.

Al igual que Sherlock Holmes, llegué a pensar por aquellos días de octubre que no era buena cosa remover a un muerto de su eterno descanso, y me vino a la cabeza la retorcida idea de que un virus o bacteria tóxica habría sido colocado con bastante mala condición en la tumba del dictador para castigar a quien perturbara su descanso eterno.

Ya, ya sé que voy sobrada de imaginación, como también que hay que tener cuidado con lo que se piensa porque puede hacerse realidad.

La cuestión es que no me pareció buena cosa el traslado, la parafernalia y puesta en escena y el gasto que suponía y, sobre todo, para qué negarlo, porque soy un poquito (lo justo) supersticiosa.

El verano se negaba a abandonarnos y Greta Thunberg con bastante histrionismo se empecinaba en salvar al planeta de la maldición del cambio climático. Como hija y nieta de actores la puesta en escena comenzó con un gesto simbólico de huelga escolar y una postura de oposición desafiante, todo ello con el fin de que se redujeran las emisiones de carbono.

¿Qué pensaría aquella niña sobre los efectos nocivos de exhumar a un finado después de casi cuarenta y pico años en un mismo sitio? Porque, eso de que polvo somos y en polvo nos convertiremos está muy bien, bíblicamente hablando, pero hete aquí que, digo yo, que de química sé lo justo (mezclar aceite y vinagre, no mezclar la levadura con la sal, un gin tónic…), que el cadáver, una vez exhumado, liberaría compuestos a base de carbono, amoniaco, cloruro, sulfato, sodio, potasio, o qué se yo.

Creo que nadie pensó en aquello que se nos avecinaba, ni siquiera Greta.

Al decimotercer día de confinamiento, se me vino a la cabeza que todo eso del covid19 no era más que una maldición del Dictador, hecho que me fue revelado en sueños por Charitrini, esa mujer oronda que siempre está cuando menos se la necesita.

Reconozco que la noche anterior no comí setas, pero sí di con casi todas las existencias que había guardado celosamente de ozelito. Claro, de ozelito y de Pesquera, que el jamón sin vino es como ir pa ná, qué tontería.

Esta vez, Charitrini iba vestida de un negro impoluto de cabeza a pies, con unas gafas de buzo y unos guantes de látex del mismo color que sus ropajes. Lo que no había cambiado era su sempiterna mala leche, pues me despertó como sólo ella sabe hacer, de un guantazo de oreja a oreja.

-Pero, pero… balbuceé.

-¡Ni peros ni manzanas! Declamó a grito pelado. Levántate que he de contarte algo. Pon atención.

Hace aproximadamente cuatro meses, veinte días y dieciséis horas que Franco fue exhumado del Valle. Lo sé porque lo vi en el canal 13TV, fue una operación bien orquestada, pero pocos calibraron los efectos nocivos que todo aquello podría acarrear.

Están intentando vender que es el murciélago el vector del brote del coronavirus y que ha surgido en Wuhan, pero todo eso es falso, más que una moneda de siete pesetas del Rey Migué.  Piénsalo bien, dijo esta vez con voz queda.

Eso es un cuento chino.

Casi suelto una carcajada por lo de “cuento chino”, pero inmediatamente me recompuse al ver la cara de Charitrini y sus reprimidas ganas de soltarme otro sopapo.

-A lo que iba, que eso del murciélago y la mutación es lo que pretenden vender, pero en realidad lo que ocultan es que todo esto es producto de la exhumación. A ver, piensa, ¿recuerdas que Sánchez decía que esto de la exhumación de Franco iba a resultar ser un paso más a la reconciliación?

-A mí lo que me pareció una verdadera putada es que lo enterraran con su mujer -y solté una carcajada que llevaba reprimida desde lo del cuento chino-.

Esta vez Charitrini se cabreó y me soltó ese sopapo que no me llegó a dar.

-Pero que poco sentido del humor tiene usted, coño! -mascullé entre dientes.

-Déjame seguir, porque esto tiene una enjundia entreverá, insolente.

Por aquellos días, la izquierda se vanagloriaba de la gesta, mientras que la derecha más recalcitrante con la familia a la cabeza y Tejero al frente, lo calificaban de grave atropello y de profanación.

-Vamos, como el poema de Machado, españolito que vienes al mundo te guarde Dios… pensé para mis adentros, temerosa de otra bofetada de Charitrini.

Lo que todos han ocultado es que el ataúd presentaba algunos desperfectos y, que para que no se vieran, en lugar de sustituirlo por otro, la caja fue envuelta por una tela.

Te puedes imaginar que esos desperfectos no eran más que minúsculos orificios por los que se fue evaporando la sustancia química y fuertemente patógena que, en contacto con la tela fue diseminada entre los asistentes.

Claro que al principio sólo se representó en pequeñas gripes sin importancia, pero que fue creciendo exponencialmente al producirse un número mayor de copias del virus en circulación.

A mí todo aquello me parecía una idea delirante, esquizoide, fruto de una perversa imaginación y, como soy un libro abierto, Charitrini aventurándose a mis pensamientos me espetó:

-A ver, criatura, por qué crees tú que al coletas lo han querido meter en el CNI!!!? En una disposición final del Boe del pasado 25 de febrero, que no Adicional, (con los peligros que ésta última encierra y que gracias a tu bio en tuiter todo el mundo ya está prevenido), han blindado la presencia de Pablo Iglesias (qué oxímoron, jodío) en la comisión que controla el Centro Nacional de Inteligencia!!!!

Ellos saben la verdad y toda la verdad del nacimiento del virus, pero se enfrentan a una guerra de consecuencias inescrutables.

Charitrini no terminó la frase admonitoria, ni tampoco me dijo qué debía hacer con toda aquella información. Empezó a toser y a experimentar su pecho ciertas sibilancias, parecía el ruido del motor diésel de mi viejo Renault 5. Su rostro demudó y fue convirtiéndose poco a poco en aire, aire comprimido, dada su figura oronda y grotesca, de color verde azulado.

Solo le dio tiempo a realizar una pirueta acrobática mientras se desinflaba, en la que pude leer #quédateencasa y desde entonces estoy aquí, recluida en mi habitación y pensando si acaso todo esto no es más que producto de mi imaginación, como decía Anthony Blake o, si por el contrario,  Charitrini ha querido compartir conmigo una valiosa información, revelada en sueños.

Sea como fuere, aquí seguiré hasta que alguien me diga que todo ha pasado, espero y deseo poder seguir contando cómo termina y qué hay de verdad en todo lo relatado por aquélla, pero eso será otra historia.

Las imágenes que ilustran esta entrada son de @cdc y de @joshhild

Categoría:
  Motivacional
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