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Treinta días…

AvatarPor MJLetrada 4 meses hace

Treinta días han pasado ya desde que estamos confinados.

Se nos ha privado de libertad deambulatoria por una cuestión de seguridad nacional. Con la limitación de movimientos, concentraciones y encuentros se está tratando de contener la propagación del virus a toda la población. Somos vectores de contagio, dicen las autoridades sanitarias. Acabo de descubrir otro matiz de las matemáticas y las estadísticas.

El tiempo lo medimos por inercia con parámetros muy básicos, desayuno, almuerzo, aplausos y sirenas -ahí tomo conciencia de que son las 20 horas- y la cena. El día de la marmota prometía más.

Para pasar el rato, los psicólogos y gurús del pensamiento positivo (lo mágico pendejo) nos aconsejan seguir unas pautas saludables: comida sana, ejercicio físico, lectura…

He engordado dos kilos y medio desde este encierro, el ejercicio físico lo he limitado a tocar las palmas y a hacer largos recorridos desde el sofá al frigorífico y me he empapado de toda la literatura concerniente al pensamiento positivo y a la confianza reforzada. Me siento como Tom Hank en náufrago, pero con vituallas. Lo más emocionante del día y que me hace subir la adrenalina de 0 a 100 es tirar la basura al contenedor con la esperanza de encontrarme a algún ser humano que me salude. Hasta ahora no he coincidido con nadie, ni siquiera con un gato callejero.

Han desaparecido las odiosas palomas de mi balcón y los gorriones han abandonado mi terraza, a pesar de que de vez en cuando, no siempre, tiro migas de pan que se quedan petrificadas en el asfalto.

Los días tampoco acompañan. Siri siempre me indica la temperatura en Benalmádena, “cielos nubosos con tendencia a lluvia. La temperatura máxima esperada 17º y la mínima 14º;  y nunca yerra. Sería más poético si dijera: “MJ, hoy va a ser otro día de mierda, justo como el de ayer y como el de mañana”, pero el que inventó esta suerte de inteligencia artificial la hizo demasiado educada.

Ni siquiera se inmuta cuando le dices, “Oye, Siri, ¿se espera hoy un día de mierrrrrrda?”, porque contesta: “no te entiendo, quieres que te diga qué temperatura va a hacer hoy?”.

Lo que me resulta más hiriente son las notificaciones de eventos. “Tiene un nuevo evento”. Me apresuro a abrirlo  con la esperanza de encontrar un aliciente al día y, voila, es un recordatorio de una vista que ha sido suspendida. Hago otra muesca en el calendario.

Que el tiempo es relativo lo estoy asumiendo a golpe de echarle paciencia.

Claro que luego están los memes de whatsapp y los mensajes de ánimo. El que se lleva la palma hasta ahora y me hizo reír de una manera histriónica fue aquél que rezaba: “yo no salgo a la calle hasta que no vea una tienda de chino abierta, ésta es la señal”. Estuve dos horas en trance.

En segundo lugar el de “me salgo del grupo, me volvéis a meter, es por salir un rato”.

El cambio de hora fue un alivio, ya os lo digo. Pensar en positivo, pen-sar en po-si-ti-vo: ¡¡¡¡una hora menos de encierro!!!! Hasta ahí llegaron mis progresos con tanta lectura de “tú puedes cambiar tu vida”.

Mis amigos cofrades también pusieron su granito de arena en eso de levantar el ánimo con el meme relativo al coletas: “Lo de suprimir la Semana Santa iba en serio, cuánto rencor”. No obstante, y como una suerte de venganza, el lunes Santo un grupo de músicos entonó el gaudeamus ígitur que se oyó por todas las calles de Málaga. Me lo pasaron por whatsapp y al oír “nuestra vida es corta, en breve se acaba” -vita nostr brevis est, breve finietur- decidí que debía volver a la lectura positiva, más que nada porque si la vida iban a ser dos días y éstos iban a seguir siendo así de mierder, mejor que una muerte en diferido era un tiro certero y “hasta luego Lucas”.

Quería desterrar pensamientos negativos, reforzar la confianza y centrarme en objetivos a corto plazo.

Esto me llevó a pensar si no estaría en coma, en una suerte de limbo. Estaba viva, sí, pero era incapaz de moverme y de responder a mi entorno. Desde luego este estado de inconsciencia tan prolongado me estaba limando el buen sentido del humor y la alegría. Ni siquiera entraba ya en tuiter. La chica del espejo y Charitrini habían dejado de interesarme, como también los hilos de bizcochos, comida sana durante el encierro y el peregrinar de estadísticas sobre la evolución mundial del maldito virus.

Vuelta otra vez con mi inconsciente, decidí como Penélope, centrar mi pensamiento en la evolución de mi orquídea. A mí no se me daba bien coser ni tejer, pero sí hacer fotos. Y allí estaba ella cada día, poniendo su granito de arena. Me llamaba cada mañana diciéndome, ¡!!eeeh, mira, una nueva flor!!! ¡ESTABA HABLÁNDOME Y YO LE RESPONDÍA!!!!  Pensé en dos frases de película: “Houston, Houston, tenemos un problema” -ésta la decía yo- y en “la gente rara vez ve lo que tiene delante, no crees?” -ésta la decía la orquídea.

Por Dios, una nunca sabe lo que puede traerte la marea. (Ésta era la tercera. Nunca se me dieron bien las matemáticas. Entonces volví a reírme como una desquiciada).

Como decía al principio, han pasado treinta días, con sus correspondientes noches, desde el encierro. Y tras la lectura de diez libros de autoayuda, de pensamiento positivo y de refuerzo de la confianza he llegado a la conclusión de que el encierro físico no ha de llevar a un encierro mental que, quizá, es el más cruel y doloroso y el que me he fabricado.

Como el personaje de Tom Hank, en el “náufrago”, debo valorar este momento, sobrevivir a él y seguir respirando. Que quizá la lógica y el destino estén equivocados, pero aquí estoy, hablando con mi planta, tengo mi ice tea, mis hielos tintineando en un vaso de Ikea y vale, he vuelto a perder,  estoy triste y echo de menos no tener cerca a personas que quiero, pero sé lo que debo hacer, ¡coño que soy del atleti! y los del atleti sabemos perder, pero también sabemos como nadie remontar, así que de momento he decidido seguir respirando, porque mañana volverá a amanecer y, oye, quién sabe lo que traerá el día…

Claro que eso será otra historia y quién sabe si volveré a odiar los lunes o los miraré con ojos chispeantes como miro y seguiré mirando mi ozelito.

 

La foto de la entrada es de Tai´s vía unplash

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